GEOGRAFIA E HISTORIA DE DONOSTIA-SAN SEBASTIAN

 

Geografía e

Historia de Donostia

S. Sebastián

Edición octubre 2013

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4.6

SAN SEBASTIAN EN LOS SIGLOS  XIX y XX.

© Pedro Barruso Barés

La Historia Contemporánea de San Sebastián puede decirse, sin lugar a dudas, que da comienzo con la destrucción que sufrió a manos de las tropas anglo-portuguesas el 31 de agosto de 1813. El incendio que asoló la ciudad dio pie a que ésta se reedificara casi por completo dando paso al desarrollo de ciudad que conocemos actualmente en sucesivos ensanches a lo largo de toda la centuria. De igual manera se realiza el trazado de la Parte Vieja que se conoce actualmente. A pesar de ello, tendrán que pasar cincuenta años más, hasta 1863, para que la ciudad pierda la condición de plaza fuerte y se apruebe el derribo de las murallas. Este hecho será el verdadero motor del desarrollo urbano, económico y social de San Sebastián.

Pero dejando a un lado este tipo de cuestiones, en este capítulo centraremos nuestra atención en ofrecer un panorama general de la historia, fundamentalmente política, de San Sebastián entre 1813 y 1887, fecha en la que la reina regente María Cristina -viuda de Alfonso XII- retorna a veranear a San Sebastián. Para ello se traza un recorrido que se apoya en un esquema clásico dentro de la historia decimonónica. Se trata de poner de manifiesto cuales son las actitudes de los hombres y de la ciudad de San Sebastián ante los múltiples avatares políticos del convulso siglo XIX. El período que se extiende desde el final de la Guerra de la Independencia, el Trienio Liberal (1820-1823), la denominada Década Ominosa (1823-1833) -último período absolutista del reinado de Fernando VII- la Primera Guerra Carlista, conocida como la Guerra de los Siete Años, la alternancia entre moderados y progresistas del reinado de Isabel II, que se extiende desde 1840 hasta 1868, el Sexenio Revolucionario (1868-1874) y la Restauración de la monarquía son los hitos políticos que jalonan este breve recorrido por la historia donostiarra del siglo XIX.

4.6.1 EL TRIENIO LIBERAL

El 1 de enero de 1820 el comandante Riego se subleva en Cabezas de San Juan proclamando la Constitución de 1812 y comenzó una marcha por Andalucía tratando de extender el régimen constitucional. En marzo, cuando Riego estaba dispuesto a abandonar, el rey jura la Constitución dando paso a una etapa de gobiernos liberales que ha pasado a la Historia con el nombre de Trienio Liberal.

San Sebastián proclama la Constitución inaugurando, de esta manera, una tradición liberal que le enfrentará con el resto de la provincia. La diferencia de las bases económicas de la ciudad y del resto del territorio darán lugar a un largo enfrentamiento que se prolongará durante la mayor parte del siglo XIX. Las razones del enfrentamiento entre las dos concepciones del estado -la liberal y la absolutista- son múltiples. Sin tratar de realizar un estudio detallado de las causas del mismo podemos decir que el liberalismo supuso la puesta en marcha de medidas como la desaparición de los mayorazgos y de los vínculos, la desamortización eclesiástica, la reducción del diezmo y el establecimiento de la contribución directa entre otras. Estas medidas provocaron, por una parte, el rechazo de las clases acomodadas y del clero, y por razones bien diferenciadas del campesinado. El clero veía sensiblemente mermados sus ingresos a la vez que reducido su ascendencia social por lo que pronto empezó una activa campaña antiliberal. Desde los púlpitos guipuzcoanos se lanzan duras diatribas contra la Constitución contraviniendo las normas del Gobierno de explicar la misma a los fieles. La nobleza terrateniente veía amenazados sus privilegios al suprimirse los vínculos y los mayorazgos y temía las repercusiones del traslado de las aduanas del Ebro a la costa. Radicalmente diferentes eran las razones por las que el campesinado reacciona contra el sistema liberal. La principal causa es el empeoramiento de su situación provocada por las nuevas medidas..

La reducción del diezmo -que hubiera aliviado la situación de las clases rurales- se produjo de manera simultánea al aumento de las rentas por parte de los propietarios lo que neutralizó su efecto. Si a lo anterior se une descenso de los precios agrícolas al producirse un aumento de la oferta en el mercado -como consecuencia del descenso del diezmo- nos encontramos que la situación monetaria del campesinado no mejora.

A todo lo anterior se debe unir la reforma del sistema militar. La Constitución establece el servicio militar obligatorio, que en el régimen foral se reducía al servicio dentro del territorio. Pese a que en 1821 el Gobierno autoriza que las provincias vascas recluten solo un cupo, la admisión de la sustitución del recluta por otro hace que el peso del servicio militar recaiga sobre las clases más humildes. Esta situación, unida a la labor de clero, desarrolla en los grupos sociales más desprotegidos un resentimiento hacia el gobierno liberal, a la vez que ven en la foralidad -el único modo de gobierno que conocían- un sistema más protector. Esto se traducirá en un aumento de la animadversión de los medios rurales hacia el liberalismo. En el mundo rural se hace responsable al nuevo gobierno de todos los males lo que provoca que a partir de 1822 comiencen a operar partidas realistas - partidarias del sistema absolutista y dirigidas en ocasiones por clérigos- en el País Vasco.

San Sebastián tampoco queda al margen de las conspiraciones absolutistas. En octubre de 1822 se denuncia la existencia de una conspiración realista, alentada por el clero, que formaba parte de un movimiento más amplio dirigido por el vizcaíno Fernando de Zabala. La situación se irá complicando cada vez más y las potencias europeas deciden tomar cartas en el asunto. De esta forma en el congreso de Verona, reunido por las principales monarquías europeas, éstas autorizan a Francia a intervenir en España para liberar a Fernando VII de la tutela de las Cortes.

Un ejército francés -conocido como los Cien Mil Hijos de San Luis- al mando del Duque de Angulema entran en España. El 3 de abril de 1823 San Sebastián, ciudad que se había sumado a la causa liberal defendiendo la Constitución, es bloqueada por las tropas francesas. El miedo de los ciudadanos donostiarras a que se repitieran los sucesos de 1813 hace que gran parte de la población de la ciudad abandone ésta. Mientras se produce el asedio, en el caserío de Miracruz y auspiciado por las tropas invasoras, se crea un Ayuntamiento absolutista presidido por Francisco Antonio de Echagüe y José María de Soroa. Finalmente San Sebastián capituló el 27 de septiembre, lo que dio paso a un periodo de ocupación francesa que se extendería hasta finales del mes de mayo de 1828. El retorno al sistema absolutista fue inmediato. Una de las primeras medidas adoptadas por el nuevo gobierno municipal fue la retirada de la piedra del escándalo -la lápida que conmemoraba la aprobación de la Constitución- y a la vez que era depuesto el ayuntamiento liberal.

4.6.2 LA MILICIA NACIONAL

Al hacer referencia al Trienio Liberal debemos detenernos en una de las instituciones más representativas del diecinueve donostiarra, que la vez que sirve de exponente de las ideas políticas de los donostiarras es en gran parte desconocida, se trata de la Milicia Nacional. Vinculada a las ideas liberares la Milicia Nacional Voluntaria, que tal era su denominación exacta, no era un cuerpo militar profesional sino que estaba integrada por ciudadanos voluntarios que tomaban las armas en momentos especialmente conflictivos teniendo como principal objetivo la defensa de la Constitución, estando su creación está expresamente recogida en la Carta Magna aprobada en Cádiz el 19 de marzo de 1812.

La Milicia Nacional nace a semejanza de la que se creó en Francia durante la Revolución Francesa. Durante la misma la Guardia Nacional supuso el primer intento contemporáneo de involucrar a los ciudadanos en la defensa del estado a diferencia de los ejércitos mercenarios o de recluta forzosa característicos del Antiguo Régimen. La Milicia Nacional donostiarra fue el principal elemento armado en el que se apoyó tanto el régimen liberal de 1820-23, y, de la misma manera durante la Primera Guerra Carlista será la principal fuerza que se oponga al ejército carlista que sitiará San Sebastián.

Todas las ordenanzas que regulan este cuerpo armado dejan patente que se trata de un cuerpo ciudadano y mandado por ciudadanos cuya principal función era mantener la seguridad del vecindario pero a su vez, al tratarse de un cuerpo militar, el Ejército podía recurrir a su concurso en las circunstancias en las que éste lo requiriera, fundamentalmente en momentos de guerra. A pesar de todo la Milicia, tal como expone Celia Aparicio, aparece íntimamente ligada al Ayuntamiento a quien correspondía la admisión de individuos para formar parte de ella1 siendo la institución facultada para licenciar a los milicianos y determinar los puntos de servicio de los mismos.

En el primer tercio del siglo XIX la principal función de la Milicia Nacional donostiarra fue la de sostén de la monarquía de Isabel II frente al ataque carlista a partir de 1833. Trescientos hombres, al mando de Joaquín Sagasti, se encargaron de la defensa de San Sebastián cuando las tropas militares estacionadas en ella partieron de la misma para sofocar la revuelta carlista de Bilbao y del resto de Gipuzkoa. La Milicia, como veremos en el apartado dedicado a la Primera Guerra Carlista tuvo un papel destacado en ella.

Tras el conflicto la Guardia Nacional, denominación que adoptó en 1835, se convirtió en un elemento al servicio de los progresistas para mantenerse en el poder lo que dio paso a una etapa de desarrollo e involución de la misma. En 1843, tras la caída de Espartero, la Milicia fue desarmada dando comienzo a un período de declive de la misma. De todos modos su desarme no será definitivo y -con motivo de la Revolución de 1868- renace con el nombre de Voluntarios de la Libertad pasando a denominarse en 1873 Voluntarios de la República. La restauración de la monarquía el año 1875 les hizo recuperar su antiguo nombre -Voluntarios de la Monarquía Constitucional- pese a que para esta fecha quedó prácticamente disuelta.

Pero no era solo la Milicia Nacional la única fuerza ciudadana existente. Junto a la anterior, aunque en la mayoría de los casos con una orientación diferente, se encontraban los llamados Tercios Realistas, milicia de la Diputación que contaba con efectivos en todos los pueblos y que en numerosos casos se pusieron del lado de los carlistas al comenzar la sublevación de 1833. En San Sebastián, dado el carácter abiertamente liberal de la ciudad, sus efectivos eran menores que los de la Milicia Nacional.

4.6.3 EL GOBIERNO MUNICIPAL ENTRE 1813 Y 1855

Los avatares políticos del siglo XIX tienen, necesariamente, su influencia en el gobierno municipal. Tratando de exponer brevemente éstos, la reforma más importante viene de la mano del giro absolutista de Fernando VII en 1823, que modificó sustancialmente el régimen concejil tradicional. El cambio se materializa principalmente en la Real Cédula del 17 de Octubre de 1824, que decretaba la uniformidad en todo el Reino a la hora de elegir a los cargos municipales. De esta forma los propios concejos proponían el nombre de tres personas para ocupar los cargos a cubrir. Esta propuesta era examinada por la Chancillería de Valladolid quien emitía su dictamen sobre los candidatos.

Simultáneamente, y como consecuencia de los acontecimientos políticos del Trienio Liberal, las condiciones para ser vecino concejante -que podía ser elector y elegible- se endurecen. Según el acuerdo adoptado en la Junta Particular celebrada el año 1823 en Azkoitia, esta cualificación sería otorgada por el Regimiento en unión de los nobles absolutistas, quedando expresamente excluidos quienes hubieran expresado su adhesión al régimen liberal y su repulsa del absolutismo, lo que garantizaba unos consistorios con una fidelidad absoluta el monarca absoluto.

Pese a que la muerte de Fernando VII supuso el triunfo del sistema liberal y que, desde 1833 hasta la Revolución de 1868, el moderantismo fue la tónica general de los sucesivos gobiernos una serie de disposiciones modificarán sustancialmente la composición, sistema de elección y personas con capacidad para ser elegidos miembros del gobierno de San Sebastián. Dos son las leyes fundamentales que regirán los procesos municipales, la de 1840 y la de 1845.

La principal modificación de la composición municipal se produce debido a la ley de 1840, que reduce a uno el número de alcaldes y crea la figura del teniente de alcalde. A partir de este momento el Ayuntamiento celebra dos sesiones semanales en las que la presencia del público va a ir variando con el paso del tiempo. La Ley de 1840 restringe la presencia de público en las sesiones excepto cuando se debatiera sobre alistamientos, sorteos militares y exámenes de presupuestos y cuentas. Por el contrario en 1823 se autorizaba la presencia del público excepto cuando se tratasen asuntos reservados. Finalmente, en 1865, se prohibía la presencia del público en el último de los casos citados.

FECHA

 Alcalde

 Tnt. Alcalde

 Regidor

 Síndico

 Total

1813-14

 2

 

 8

 2

 12

1820-23

 2

 

 12

 2

 16

1838-43

 2

 

 8

 2

 12

1844-45

 1

 2

 11

 1

 15

1846-53

 1

 2

 12

 1

 16

1854-55

 1

 2

 17

 1

 21

Composición del consistorio donostiarra (1813-1855)Fuente: Celia Aparicio

Del mismo modo que se modifica la composición de los ayuntamientos van evolucionando las funciones de los alcaldes. Estos irán perdiendo gran parte de sus atribuciones judiciales, aunque continuarán ejerciendo ciertas prerrogativas en causas civiles, que en caso de necesidad serían apeladas ante el juzgado de primera instancia, manteniendo éstos la facultad de imponer sanciones de tipo económico. El control del Estado sobre los alcaldes se incrementa a partir de 1845. La Ley Municipal de 1845 facultaba a la reina para nombrar los alcaldes de las capitales de provincia, cabezas de partido judicial y poblaciones de más de 2.000 habitantes, quedando reservado el nombramiento de la máxima autoridad municipal en el resto de localidades al Jefe Político lo que supone el aumento del control del Gobierno sobre los municipios. De igual manera los regidores van variando el tiempo de su permanencia en el cargo.

ALCALDES DE SAN SEBASTIAN (1804-1855)

ALCALDE

 AÑOS DE MANDATO

Yunybarbia, Joaquín María

 1804, 11, 14, 19

Echagüe, Evaristo

 1804, 15, 18, 30

Ansorena, Fernando

 1805

Alday, Francisco

 1806

Izquierdo, Fernando María

 1806

Goicoa, Joaquín Gregorio de

 1807

Soroa, José María

 1808, 17, 27, 30

Alzate, Sebastián Ignacio 

 1809

Aramburu, Juan José 

 1809, 16, 1824-26

Barcaíztegui, Miguel Juan de

 1810

Aranalde, Alberto María 

 1811

Alzaga, Juan Bautista

 1812

Echagüe, Joaquín Vicente

 1812, 27, 32, 1835-1836

Bengoechea, Miguel Antonio

 1813

Iturbe, Pedro Gregorio

 1813

Michelena, Juan José Vicente

 1813

Gogorza, Manuel de

 1813, 15

Claessens, José Santiago

 1814

Olozaga, Bartolomé de

 1816

Izquierdo, José María

 1817, 40, 43

Eceiza, José María

 1818, 1833-35

Aranalde, Miguel María

 1820

Alcain, Manuel Joaquín

 1820

Vilaalcazar, Conde de

 1820

Gascue, Miguel de

 1820, 1832

Echagüe, Francisco Antonio de

 1820-21, 1823-26

Bermingham, Joaquín Luis de

 1821, 1828

Añorga, Tomás Joaquín de

 1822

Vidaurre, José Ignacio de

 1822

Alberdi, Antonio de

 1823

Aspiazu, José Antonio

 1823-24

Burgué, Alejandro

 1826, 29, 1835-36, 1839

Adarraga, Juan Miguel de

 1826-1831

Arambarri, Juan Ramón 

 1828

Apalategui, Pedro Ignacio 

 1829

Arzac, José Francisco de

 1833

Mendizabal, Joaquín de

 1833, 1846-47

Fernández, José Antonio 

 1834-35

Brunet, José Manuel 

 1834-35, 1838, 1841

Collado, Pablo de

 1837

Amilibia, Eustasio de

 1837, 1841, 1848-50, 1861-64

Vidaurre, Martín

 1838

Arambarri, José de

 1839

Alcain, Andrés Gil de

 1839, 1844-45, 1850-51, 1857-58

Zumalacárregui, Miguel 

 1840

Lopetedi, Bartolomé

 1841

Calbetón, Joaquin

 1842

Lasala, Fermín

 1842

Queheille, Pedro María 

 1843

Serres, Ramón

 1852-53, 1859-1860

Errazu, Juan María de

 1854, 1868, 1874, 1879-80

Collado, José Manuel 

 1854-57

Ruíz de Ogarrio, Tadeo

 1854-57

Fuente: Baldomero Anabitare

Del relevo anual se pasa a la remoción únicamente de la mitad de los cargos en función de los decretos de 1823 y la Ley de 1840 hasta la duración bianual siendo sustituidos, al término de la misma, solo la mitad de los concejales en función de la Ley de 1845.

Pero las principales variaciones se produjeron en el sistema de acceso a los oficios públicos. La introducción del sistema liberal en el ayuntamiento supuso un cambio radical en el mismo. La eliminación de la exigencia de la hidalguía para acceder a los cargos del municipio permitió la llegada al consistorio de la burguesía comercial que por su procedencia extranjera, o de otras provincias, no tenía probada su hidalguía. De esta manera el sector comercial se abría paso hacia el control de todos los resortes de la ciudad. Del mismo modo desapareció el sistema de los millares -disponer de unos determinados bienes raices para acceder a cargos- pero que es sustituido por un sistema censitario de forma que solo una parte de los mayores contribuyentes tenían cabida en el proceso electoral.

El proceso de las elecciones se basaba -en función de los decretos de 1812 y 1823- en la participación de los vecinos capacitados en sus diferentes juntas parroquiales. Estas, celebradas bajo la presidencia de una autoridad, servían para el nombramiento de los ciudadanos que participarían en la elección del nuevo Ayuntamiento. Con las leyes de 1840 y 1845 sólo los máximos contribuyentes, y de más de veinticinco años, tenían cabida en las elecciones. Este restrictivo sistema reducía a 413 los electores en San Sebastián en 1844 y a 239 en 1847 pese al aumento del número de vecinos en función de la aplicación de las distintas legislaciones electorales.

4.6.4 SAN SEBASTIÁN HASTA LA PRIMERA GUERRA CARLISTA (1823-1833)

Como ya hemos señalado la irrupción de los Cien Mil Hijos de San Luis supone el fin del Trienio Liberal y la vuelta al absolutismo. De esta manera da comienzo un período de gobierno absolutista conocido como la Década Ominosa que se prolongaría hasta la muerte de Fernando VII en 1833.

San Sebastián recibió la visita del monarca en junio de 1827. El día 4 de junio Fernando VII es recibido en una ciudad que, pese a que todavía no se había repuesto de la destrucción de 1813, celebra toda una serie de festejos, incluídas tres corridas de toros en la llamada Plaza Nueva (hoy de la Constitución) en las que intervino el famoso torero Carreto. El 10 de junio de 1827 el rey colocaba la primera piedra de la nueva casa consistorial, en lugar que ocupaba el anterior, tras haber derribado -en 1819- los escasos restos que sobrevivieron al incendio de 1813. Pese a que la visita real costó a la ciudad 356.000 reales ésta debió causar buena impresión, de manera que al poco tiempo se celebró una sesión teatral para festejar el cumpleaños del rey. El teatro, inaugurado en abril de 1828, se encontraba situado junto a la muralla del cubo imperial.

Al realizar el repaso por la historia donostiarra del siglo XIX no se puede pasar por alto la cuestión económica. Sin tratar de realizar un estudio detallado de la economía donostiarra de la época si debemos decir que el enfrentamiento entre las distintas concepciones políticas que se dan cita en Guipúzcoa a lo largo del siglo pasado tiene, necesariamente, su reflejo en el campo de la economía siendo la cuestión aduanera una de las más representativas del conflicto. de un largo enfrentamiento entre la provincia y la ciudad.

Las aduanas, en virtud del régimen foral, se encontraban situadas en el Ebro, lo que gravaba los productos que desde el País Vasco se dirigían hacia el mercado español. La mala situación de la hacienda real obligaba a que esta aprovechara al máximo todos los recursos posibles y tratara de acabar con el contrabando que se llevaba a cabo desde el País Vasco por lo que se plantea el traslado de las aduanas. Pese a que ya en 1815 un dictamen aconseja el traslado de las aduanas a la costa, el afán de Fernando VII por mantener el régimen absolutista, impidió aplicar esta medida. Habría que esperar hasta el Trienio Liberal para que esta medida entrara en vigor, pero la brevedad de la etapa liberal impidió que esta medida sugiera efecto. De esta forma los mismos comerciantes -el grupo social más beneficiado por el traslado- solicitan, en 1823, el regreso de las aduanas a sus puntos tradicionales.

A pesar de ello la cuestión de la situación de las aduanas generará un largo pleito entre San Sebastián y la Diputación. Este da comienzo debido a la abolición de la hidalguía por el régimen liberal. Esto se valora en San Sebastián como el fin de la omnipresencia administrativa de la Diputación, con lo que el consistorio -dado que los donostiarras consideraban que la Diputación no defendía adecuadamente sus intereses- se convierte en el representante de la burguesía comercial donostiarra frente a la Provincia. A pesar de la vuelta al sistema absolutista no se produjeron grandes alteraciones en las condiciones económicas de la ciudad, e incluso en 1828 se habilitó al puerto donostiarra -junto con el de Bilbao- para el comercio con América. A pesar de ello la desconfianza de la Diputación fue en aumento. Esta suponía que todas las medidas económicas iban encaminadas a un nuevo traslado de las aduanas, extremo que quedó finalmente descartado en 1829 cuando Fernando VII hacía patente su voluntad de mantener las aduanas en su emplazamiento.

San Sebastián, sin embargo, seguía adelante con sus intentos de lograr el traslado con la consiguiente apertura a su comercio de todo el mercado español sin las cargas aduaneras interiores. Para ello, en 1831 con motivo de la celebración de las Juntas Generales la ciudad presenta una memoria en la que pone de manifiesto la delicada situación económica por la que atraviesa y que la solución pasa por el libre comercio con América y la apertura del mercado castellano -mediante el traslado de las aduanas- a los productos vascos. La burguesía donostiarra mostraba su voluntad de entrar en la gran familia española sin dejar de ser guipuzcoanos pero sin que se demandara abiertamente el traslado de las aduanas.

La Junta General reconoce las demandas de San Sebastián pero no ofrece ninguna solución. Por el contrario se remite a la discusión del tema que se lleve a cabo en la junta particular que tendría lugar en Azpeitia en el mes de agosto de 1831. Mientras tanto San Sebastián publica un folleto -titulado Reflexiones sobre la exposición presentada el 2 de julio- en el que se hacía una expresa referencia a la necesidad del traslado de las adunas. En agosto se reunieron en la villa del Urola destacados representantes de la nobleza terrateniente guipuzcoana, acusando a la ciudad de olvidar los intereses generales en función de los suyos propios. Esto supuso la ruptura definitiva entre San Sebastián y la Diputación.

San Sebastián respondió presentando la Memoria Justificativa de los que tiene expuesto y pedido la ciudad de San Sebastián para el fomento de la industria y comercio de San Sebastián2 redactada por el abogado liberal Claudio Antonio de Luzuriaga, y que se publica en 1832. La Memoria supone que se abra cada vez más la brecha entre las dos concepciones tanto políticas como económicas que se enfrentarán en la inminente guerra carlista que ya se anunciaba en el horizonte político español.

4.6.5 LA PRIMERA GUERRA CARLISTA

Al morir Fernando VII en 1833 sin descendencia masculina se planteó ya abiertamente la cuestión de la sucesión que se venía arrastrando tiempo atrás. Según los designios del monarca fallecido debía ser su hija Isabel II la que accediera al trono, pretensión que chocó con la oposición de Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII que se apoyaba en los sectores más absolutistas y conservadores de la sociedad española, teniendo como base de maniobra a una parte del mundo rural que había visto en liberalismo la causa de todos sus males. La larga guerra que se produjo a la muerte del rey no era una mera cuestión sucesoria. Junto a quien sería la persona que ocuparía la corona de España se trataba de dilucidar el sistema político del Estado. Pese a que el Estado liberal había sido destruido en 1823 -como ya hemos visto- por la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis el temor a una sublevación liberal latía en las mentes de los sectores sociales más conservadores, que veían en el pretendiente una garantía de su posición social.

Con estos puntos de partida la sublevación carlista dió comienzo en el País Vasco el 2 de octubre de 1833. Ese día, el mismo en que se recibió la noticia de la muerte del rey, el Marqués de Valdespina se levantó en armas en Bilbao y proclamó -tres días más tarde- rey al pretendiente con el nombre de Carlos V. San Sebastián, por contra, se manifiesta en favor de Isabel II, a la que la ciudad proclama soberana en una acto celebrado el 27 de octubre de 1833 mientras que la Diputación permanecía indecisa y desoía los llamamientos de la ciudad para que armara a los Tercios guipuzcoanos para hacer frente a la sublevación carlista que se extendía por toda la provincia.

Ante la indecisión de la Diputación, San Sebastián organiza a los pocos días de dar comienzo la sublevación -en concreto el día 10 de octubre- a un batallón de trescientos hombres al mando del teniente de fragata, y vecino de San Sebastián, Joaquín de Sagasti. Parte de esta compañía recibiría su bautismo de fuego en el mes de noviembre en Hernani y participaría en los combates de Ataun, Amézqueta y Andoain. Igualmente se arman dos "trincaduras"3 tripuladas por ciudadanos donostiarras con el objeto de interceptar las comunicaciones de los carlistas con Francia.

Pero la guerra no se hará sentir de manera directa en la ciudad hasta 1835. A raíz del fracaso de las expedición de las tropas de Isabel II al Valle de las Amézcoas, dirigida por el general Valdés con la intención de acabar con Zumalacárregui casi toda Guipúzcoa -a excepción de San Sebastián- queda en manos de los carlistas. San Sebastián es asediada a los pocos días. El 6 de diciembre de 1835 los carlistas toman posiciones en el cerro de San Bartolomé y el general carlista Montenegro amenaza con bombardear la villa si ésta no se rendía en un plazo de dos horas. Mientras tanto los carlistas seguían reforzando sus posiciones apoderándose del fuerte de Arambarri cuya guarnición según narra Baldomero Anabitarte "fue pasada a degüello a vista de la plaza"4.

San Sebastián permaneció bloqueada por los carlistas hasta principios de mayo de 1836. El día 5 de mayo los sitiados deciden pasar a la ofensiva. Para ello contaban con el apoyo de la Legión Inglesa del General Lacy Evans que se encontraba en la ciudad desde julio de 1835 y estaba formada por unos mil hombres. Según Pirala5 el cambio de actitud de los asediados se debió al rumor de que los carlistas pensaban destruir la ciudad con unos nuevos proyectiles explosivos denominados tutorras, que posteriormente -en el asedio de Bilbao- demostraron su ineficacia. La destrucción, por parte de los carlistas, de la iglesia de El Antiguo fue entendida por los sitiados como un preludio de lo que podía ocurrir con la ciudad. Esto hizo reaccionar a los cercados que se lanzan al ataque haciendo retroceder a los carlistas hasta sus posiciones de Lugaritz y Puio. La Milicia Nacional, formada por los ciudadanos de San Sebastián, y los británicos consiguen romper el cerco de la capital en un sangriento combate durante el cual contaron con el apoyo del buque inglés "Fénix" -anclado en la bahía- cuyas baterías atacaron las posiciones carlistas. El combate causó un elevado número de víctimas por ambas partes, entre las que se encontraba el jefe de las fuerzas sitiadoras Sagastibelza. Oficiales de las tropas de Evans, caídos en la defensa de San Sebastián, fueron enterradas en el castillo de ciudad en el lugar que actualmente se conoce como el Cementerio de los Ingleses al igual que el general Gurrea muerto en los combates de Andoain en 18376.

A finales del mes de mayo los carlistas pasan de nuevo a la ofensiva y tratan de recuperar sus posiciones. Tras varios combates en Ayete, Alza y la Concha la situación no se altera hasta septiembre, fecha en la que se produce un nuevo intento que igualmente fracasa. A partir de este momento el sitio de Bilbao absorberá todos los esfuerzos de los carlistas permaneciendo estable la situación en torno a la capital guipuzcoana. Esta recibió del Gobierno, en agradecimiento por el apoyo prestado a la causa de Isabel II, la posibilidad de comerciar con los puertos de ultramar lo que reforzó aun más los lazos de la ciudad con la causa liberal.

Sin embargo la guerra todavía sería larga y dura. En abril de 1837 las tropas carlistas derrotan a la Legión de Evans en el monte Oriamendi. Según la tradición en el cadáver de un oficial británico se encuentra la partitura de la música -que versificada- se convertirá en tradicional himno carlista del Oriamendi. La toma de Oyarzun, Hernani y la matanza de los defensores de Irún, a finales de mayo de 1837, parece resarcir a las tropas de Don Carlos de los reveses sufridos en el pasado. A pesar de que el conflicto se extendería hasta 1839 el cansancio de ambos bandos era manifiesto y finalmente se llega a un acuerdo de paz, ratificado el 31 de agosto de 1839 en lo que se conocería como el Abrazo de Vergara entre los generales Maroto y Espartero.

4.6.6 LA PRIMERA ETAPA DE DESARROLLO (1840-1872)

El final de la Guerra Carlista marca el comienzo de una época floreciente. Al desarrollo de San Sebastián como ciudad de veraneo contribuye de manera decisiva la llegada, el 1 de agosto de 1845, de la reina Isabel II para tomar baños de mar para aliviar sus dolencias dermatológicas. La presencia de la corte supone un avance de las comunicaciones de las que son un buen ejemplo la inauguración -el 1 de junio de 1847- de la nueva carretera por Andoain-Lasarte-Pasajes-Rentería en dirección a la frontera francesa que sustituía al antiguo camino de Hernani y en 1858 comienza los trabajos del ferrocarril.

Pero el momento crucial en la historia donostiarra del siglo XIX -y que condicionará de manera fundamental el desarrollo urbano y económico de la misma- es el abandono de la ciudad como plaza fuerte.

Los avatares políticos que se suceden en el Estado tienen nuevamente repercusión en San Sebastián. El 17 de septiembre de 1868 la reina -que se encontraba en la ciudad- recibe las noticias de la sublevación de gran parte del ejército. Tras la batalla de Alcolea, que enfrentó a los sublevados y partidarios de Isabel II, la derrota de éstos últimos provoca que el 30 de septiembre la reina abandone España -entre la indiferencia de la población- para dirigirse a Pau. Al día siguiente la ciudad se suma a la causa de los sublevados. El Ayuntamiento dimite y se nombra una Junta Revolucionaria presidida por Ramón Fernández actuando como secretario de la misma Fermín Machimbarrena. Esta hace público un manifiesto en el cual se señala que a la vez que "proclama los principios regeneradores de libertad y orden que todas las provincias han inscrito en su bandera, no olvida que pertenece a un país en que rigen leyes especiales que han hecho la felicidad de sus hijos. La Junta, amante como el que más de esas instituciones forales que tan arraigadas se encuentran en todo pecho guipuzcoano, hará cuanto de sus atribuciones dependa para mantener incólumes nuestras preciadas libertades7

La Junta nacía, por tanto con la intención de conjugar los dos valores fundamentales de los donostiarras; los principios liberales y la defensa del régimen foral. La Junta siguió ejerciendo sus funciones hasta el mes de octubre de 1868 en que quedó disuelta.

El nuevo hombre fuerte, el general Prim visitó San Sebastián en septiembre de 1869 y durante la recepción que le ofreció el Ayuntamiento se reafirmó en la defensa del régimen foral "siempre que las provincias hermanas no se opongan al movimiento organizador de nuestra patria". Pero Prim sería asesinado al poco tiempo, el 27 de diciembre de 1870, el mismo día que llegaba a España el candidato a ocupar el trono, Amadeo de Saboya. Pero la inestabilidad política no había terminado.

Desde 1869 partidas carlistas se alzaban esporádicamente por todo el país. San Sebastián, ante el caríz que pudieran tomar los acontecimientos, decide armar a sus ciudadanos encuadrados en los llamados Voluntarios de la Libertad encargados de la defensa de la ciudad y de la Constitución. San Sebastián, una vez más, reafirmaba su carácter liberal jurando lealtad a Amadeo de Saboya y a la Constitución de 1869 en febrero de 1871. A pesar de ello el carlismo dirigido por el que sería conocido como Carlos VII, nieto del protagonista de la Primera Guerra Carlista, trata de emplear la vía legal para llegar al poder.

4.6.7 LA Iª REPÚBLICA Y LA SEGUNDA GUERRA CARLISTA (1873-1876)

El carlismo seguía teniendo un peso muy destacado en la vida política del país. El nuevo pretendiente carlista -Carlos VII, nieto de Carlos María Isidro - ante el fracaso de las elecciones de 1872 volvía a la vía insurreccional, lo que dio pie al levantamiento de algunas partidas carlistas. El desastre de Oroquieta, en el que el general Moriones destroza a las fuerzas carlistas vascas y Carlos VII escapa a duras penas, les disuadió de emplear el recurso de las armas. Pese al fracaso citado, el 18 de diciembre de 1872, se produce una nueva sublevación que dos meses más tarde, con la abdicación de Amadeo de Saboya y la proclamación de la República -el 11 de febrero de 1873- se generalizaría la insurrección. En Guipúzcoa el general Lizarraga era el encargado de ponerse al frente de la sublevación carlista. El 21 de diciembre de 1872 hacia pública una proclama en la que llamaba a la insurrección de los guipuzcoanos, a la vez que Carlos VII designaba a Lizarraga comandante general de Gipuzkoa.

El cambio de régimen no supuso ningún problema en San Sebastián aunque, dadas las circunstancias por las que atravesaba el país, se decide acelerar la recluta de los ahora denominados Voluntarios de la República. El objetivo de éstos es velar por la paz social en la capital guipuzcoana y evitar que los insurrectos carlistas se apropiaran de armas, municiones y víveres. Pero aunque los batallones de voluntarios nacen con la finalidad de perseguir a las partidas carlistas que ya se empiezan a hacer notar en el territorio, entre ellas la del cura Santa Cruz, también deberán hacer frente a problemas de otra índole. En el seno del nuevo régimen se enfrentaban dos concepciones de la República; la federal y la unitaria. Los primeros, el ala más radical del republicanismo, se apoyaban en unos batallones de voluntarios denominados gorras coloradas que consiguen, en junio de 1873, que se proclame la República Federal, abandonando el presidente Figueras el poder. Esta situación provoca disturbios en toda España, y San Sebastián no queda al margen de los mismos. El 13 de junio de 1873 entran tropas en la ciudad al grito de ¡Viva la República Federal! apoderándose del Ayuntamiento degenerando la situación en un combate callejero con el batallón de voluntarios de la ciudad.

CUADRO 3: ALCALDES DE SAN SEBASTIAN (1868-1875)

Alcalde

 Años de mandato

Amilibia, José Victor

 1868

Mercero, José Luis

 1868

Iribas, Juan Miguel

 1868, 1880-81

Fernández, Ramón

 1869-73

Lascurain, Fermín

 1869-73

Machimbarrena, Fermín

 1869-73

Manterola, Gregorio

 1869-73

Aristizabal, José María

 1873

Díaz, José

 1873

Gurruchaga, Vicente

 1873

Lopetedi, Joaquín

 1873

Mercader, Ignacio

 1873-74

Egaña, Antonio María de

 1875

En el año 1874 el carlismo alcanzó sus mayores logros. Ese mismo año el alcalde liberal de San Sebastián -Juan María Errazu- informaba al Gobernador civil de la presencia de más de 120 vecinos en las filas carlistas entre los que se encontraban doce sacerdotes de los veintisiete que correspondían a la ciudad8. Salvo San Sebastián, Irún, Hernani -que tendrá que soportar un asedio- y algunas plazas más los carlistas controlaban la mayor parte de Gipuzkoa. La derrota del general Concha en la batalla de Abárzuza (junio de 1874) supuso un serio revés para las tropas liberales que, sin embargo no fue excesivamente explotado por los carlistas. Estos, sin embargo, comienzan en noviembre de 1874 un duro asedio de Irún -que es intensamente bombardeado- que fracasa ante la llegada de refuerzos liberales al mando del general La Serna que derrota a los sitiadores que deben retirarse a Vera. Los liberales no persiguen a las tropas en retirada y a finales de año las tropas gubernamentales son obligadas por los carlistas a encerrarse en San Sebastián.

Pero en el bando liberal los problemas se incrementaban. Además del desarrollo de la guerra, que todavía se muestra incierto, avanza con fuerza la conspiración de gran parte de la oficialidad en favor del hijo de Isabel II, Alfonso XII. El 29 de diciembre de 1874 el general Martínez Campos proclamaba en Sagunto rey a Alfonso XII con lo que daba, siguiendo el plan trazado por Cánovas de Castillo, comienzo una nueva etapa. San Sebastián se adhería el 2 de enero de 1875 a la proclamación de Sagunto y al día siguiente el alcalde -Francisco P. Lopetedi- hacía público un bando en el que se hace constar que " ...

Con el objeto de solemnizar el fausto acontecimiento de la proclamación de don Alfonso XII para el trono de España, recibido con gran júbilo por toda la Nación, el ayuntamiento de esta Ciudad, que se adhiere con entusiasmo al Ministerio-Regencia de Madrid, y felicita al Príncipe proclamado, ha acordado invitar al vecindario a que ponga hoy colgaduras e iluminaciones en los balcones9..."

Pero la llegada del nuevo régimen no supone el fin de las hostilidades. Aunque numerosos oficiales carlistas cambian de bando ante las promesas de amnistía y de paz que hace la nueva monarquía los combates se reanudarán en 1875. En lo que a San Sebastián respecta la situación se complica el segundo semestre del año. El 28 de septiembre de 1875 los carlistas, tras retirarse los liberales de Txoritokieta y Mendizorrotz, comienzan a bombardear San Sebastián. Entre las víctimas del bombardeo se encuentra Indalecio Bizcarrondo "Bilintx", que alcanzado por una granada carlista morirá el 21 de julio de 1876, el mismo día que es abolido el régimen foral del País Vasco.

A principios de 1876 los liberales logran organizar un numerosos ejército. El 28 de enero tropas liberales salen de San Sebastián y desembarcan en Getaria, apoderándose del fuerte Gárate que dominaba la carretera de Zarauz a Azpeitia. El día 28 son atacadas las posiciones carlistas que dominan la ciudad. El 18 de febrero los carlistas abandonan Mendizorrotz y Arratzain, ese mismo día habían sido derrotados en la batalla de Montejurra y el 28 de febrero el pretendiente carlista cruza la frontera. A partir de este momento el carlismo deja de ser una amenaza militar pese a que mantendrá una intensa presencia política en Guipúzcoa a lo largo de lo que resta del siglo XIX y las primeras décadas del XX.

 

4.6.8 EVOLUCIÓN POLÍTICA Y SOCIAL HASTA LA GUERRA CIVIL

Otra de las cuestiones de interés, a la hora de realizar un breve repaso por la historia decimonónica de San Sebastián es la cuestión de la capitalidad. El sistema foral no contemplaba la existencia de una localidad en la que residiesen de manera permanente las instituciones provinciales y principales autoridades. Los órganos de gobierno residían -en períodos de tres años- en los llamados Pueblos de Tanda (San Sebastián, Tolosa, Azpeitia y Azkoitia). Será a partir de 1820 cuando comience a plantearse el tema de la designación de una capital estable para el territorio. Tras desecharse la idea de la creación de una gran provincia, que englobase a los tres territorios vascos, la pugna por la capitalidad guipuzcoana se reduce a Tolosa y San Sebastián.

El tema que se dilucida no es tan solo la designación de una villa en perjuicio de la otra. Se trata de dos villas que representan a dos sistemas políticos contrapuestos. Por una parte San Sebastián representaba a un sistema político liberal, basado en una economía comercial y gobernada por una burguesía mercantil. Por otra, Tolosa, representaba una sociedad foralista, representante de la tradición y basada en una economía agraria dominada por la nobleza rural. La designación de la capitalidad supondría el triunfo de la causa de la elegida sobre la contraria lo que podría suponer de una importancia capital dada la inestabilidad política que caracterizó a la primera mitad del siglo XIX.

En la cuestión de la capitalidad San Sebastián apenas tenía apoyos en la provincia, al contrario que Tolosa, cuya causa contaba con el apoyo de gran número de localidades guipuzcoanas. La única esperanza que tenía San Sebastián era el apoyo del Gobierno central. Como resultado de la colaboración entre los liberales donostiarras y españoles, el 27 de enero de 1822, se otorgaba la capitalidad a la ciudad pese a las protestas de Tolosa. De todas maneras la restauración del absolutismo en 1823 supuso el regreso al antiguo sistema de tandas.

El momento decisivo en la cuestión de la capitalidad de producirá en 1833, con la llegada de Isabel II al trono y la confirmación del sistema liberal. De esta manera el 30 de noviembre de 1833 San Sebastián era reconocida nuevamente como capital de Gipuzkoa.

Tolosa elevará sus alegaciones, que se basan de manera principal, en su situación geográfica en el centro de la provincia y sobre las principales vías de comunicación tanto provinciales como hacia el interior peninsular. Por su parte San Sebastián fundamentaba la decisión en su actividad comercial tanto con las villas guipuzcoanas como con las colonias americanas con las que se le concede el privilegio de comerciar. La confirmación de la capitalidad en 1834 provocó la réplica de Tolosa. La villa del Oria logra que la Junta General de ese año -celebrada en la misma- se inclinase por solicitar la premanencia de la Diputación en la villa. Esto suponía un reconocimiento "de facto" de la capitalidad tolosarra por parte de las Juntas Generales en detrimento de San Sebastián, que a pesar de todo siguió siendo la capital.

Los intentos de Tolosa de lograr la capitalidad no cesarían. En 1841 las Juntas Generales, reunidas en Segura, vuelven a abogar por la denominación de Tolosa como capital provincial. La decisión de la Diputación del 22 de julio de 1842 de trasladarse a Tolosa complicó aun más la situación, ya que la capitalidad de San Sebastián obligaba a que la Diputación residiese en esa ciudad. Los vaivenes políticos tienen un reflejo en la cuestión que nos ocupa. Durante la Regencia de Espartero (1841-1843) el Gobierno liberal se erigió en valedor de las reclamaciones de los donostiarras. A la caída del Regente, da comienzo un nuevo período conservador -la Década Moderada (1844-1854)- que supone un cambio de orientación. Desde el gobierno se emprende una política favorable a los fueros que se concreta en el decreto del 19 de enero de 1844 que trasladaba la capital a Tolosa.

El nuevo cambio de orientación política en 1854 supone un nuevo episodio en la lucha por la capitalidad. Para esa fecha la mayor parte de las autoridades ya residen en San Sebastián, por contra, la Diputación se mantiene en Tolosa. Finalmente los progresistas logran que mediante un decreto fechado el 23 de agosto de 1854 se otorge definitivamente la capitalidad a la ciudad.

Alcaldes de San Sebastián 1876-1899

Alcalde

 Mandato

José A. Tutón

 1876-1877

José María Insausti

 1878-1879

Nemesio Aurrecoechea

 1881-1885

José Machimbarrena

 1885-1887

Gil Larrauri

 1887-1889

Victor Samaniego

 1890-1893

Manuel Lizarriturry

 1891-1892

Lorenzo Díaz de Isla

 1893

Joaquín Lizasoain

 1894-1897

Severo Aguirre-Miramón

 1897-1900

Miguel Altube

 1897-1899

José Marqueze

 1899

En la primera década del siglo XX San Sebastián continuará su desarrollo. Fruto del mismo es el ensanche de Gros en 1907 y las obras urbanísticas del Antiguo (1914) y de Loyola (1915). Simultáneamente se mantendrá -e incrementará- la vocación de ciudad cosmopolita que ya apuntaba en las últimas décadas del XIX.

El veraneo real, que traía consigo a gran número de personajes de la corte, y miembros del Gobierno contribuían a reafirmar este carácter. La princesa Ena de Battemberg -más conocida como la reina Victoria Eugenia- se convierte al catolicismo en el Palacio de Miramar para poder casarse con el rey Alfonso XIII en 1906. La presencia de la Corte en la ciudad da origen a numerosos acontecimientos, algunos curiosos, como la visita de los acorazados de la flota japonesa "Tsukuba" y "Chisote" que permanecieron varios días fondeados en la bahía.

La crisis europea de 1914-1918 hará que San Sebastián sea el lugar elegido por gran número de personalidades europeas para alejarse de la guerra. La ciudad será un hervidero de representantes de los imperios centrales y de los aliados. Su presencia en los salones del Gran Casino, en los que actuó una bailarina holandesa conocida como Mata-Hari, da lugar a todo tipo de lecturas e interpretaciones.

Pero por debajo de este San Sebastián mundano y cosmopolita se encontraba otra ciudad en la que los problemas sociales y laborales comenzaban a dejarse sentir. El sistema político de la Restauración ha visto desaparecer a sus dos principales artífices (Cánovas asesinado en Santa Agueda en 1897 y Sagasta fallecido en 1900)y comenzaba su lento declinar. En San Sebastián en las dos primeras décadas del siglo XX comienzan a desarrollarse las diversas fuerzas políticas. A los partidos del "turno" -el conservador y el liberal- se van sumando los republicanos -representados en la capital mayoritariamente por los federalistas- los nacionalistas desde 1904 y los socialistas que crean en 1891 la Agupación Socialista de San Sebastián. Pero aparte de los partidos del régimen la principal fuerza política sigue siendo el carlismo. Pese a sufrir la escisión del integrismo su presencia y organización sigue teniendo un peso sustancial. Entre 1903 y 1913 -ambas líneas del tradicionalismo siguen logrando el mayor número de concejales en Guipúzcoa lo que da una idea de su fuerza.

 CONCEJALES ELECTOS EN SAN SEBASTIAN (1909-1922)

Años

 Socia.

 Repub.

 Liber.

 Conser.

 Nacion.

 Carl.

 Int.

 Otros

1909

 2

 5

 5

 1

 -

 1

 -

 -

1911

 -

 5

 4

 3

 2

 -

 -

 -

1913

 2

 8

 2

 1

 2

 1

 -

 -

1915

 -

 2

 5

 7

 1

 1

 -

 -

1917

 1

 2

 2

 -

 3

 2

 1

 3

1920

 -

 2

 -

 2

 5

 1

 2

 -

1922

 1

 -

 5

 2

 5

 -

 2

 -

TOTAL

 6

 24

 23

 16

 17

 6

 5

 3

Fuente: Real Cuesta

San Sebastián, sin embargo, mantiene un comportamiento político diferente. El Ayuntamiento presenta, entre 1909 y 1923, una fuerte pluralidad en la que opciones como los republicanos tienen una presencia continuada y los socialistas obtienen buenos resultados. A pesar de ello son las opciones moderadas (liberales y conservadores) las que ocuparán el gobierno municipal durante la Restauración.

Sin embargo la preocupación comienza a adueñarse de los sectores más conservadores de la ciudad tras los resultados de las fuerzas opuestas al sistema en las elecciones de 1913, en las que los republicanos logran un amplisimo triunfo con 8 concejales electos. Buena prueba de ello son estas líneas recogidas de la obra de Adrían de Loyarte, quien refiriéndose al mitin celebrado ese mismo año, hace notar que "...la política de las famosas democracias se había inflitrado en la Ciudad. Comenzaba el envenenamiento de su vida. Frente a aquella subversión de las formas tradicionales, se impusieron los principios que se consideraban salvadores, y en la ciudad se celebró un importante mitin de significación profundamente conservadora. Era la adhesión a la política de don Antonio Maura. Fueron los oradores el Alcalde José Elósegui, Don Juan José Prado y Loyarte...".10

4.6.9 LA RECTA FINAL DEL SISTEMA DE LA RESTAURACIÓN (1914-1923)

La Primera Guerra Mundial tiene diferentes lecturas si éstas se hacen desde este lado de los Pirineos. La neutralidad española supuso un sustancial desarrollo de las actividades económicas ya que se comerciaba con ambos bandos. Esta situación posibilitó un sustancial aumento de las reservas de divisas y la realización de grandes negocios por parte de los industriales españoles. Pero la Primera Guerra Mundial, a su vez, produjo un empeoramiento de las condiciones de vida de las clases más desprotegidas de la sociedad -una vez que se extinguió la bonanza económica generada por el conflicto- y consecuentemente un desarrollo de las ideas más avanzadas socialmente.

La guerra se vivió intensamente en la ciudad. Dejando a un lado la presencia de los refugiados -principalmente personas de alto nivel económico11- en mayo de 1917 se vivió el episodio más dramático de la contienda para San Sebastián. Cuatro pesqueros donostiarras son hundidos por submarinos alemanes con el resultado de la pérdida de cuatro vidas. San Sebastián acoge a una "Liga Antigermanófila" promovida por el Círculo Republicano donostiarra en la que participan políticos republicanos, liberales (Machimbarrena, Orueta, el Marqués de Seoane), socialistas como Guillermo Torrijos e incluso conservadores como el alcalde Gabriel María Laffite. Carlistas e integristas -a su vez- crean la "Liga Neutralista" que no oculta sus simpatías por los imperios centrales. Presidida por Juan de Olazábal se integran en ella políticos carlistas como José María Orbe o Cándido Gaitán de Ayala entre otros.

Pero en 1917 se producirá una de las convulsiones políticas más importantes de la Restauración; la huelga revolucionaria de agosto de 1917. En Gipuzkoa, en los años anteriores, se venía registrando ya un incremento de la conflictividad social que tiene su máxima expresión en la huelga de los papeleros de Tolosa, que mantiene cerradas las fábricas de la villa desde noviembre de 1916 hasta enero de 1917.

La huelga general da comienzo el día 13 de agosto, la misma fecha en la que debían dar comienzo las fiestas de la Semana Grande. El Gobernador Militar -Martínez Anido, que luego se hará tristemente célebre en Barcelona- decreta el Estado de Guerra y clausura la Casa del Pueblo. El conflicto, en el que no se producirán excesivos incidentes, terminará el día 16 de agosto. A pesar de ello las organizaciones obreras sufrirán una dura represión. El concejal socialista Cástor Torre es detenido. Torrijos, el principal líder del socialismo donostiarra, se verá obligado a escapar a Francia.

Pero la conflictividad social no descenderá y en 1920 se registrarán los incidentes sociales más importantes que se habían registrado en la capital donostiarra. El 23 de mayo de 1920 da comienzo una huelga en Rentería. El día 25 de mayo las organizaciones obreras decretan la huelga general para protestar por la actitud del Gobernador Civil que había detenido al Comité de Huelga renteriano. El 26 de mayo de 1920 San Sebastián amanece paralizada por los huelguistas produciéndose algunos incidentes. Ante esta situación el Gobernador decide clausurar el Centro Obrero situado en la calle Puerto. Los incidentes se siguen produciendo en las calles y el Ayuntamiento decide intervenir.

El alcalde, Pedro Zaragüeta, recibe a una delegación de los huelguistas a los que promete que realizará gestiones ante el Gobernador Civil para que se retire la Guardia Civil de las calles de la ciudad a cambio del compromiso de una huelga pacífica. El alcalde, acompañado de varios concejales decide dirigirse a pie hasta el Gobierno Civil, situado enfrente del hotel María Cristina. En el camino se les van uniendo transeúntes que van engrosando una numerosa manifestación. Esta es interceptada por las fuerzas del orden en la confluencia del Bulevar con la calle Oquendo. Mientras el alcalde y los concejales son recibidos por el Gobernador Civil en la calle se producen cargas de la Guardia Civil que originan dos muertos y tres heridos de bala. Al día siguiente, tras ser puesto en libertad el comité de huelga, se da por concluido el conflicto y la normalidad se restablece.

Pero lo realmente importante de los sucesos de mayo de 1920 es la repercusión que tienen los mismos en la sociedad donostiarra. A escasas fechas del comienzo de la temporada veraniega los primeros incidentes de tipo social crean una gran intranquilidad en la capital. La prensa de la época se muestra alarmada por la situación y "El Pueblo Vasco" avisa de una posible ruptura de la paz social en San Sebastián a la vez que respalda al Gobernador Civil. Incluso desde la prensa más avanzada, como es el caso el diario republicano "La Voz de Guipúzcoa" se pide una definición clara del movimiento obrero, en un momento en que en el seno de las organizaciones socialistas se debate la posibilidad de adherirse a la III Internacional de orientación comunista. Pero la verdadera razón del conflicto de mayo de 1920 -que se sitúa en la base del mismo- está en el empeoramiento de la situación de los trabajadores. El descenso de su poder adquisitivo les conduce por el camino de la reivindicación por medio de la huelga. De todos modos el desarrollo, todavía escaso de las organizaciones obreras guipuzcoanas no les permite ejercer una acción eficaz. Prueba de ello es el fracaso de la huelga de agosto de 1920. A pesar de ello, y hasta 1923, se producirá un aumento de la conflictividad social en Guipúzcoa pese a que la situación de los trabajadores tiende a equilibrarse. De todos modos el sistema de la Restauración se encuentra y agotado y está incapacitado para dar una respuesta adecuada a los problemas que se le plantean.

Esta situación de descomposición del sistema ideado por Cánovas desemboca en un desesperado intento de salvar la situación, y fundamentalmente a la Monarquía muy cuestionada por los desastres de la guerra de Marruecos12. Ante el caríz que van tomando los acontecimientos -unido al incremento de la agitación social- el general Primo de Rivera opta por la vía del pronunciamiento.

4.6.10 DE LA DICTADURA A LA REPÚBLICA

El 13 de septiembre de 1923 el Capitán General de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, se pronuncia en Barcelona. El rey Alfonso XIII recibe las noticias de la sublevación en el Palacio de Miramar de San Sebastián, de dónde partirá hacia Madrid para encargar al general la formación de un directorio militar que se hará cargo del Gobierno hasta 1930. Este período es de una relativa calma social. San Sebastián recupera parte de la paz social que se había visto seriamente afectada a finales de la década de los años diez y los primeros años 20. Una de las decisiones de la Dictadura que más repercusión tuvo en la ciudad fue la prohibición del juego.

El sistema impuesto por Primo de Rivera se mantendrá hasta comienzos de la década de los 30. El Dictador, al que el rey retira su apoyo, dimite y parte hacia el exilio en París, donde muere en marzo de 1930. Pero la caída de Primo de Rivera -en enero de 1930- abre un período de confusión política en España. Alfonso XIII, y lo que queda de los partidos que han sustentado el régimen de la Restauración, tratan de volver a la situación anterior a 1923 poniendo nuevamente en vigor la Constitución de 1876.

El rechazo de la mayor parte de la clase política fuerza al jefe del Gobierno -el general Dámaso Berenguer- a proponer un calendario electoral que es rechazado por la mayoría de las fuerzas políticas. Esta situación obliga a dimitir a Berenguer, que es sustituido por el Almirante Aznar, quien propone igualmente un proceso electoral cuyo primer paso -a diferencia de la idea de Berenguer- es la celebración de elecciones municipales.

Por su parte la oposición, en la que se integran desde los socialistas hasta ex-monárquicos como Alcalá Zamora pasando por los republicanos como Azaña o Lerroux, acuerdan la elaboración de un plan para provocar el cambio de Régimen en España. Este acuerdo se adoptó en el llamado "Pacto de San Sebastián". A esta reunión, celebrada el 17 de agosto de 1930 en el Casino Republicano de San Sebastián sito en la calle Garibay, acuden los principales líderes de la oposición: Alejandro Lerroux, Manuel Azaña, Marcelino Domingo, Alcalá Zamora, Miguel Maura, Eduardo Ortega y Gasset, Santiago Casares Quiroga, Carrasco Formiguera e Indalecio Prieto entre otros, presididos por el dirigente republicano local Fernando Sasiain. Los nacionalistas vascos estarán ausentes del mismo debido a diversos factores, el principal el proceso interno de reorganización por el que atravesaba esta fuerza política13. Los reunidos acuerdan la preparación de una insurrección -con la colaboración de militares afines- para implantar la República en España.

El movimiento en favor de la República estalla en diciembre de 1930 y el episodio más conocido el la sublevación de los capitanes Galán y García Hernández en Jaca. En San Sebastián los conjurados por la República tratan de apoderarse del Gobierno Civil y se producen diversos tiroteos por las inmediaciones. A resultas del intento pierden la vida dos personas y varias resultan heridas. Si la intentona militar fracasa la huelga si se hace sentir. Las principales localidades guipuzcoanas se paralizan y en San Sebastián solo la amplia presencia de Miqueletes y tropas del Ejército disuaden a los huelguistas. Tras el fracaso del movimiento, que se salda con el encarcelamiento del Comité Revolucionario, la oposición se ve obligada a forzar el cambio de régimen por las urnas. Tras rechazar el proyecto -ya mencionado- propuesto por Berenguer, se acepta la propuesta de su sucesor Aznar que convoca elecciones municipales para el mes de abril de 1931. En San Sebastián concurren tres candidaturas: la republicano-socialista, la Coalición Monárquica y el PNV. Todas las fuerzas políticas son conscientes que en las elecciones se dilucida algo más que la composición de los Ayuntamientos, y conceden a las mismas un carácter de plebiscito sobre la monarquía.

4.6.11 LAS ELECCIONES MUNICIPALES DE 1931

Con la idea de que estaba en juego algo más que unas elecciones, éstas tienen lugar el domingo 12 de abril, con una total ausencia de incidentes. Los comicios, como era previsible, supusieron la victoria de la candidatura republicano-socialista en San Sebastián. La coalición de izquierdas logró un total de 25 concejales (con un 56,87% de los votos emitidos). A considerable distancia se situaban monárquicos y los nacionalistas del PNV logrando ambos 6 concejales. La coalición opositora se impuso en todos los distritos electorales de la ciudad lo que da idea del amplio respaldo de los donostiarras a la idea de regenerar la vida política española pretendida por las fuerzas coaligadas.

CONCEJALES ELEGIDOS POR DISTRITOS 1931

Distrito

 Republicanos

 Socialistas

 Monárquicos

 PNV

C. Consistorial

 1

 0

 0

 1

Muelle

 1

 0

 0

 1

Ensanche Oriental

 1

 0

 0

 1

Pza. de Guipúzcoa

 2

 0

 1

 0

Atocha

 5

 4

 3

 1

Mercado del Ensanche

 2

 1

 0

 0

Concha

 2

 2

 2

 0

Antiguo

 3

 1

 0

 2

TOTAL 17 8 6 6

Fuente: Rodríguez Ranz

La victoria alcanzada por la oposición en las principales ciudades propició que el rey Alfonso XIII- abandonado incluso por las Fuerzas Armadas- saliera de España propiciando la proclamación de la II República. En San Sebastián el cambio de régimen se produjo sin incidentes. La primera población en proclamar la República fue Eibar la mañana del día 14. Esa misma tarde el nuevo régimen se proclamaba en San Sebastián. La alcaldía fue ocupada por el republicano federal Fernando Sasiain, anfitrión del Pacto de San Sebastián.

Durante los primeros tiempos de la II República San Sebastián quedó al margen de los avatares políticos del nuevo régimen. Problemas como la quema de edificios religiosos y el aumento de la conflictividad social no afectaron a la capital guipuzcoana. El único incidente de carácter violento que se registró fue la huelga de los pescadores de Pasajes, en mayo de 1931. Este conflicto, instrumentalizado por el Partido Comunista como una huelga contra el nuevo régimen con un trasfondo laboral, desembocó en una sangriento enfrentamiento con las fuerzas del orden público, el día 28 de mayo de 1931, en el que perdieron la vida ocho huelgistas.

4.6.12 SAN SEBASTIÁN Y LA CUESTIÓN AUTONÓMICA

El principal conflicto político que se registró, a lo largo del Primer Bienio republicano en el País Vasco, fue la cuestión autonómica. El PNV desarrolló desde el primer momento una activa campaña en pro de la autonomía para el País Vasco. Para ello puso en marcha un movimiento municipalista, encabezado por el alcalde de Getxo José Antonio Aguirre, que se extiende por todo el País Vasco. A su vez, las fuerzas de izquierda, también promueven una campaña autonómica pero protagonizada por las Diputaciones. En el consistorio donostiarra la cuestión autonómica está presente desde el primer día. Ya en el discurso de investidura del alcalde Sasiain encontramos referencias a la autonomía. Las réplicas de los representantes del resto de las fuerzas políticas deja entrever la posición de todas ellas con respecto a la cuestión.

En mayo de 1931 un elevado número de municipios vascos se dirige a la Sociedad de Estudios Vascos, a la que solicitan que redacte un proyecto de Estatuto de Autonomía. Mientras tanto, las Diputaciones, acuerdan desarrollar su propio proyecto mediante las Comisiones de Fueros nombradas a tal efecto. A su vez la Comisión Gestora14 guipuzcoana hace un llamamiento al Ayuntamiento de San Sebastián para que sea éste quien lidere el proceso en Gipuzkoa.

 Las Diputaciones están regidas por Comisiones Gestoras nombradas por el Gobierno hasta la celebración de elecciones provinciales. Diversas vicisitudes de tipo político impidieron la celebración de las mismas a lo largo de la II República. Por este motivo la Diputación estuvo compuesta por representantes de la coalición republicano socialista entre 1931 y noviembre de 1933, por miembros del Partido Radical de Lerroux entre esta última fecha y febrero de 1936 por representantes del Frente Popular de febrero a julio de 1936.

La respuesta del consistorio donostiarra es el nombramiento, en junio de 1931, de a un representante de cada opción política (Guillermo Torrijos por el PSOE, el republicano José María Paternina, el nacionalista José Imaz y el monárquico Pedro Zubiri) como sus representantes en la Comisión de Fueros creada por la Diputación.

Las divergencias entre ambos proyectos autonómicos se ponen de manifiesto ese mismo mes. Los ayuntamientos incluidos en el movimiento municipalista acuerdan celebrar una asamblea en Pamplona (que finalmente tendría lugar en Estella) para aprobar el texto entregado por la Sociedad de Estudios Vascos. Mientras las Diputaciones -y el Ayuntamiento de San Sebastián- tratan de llegar a un acuerdo con los representantes del movimiento municipalista para lograr unificar el proyecto autonómico. El acuerdo no será posible y el día 6 de junio la ruptura entre ambas posiciones es definitiva.

En el movimiento de alcaldes se encuadran las opciones derechistas (nacionalistas y tradicionalistas) mientras que con las Comisiones Gestoras se sitúa la coalición Republicano-Socialista. El día 14 de junio es designado como la fecha en la que ambas opciones reunirán a los ayuntamientos que les apoyan para tratar la cuestión autonómica. En el consistorio donostiarra la cuestión se plantea en el pleno del 10 de junio en el que se debe decidir a que asamblea se acudirá. La solución adoptada por el Ayuntamiento es ambigua y se acuerda que representantes del municipio acudan a ambas asambleas. Finalmente, a la convocada por el movimiento de alcaldes únicamente acudirán los concejales nacionalistas -no la representación municipal oficial- mientras que el resto lo hará a la patrocinada por la Comisión Gestora.

De todos modos, la ausencia de San Sebastián en la Asamblea de Azpeitia -celebrada el 11 de junio de 1931- convocada por la Comisión Guipuzcoana del Movimiento de Alcaldes hace difícil que la capital pudiera asumir la propuesta de estatuto del movimiento municipalista. En esta asamblea, menos conocida que las otras que se generaron por el mismo tema, se aprobaron -a instancias del alcalde nacionalista de Tolosa Doroteo Ciáurriz- las enmiendas que a la larga harían anticonstitucional el Estatuto de 1931. Estas son la enmienda religiosa -que se reservaba al futuro Estado Vasco las relaciones con la Santa Sede- y la de residencia -que condicionaba los derechos civiles plenos de los no nacidos en el País Vasco a diez años de residencia en el mismo- entre otras. Esta situación era difícilmente asumible por la izquierda, que se distancia todavía más de las posiciones del movimiento municipalista.

San Sebastián finalmente acudirá a la asamblea que tiene lugar en la capital y a la que acuden 29 municipios guipuzcoanos -entre los que se cuentan las principales localidades guipuzcoanas con ayuntamientos mayoritariamente de izquierdas- y en la que acuerdan formar una comisión para estudiar el texto presentado por la Sociedad de Estudios Vascos. Habrá que esperar hasta septiembre de 1931 para que el Ayuntamiento apruebe el Estatuto de Autonomía promovido por las Gestoras (el de la Sociedad de Estudios Vascos con modificaciones introducidas por las fuerzas de izquierda, en lo que será el final del proceso autonómico más intenso durante la II República a nivel local.

A lo largo de todo el proceso San Sebastián apoyará las iniciativas autonómicas durante la II República. A pesar de ello, bien por las divisiones entre los posicionamientos de los diversos partidos o por el clima político general de la República no se llegará a un acuerdo hasta 1936.

CUADRO 2: 

RESULTADOS DEL PLEBISCITO DE 1933

Distrito

 Participación

 A favor

 En contra

C. Consistorial

 96,42

 94,88

 0,46

Muelle

 91,24

 90,17

 0,08

Ensanche Oriental

 95,83

 94,13

 0,32

Pza. de Guipúzcoa

 97,95

 95,96

 0,46

Atocha

 90,65

 90,65

 0,46

Mercado del Ensanche

 96,47

 94,24

 0,33

Concha

 95,49

 93,13

 0,21

Antiguo

 98,05

 96,46

 0,21

Fuente: AGG, elaboración propia

La actitud abiertamente autonomista de San Sebastián, como demuestran los resultados del plebiscito celebrado en noviembre de 1933 (véase tabla) para ratificar el texto autonómico. Sin embargo las dificultades políticas impedirán llegar a un acuerdo de manera que la aprobación del Estatuto de Autonomía, en octubre de 1936, ya no alcanzará al territorio guipuzcoano.

4.6.13 LA CRISIS DE 1934

La principal crisis que sacudirá a San Sebastián durante la II República se producirá a lo largo del verano de 1934 y será conocido como "La Guerra del Vino" o la "Revuelta de los Ayuntamientos Vascos". El problema que da origen al conflicto es el intento del Gobierno de poner en vigor el "Estatuto del Vino". Este suponía la desgravación fiscal de los alcoholes a fin de poder comercializar, en situación ventajosa, los excedentes almacenados y poder competir con los vinos franceses de mayor calidad y menor precio. Esta pretensión es contestada por los diputados nacionalistas que ven en él una vulneración del Concierto Económico, al privar a las haciendas vascas de una parte sustancial (entre el 25 y el 30%)de sus ingresos al desaparecer el arancel sobre los alcoholes.

En este conflicto el Ayuntamiento de San Sebastián y su alcalde, Fernando Sasiain, jugaron un papel determinante. Desde el primer momento es el alcalde donostiarra -el republicano federal Fernando Sasian- quien asume la dirección del proceso de defensa del Concierto Económico. De igual manera decide convocar para el día 5 de julio -en Bilbao- una asamblea de ayuntamientos vascos cuya finalidad es elegir una comisión encargada de la defensa del Concierto Económico. El principal acuerdo de la Asamblea de Bilbao, a la que acuden la mayoría de los ayuntamientos de Guipúzcoa y Vizcaya- es la celebración de elecciones para el nombramiento de una comisión que será la encargada de la defensa del Concierto Económico.

La jornada electoral -prevista para el 12 de agosto- es expresamente prohibida por el Gobierno. Pese a ello, y con no pocos incidentes en la Plaza de la Constitución, el Ayuntamiento logra celebrar la sesión. La reacción gubernamental es el cese -el día catorce de agosto- de los alcaldes de Ormaíztegui, Azpeitia, Zumaya, Deva y Guetaria y numerosas detenciones de alcaldes y concejales. Esta situación da origen a una nueva convocatoria municipal que se fija para el día 2 de septiembre en Zumárraga. La actuación de las fuerzas del orden, impidiendo el paso de gran parte de los convocados, acarrea la dimisión de gran número de cargos municipales de todo el País Vasco. El alcalde de San Sebastián, considerado como uno de los instigadores de la actuación de los ayuntamientos, es cesado lo que provoca la dimisión de la mayor parte de los concejales donostiarras. El Gobierno nombrará a una Comisión Gestora que se hará cargo del gobierno municipal hasta febrero de 1936, fecha en que serán repuestos en sus cargos los alcaldes y concejales cesados.

Tras el agitado verano de 1934, en Guipúzcoa -al igual que en otras partes del Estado- estalla la insurrección obrera preparada por el sector más radicalizado del socialismo español. La mañana del día 5 de octubre de 1934 se decreta la huelga general en todo el territorio.

Los acontecimientos revolucionarios comienzan en Guipúzcoa a las 4,30 horas del día 5 de Octubre. Eibar queda en manos de los insurrectos que se apoderan de la Casa consistorial, de la estación y del banco de pruebas, lo que supone el logro de armas y municiones por parte de los revolucionarios. Tan sólo resiste el cuartel de la Guardia Civil, que con la ayuda de refuerzos llegados de San Sebastián y Bilbao logran controlar la situación a primeras horas de la tarde. El otro núcleo insurreccional de importancia en Guipúzcoa es Mondragón, donde al igual que ocurre en Eibar, los huelgistas se apoderan de la localidad pero no logran apoderarse del puesto de la Guardia Civil. En la villa del Alto Deba los insurrectos dictan, a media mañana un bando proclamando la "república socialista" y son asesinados Marcelino Oreja -presidente del consejo de administración de la "Unión Cerrajera" y el diputado provincial y consejero de la misma empresa Dagoberto Rezusta. Tropas provenientes de Vitoria recuperarán por la tarde el control de la población. En San Sebastián la huelga no tienen carácter violento. Pese a la presencia de grupos de obreros y de tropas en las calles no se producen choques armados. De todos modos gran parte de los servicios se ven interrumpidos pese al intento de las fuerzas militares de mantener la normalidad.

Como consecuencia de la Revolución de Octubre son detenidos los principales líderes obreros y clausurados los locales de las organizaciones sindicales. El día 16 de octubre el número de detenidos en la provincia asciende a 420 fundamentalmente provenientes de Mondragón y de Eibar que se verán incrementados con detenidos de otros lugares hasta alcanzar una cifra de 720 reclusos el 20 de octubre. En San Sebastián, concretamente en el barrio de Eguía donde se hallaba oculto en una casa, es detenido el presidente del Comité Revolucionario de Guipùzcoa, el concejal socialista Guillermo Torrijos.

4.6.14 DE LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE A LA GUERRA CIVIL

Tras los sucesos de octubre una etapa de calma política se abre en la ciudad. Esta se prolongará hasta febrero de 1936, cuando se celebren las elecciones legislativas en las que resultará vencedor el Frente Popular. En San Sebastián será la coalición de izquierda la opción más votada, aunque finalmente el triunfo electoral en la provincia corresponda al PNV. Una de las primeras medidas decretadas por el nuevo gobierno es la amnistía de todos los procesados por los sucesos de octubre de 1934 y la reposición de los cargos municipales cesados. De todos modos los posicionamientos políticos han cambiado en la ciudad. En las antevotaciones -una especie de "primarias" para determinar quienes eran los candidatos que optaban a la alcaldía- celebradas en 1936, paso previo de unas elecciones municipales que, previstas para abril de 1936 nunca llegaron a celebrarse, el alcalde Sasian es ampliamente derrotado por los candidatos socialista -Guillermo Torrijos- y el de nacionalistas y la derecha, Pedro Zaragüeta.

El tramo final hasta el estallido de la Guerra Civil esta protagonizado en San Sebastián por la huelga de la construcción. Esta, que da comienzo en el mes de junio, trata de lograr mejores salarios y condiciones laborales para los trabajadores del sector. La duración del conflicto da lugar a que se produzcan actos de violencia por parte de los huelgistas, cosntribuyendoa elevar la crispación que se respiraba ya en visperas del conflicto civil que daría comienzo el 18 de julio.

Alcaldes entre 1901 y 1936

Alcalde

 Mandato

Conde de Torre-Muzquiz

 1901

Miguel Altube

 1901

Sebastián Machimbarrena

 1902

José Elósegui

 1902-1905

Marqués de Rocaverde

 1905-1909

José Satrústegui

 1909

Marino Tabuyo

 1010-1913

Carlos Uhagón

 1914-1915

Eustaquio Inciarte

 1916

Gabriel Maria Laffitte

 1917

Maariano Zuaznábar

 1917-1920

Pedro Zaragüeta

 1920-1922

Felipe Azcona

 1922-1923

Antonio Vega de Seoane

 1923-1924

Juan José Prado

 1924-1925

José Elósegui

 1925-1927

José Antonio Beguiristain

 1927-1929

Juan José Prado 

 1930-1931

Fernando Sasiain

 1931-1934

José María Paternina

 1934-1935

José María Martínez de Ubago

 1935

Fernando Echauz

 1936

Fernando Sasiain

 1936

Fernando Zubiri

 1936

 

4.6.15 DE LA GUERRA CIVIL A LA DEMOCRACIA

La descomposición política de la II República hace que las fuerzas opuestas a la misma vayan optando cada vez más abiertamente por la insurrección armada contra la misma. La Guerra Civil dará paso al largo período del Franquismo, que pese a su aspecto monolítico, atravesó por numerosas etapas y fases que dan fe de una incesante actividad política.

En el momento actual el largo período que se extiende entre 1936 y 1975 está todavía poco estudiado. Cuando la memoria va dando paso a la Historia, pero todavía aquella es capaz de aportar su recuerdo, es el momento de analizar con el rigor de los especialistas el Franquismo. Por el momento carecemos de estudios que aborden este período de nuestra reciente historia, aunque ya se atisban en el panorama historiográfico trabajos prometedores. Por todo lo dicho en las páginas que siguen trataremos de dar una panorámica general de lo que fueron esos años de guerra y dictadura, aunque en este segundo período será el Ayuntamiento quien centrará nuestra atención.

4.6.15.1 LA GUERRA (JULIO-SEPTIEMBRE DE 1936)

El proceso que desemboca en la Guerra Civil española de 1936 comienza a fraguarse -ya de manera definitiva- tras las elecciones de febrero de ese mismo año en las que se impone la coalición del Frente Popular. Tras los comicios un grupo de destacados militares (Franco, Goded, Mola...) es destinado por el Gobierno a guarniciones alejadas de la capital. Antes de incorporarse a sus respectivos destinos celebran una reunión en Madrid en la que acuerdan dar los pasos para la organización de una conspiración encaminada no tanto a acabar con la República sino a tratar de dar un cambio a la orientación de la misma. A partir de esta reunión, en la que no se adoptan acuerdos concretos ni la adhesión clara ni plena de destacados militares como Franco, Mola -nombrado Comandante Militar de Pamplona- comienza los preparativos.

Sin entrar en el desarrollo general de la conspiración y de sus vicisitudes, podemos señalar que en los planes de Mola Guipúzcoa aparece como un territorio que sería fácilmente controlado por los sublevados. Para el "Director", tras algunos combates en los principales centros obreros, todo el territorio quedaría en manos de los conspiradores. El principal objetivo de Mola era controlar la frontera francesa cerrando -de esta manera- una posible vía de llegada de auxilio a la República. Pero para ello era necesaria la cooperación de los conspiradores guipuzcoanos que se localizaban en la guarnición de San Sebastián.

La conspiración antirrepublicana se desarrollaba igualmente en San Sebastián. Varios eran los grupos que preparaban el alzamiento contra la República, pero ninguno despertaba excesiva confianza en Mola. El principal responsable militar de la ciudad era el Comandante Militar coronel León Carrasco Amilibia. Se trataba de un personaje muy arraigado en la sociedad donostiarra de la época y pariente del diputado socialista Miguel Amilibia. Amigo personal del rey Alfonso XIII, siempre se había caracterizado por mantenerse al margen de los conflictos de tipo político. Desde un primer momento Carrasco queda fuera de los preparativos y no tiene ningún conocimiento de lo que se prepara. La prueba de su desconocimiento es la reunión que mantiene con diversos oficiales el día 17 de julio en la que les comunica que no hay ninguna conspiración en marcha. La organización de la misma correrá a cargo del teniente coronel Vallespín y otros oficiales de menor graduación, quienes serán los que se hagan cargo de los preparativos. A pesar de ello no hay una acción de unidad entre los conjurados, lo que conducirá -en gran parte- al posterior fracaso del Alzamiento.

Pero la actividad conspirativa tiene igualmente un vertiente civil. Entre las fuerzas políticas opuestas a la República, tanto los tradicionalistas como la Falange se posicionan desde un primer momento por la sublevación. Pese a la escasa importancia numérica de los falangistas, su jefe provincial -Jesús Iturrino- se entrevista con Mola poniéndose a su disposición. Los tradicionalistas, por su parte, eran el grupo opuesto a la República más numeroso y mejor organizado. A pesar de la detención del jefe del requeté guipuzcoano -Agustín Tellería, que atravesaría toda una odisea en las prisiones republicanas- y de la clausura de buen número de centros carlistas, éstos continúan decididamente su preparación militar y acopio de armas. Pese a todos los esfuerzos realizados Mola no confiaba en exceso en el aporte que pudieran realizar los civiles. El "Director" confiaba en que la actitud decidida de las fuerzas militares sería suficiente para controlar el territorio.

La sublevación dará comienzo el día 17 de julio en Melilla y rápidamente se extiende la noticia a la Península. Esa misma tarde se recibe en San Sebastián y los dirigentes de las organizaciones del Frente Popular y los diputados nacionalistas Irujo y Lasarte se reúnen en el Gobierno Civil con las autoridades provinciales. La actitud del gobernador civil -el republicano Artola Goicoechea- es de mantenerse a la expectativa para ver el rumbo que toman los acontecimientos. A lo largo de la jornada se celebran intensos contactos entre los dirigentes de las diversas fuerzas políticas. Los nacionalistas, con Irujo a la cabeza, celebran una reunión nocturna en la que se redacta una nota de adhesión a la República, que finalmente no llegará a publicarse al no ser autorizada por la dirección del PNV. Las fuerzas de izquierda reclaman armas del gobernador civil. Al negarse éste, varias armerías y el cuartel que la Guardia de Asalto, situado junto al mercado de la Brecha, son asaltados.

Mientras esto ocurría la situación en las calles iba cambiando El día 19 se había decretado la huelga general y las organizaciones de izquierda se van haciendo con el control de manera paulatina. Las autoridades, reunidas en el Gobierno Civil, acuerdan que se organice una columna para atacar Vitoria. La razón que mueve a la creación de la misma está provocada, en parte, por la pretensión de aligerar la presión que suponía la presencia de milicianos escapados de otras zonas en la ciudad, fundamentalmente de Galicia. La columna se pone en marcha el día 20 por la mañana. Ante el abandono de la ciudad por los milicianos la sublevación estalla en San Sebastián. En la madrugada del día 21 los militares del cuartel de Loyola deciden pasar a la ofensiva y tratan de apoderarse de la ciudad, con el apoyo de los requetés y de los escasos miembros de Falange que se encontraban en la ciudad.

Hasta que se llega a esta situación se produce una situación confusa. Pese al acuerdo de sublevarse adoptado por los conspiradores éstos no se deciden a pasar a la ofensiva. Mientras tanto el Comandante Militar acude al Gobierno Civil asegurando la lealtad de las tropas, lo cual no evita que la Comandancia sufra varios ataques y tiroteos. En el cuartel de Loyola los acontecimientos se precipitan y los conspiradores se hacen dueños de la situación. A partir de ese momento Carrasco queda marginado de la toma de decisiones ignorante, a su vez, que sus propios hombres le han traicionado. Los militares -ya en franca sublevación- planifican apoderarse de San Sebastián. Para ello organizan un ataque por la calle Urbieta y por el cauce del Urumea -por el actual paseo del Arbol de Gernika- con el fin de apoderarse de los principales edificios de la ciudad; Ayuntamiento, Gobierno Civil, Comandancia Militar, Gran Casino, Hotel María Cristina y Edificio de la Equitativa. De manera simultánea destacan fuerzas a las alturas de Polloe y Ametzagaña desde donde controlan la ciudad con las baterías del cuartel de Loyola.

El plan de los militares tiene un éxito parcial. Logran apoderase de todos sus objetivos, excepto del Ayuntamiento, que es defendido por milicianos socialistas. Pero el principal factor para el fracaso del Alzamiento en San Sebastián es la defensa que la CNT realiza en la calle Urbieta, a la altura de las Escuela de Amara. De esta forma se impide el avance de una de las dos columnas militares, que pese a estar pertrechada incluso con piezas de artillería, se ve envuelta en un combate callejero de incierto resultado.

De manera simultánea se produce el regreso de la columna que había partido hacia la capital alavesa -a la que la sublevación había sorprendido en Eibar- reforzada por efectivos provenientes de Bilbao. Esta nueva situación coloca a los atacantes entre dos fuegos lo que les obliga a retirase a los cuarteles. En su poder únicamente quedan una serie de enclaves en la ciudad -Comandancia Militar, Gran Casino, Hotel María Cristina y puntos elevados sobre la ciudad- que deberán ser reducidos mediante sangrientos asaltos y con el apoyo de un torpedero -cuya tripulación se apodera del mismo reduciendo a los oficiales- que cañonea las posiciones de los sublevados desde la desembocadura del Urumea. Para el día 23 de julio son ocupados los reductos de los sublevados fracasando de esta forma el Alzamiento en Gipuzkoa.

Los militares quedarán sitiados en los cuarteles de Loyola, en los que disponen de armas y víveres suficientes para resistir un asedio prolongado. A pesar de ello, la moral de los alzados es muy baja y oponen escasa resistencia. El bombardeo de las instalaciones militares -de efecto más sicológico que práctico desde el punto de vista militar- desencadena el proceso de capitulación. El 27 de julio los principales mandos militares -entre ellos Carrasco, que se encontraba dentro del cuartel, y Vallespín- se entrevistan con los diputados guipuzcoanos, con los que acuerdan las condiciones para la rendición de los sublevados. Al día siguiente, 28 de julio, los militares se entregan y son hechos prisioneros y conducidos al Palacio de la Diputación, donde quedarán inicialmente retenidos antes de ser conducidos a la cárcel de Ondarreta. Vallespín, el principal responsable del Alzamiento, logra darse a la fuga la noche anterior a la capitulación y consigue llegar a las líneas de las tropas provenientes de Navarra.

4.6.15.2 SAN SEBASTIÁN BAJO LA JUNTA DE DEFENSA

Tras la derrota de los sublevados, San Sebastián y gran parte de Guipúzcoa queda nuevamente en manos de los republicanos, pero ya no serán las instituciones tradicionales (ayuntamientos y Diputación) las que controlen la ciudad. En un proceso que se extenderá por todo el territorio van apareciendo "juntas de defensa" que serán las encargadas de organizar y controlar la vida ciudadana.

San Sebastián no será una excepción. La ciudad quedará en manos de la Junta de Defensa de Guipúzcoa, creada la víspera de la rendición de los cuarteles y en la que se integran todas las fuerzas políticas que se habían mantenido fieles a la República. La Junta de Defensa nace de la excepcionalidad de las circunstancias pero pronto da muestras de que su papel es el de la substitución de las antiguas autoridades (Diputación, Ayuntamiento, Gobierno Civil y Comandancia Militar). Si bien éstas no desaparecen se ven absolutamente condicionadas en su actividad por el nuevo organismo. La Junta de Defensa de San Sebastián, que usa la denominación de Junta de Defensa de Guipúzcoa, controla un área que se extendía desde la frontera francesa hasta el Oria y por el sur hasta el límite establecido por la carretera Madrid-Irún.

La pretensión de la Junta es hacerse con el control de todos los aspectos de la vida guipuzcoana, para lo que se organiza en comisarías. De esta forma se crean las de Guerra, Abastos, Transportes, Orden Pública, Información y Propaganda y Finanzas. Posteriormente se unirán a las anteriores las de Trabajo y la de Asistencia Social. La presidencia de la Junta recae en el diputado socialista Amilibia y las principales comisarías son dirigidas por Larrañaga (PC de Euzkadi) Guerra, Telesforo Monzón (PNV) Orden Público y José Imaz (ANV) al frente de la de Finanzas. La comisaría de Trabajo -creada el 24 de agosto de 1936- será presidida por el histórico líder del socialismo guipuzcoano Guillermo Torrijos.

La principal actividad corresponde a las Comisarías de Guerra y Orden Público. Competencia de la primera es la creación de las milicias y la dirección de las operaciones militares, extremo para el que cuenta con el asesoramiento de militares profesionales. A pesar de ello Larrañaga, el comunista Manuel Cristóbal y el teniente de carabineros Ortega serán los verdaderos responsables de la dirección de la campaña republicana. Dentro de la actividad de la Comisaría de Guerra ocupa un lugar destacado la aplicación que desde la misma se hace de la justicia militar. En represalia a los bombardeos navales realizados por buques de la flota sublevada se forman dos consejos de guerra en la que se juzga a los militares de máxima graduación detenidos tras los sucesos de julio. Los días 14 y 19 de agosto de 1936 se reúnen ambos consejos en los que resultan condenados a muerte y ejecutados un total de doce procesados a pesar de los esfuerzos de Irujo para lograr que las penas sean conmutadas.

En íntima relación con lo anterior se puede hacer referencia a la actuación de la Comisaría de Orden Público. Esta, controlada por los nacionalistas, tiene como objetivo principal preservar la vida de los presos y proteger tanto a los religiosos como a sus edificios. A pesar de los esfuerzos de Monzón, no se logra evitar que tanto los detenidos de Tolosa como gran parte de los detenidos en Ondarreta sean asesinados en sendas acciones atribuibles a milicianos de izquierda que causan la dimisión del comisario y una dura reacción de las organizaciones nacionalistas. Entre las víctimas de esta violencia incontrolada se encuentra el que fue comandante militar de Gipuzkoa, coronel León Carrasco Amilibia y un elevado número de militares detenidos en Loyola. Junto a éstos son asesinados derechistas con mayor o menor grado de participación en los acontecimientos o simplemente por su ideología.

También merece ser tenida en cuenta la actuación de la Comisaría de Finanzas dirigida por el miembro de ANV José Imaz. El principal problema al que se enfrenta es la ausencia de moneda circulante. El atesoramiento de efectivo por parte de los particulares llevó a la Junta a dictar severas medidas y, finalmente, a poner en marcha un sistema de vales -que tuvo poco éxito ente la población- para paliar la ausencia de moneda en circulación. Misión fundamental de los delegados de Finanzas fue también proveer a la Junta de fondos. Estos se dedicaban principalmente a hacer frente al pago de los salarios de los milicianos y de los trabajadores de las fábricas intervenidas.

Pero el verdadero proceso revolucionario proyectado por la Junta de Defensa de Guipúzcoa era promovido desde la Comisaría de Trabajo dirigida por Guillermo Torrijos. Esta elabora dos planes para reorganizar la economía guipuzcoana, uno de los cuales -que fue desechado- pasaba por la desmonetarización de la economía que se basaría en el intercambio de los diferentes artículos. El otro, que trató de ponerse en marcha pero que la brevedad del conflicto frustró, se basaba en el control por parte de los trabajadores de las fábricas. Estas pasarían a estar dirigidas por un comité de fábrica en el que se integrarían patronos y trabajadores. Estos planteamientos, claramente revolucionarios, encuentran poca receptividad en la sociedad guipuzcoana y no llegan a ponerse en práctica incluso en aquellas zonas en las que el control republicano se prolongó más tiempo. Lo que si se produjo es una militarización de las industrias para dedicarlas al esfuerzo de guerra, pero las dificultades planteadas por las organizaciones sindicales, reacias a desconvocar la huelga general decretada el 20 de julio de 1936, y las exigencias de las mismas complican sobremanera el esfuerzo bélico de la Junta.

La actividad de la Junta de Defensa se puede calificar, de manera global, de fracaso. Pese al esfuerzo realizado por la misma la difícil situación por la que atraviesa la capital, las diferencias entre las diversas organizaciones que la integran hace que su acción sea menos efectiva de lo que se pretendía. La sociedad donostiarra, de naturaleza moderadamente conservadora, acoge mal los intentos revolucionarios promovidos desde la nueva institución. Si a esto unimos la falta de dinero y la paralización casi total de la industria nos encontramos con una serie de factores que por si mismos argumentan el fracaso.

Otra de las causas de la actuación de la Junta de Defensa se encuentra en la cuestión militar. La ausencia de mandos capacitados, y la desconfianza de los milicianos hacia los que son enviados desde Madrid, no facilita el desarrollo de las operaciones militares. La escasez de armamento de los milicianos y su escasa organización militar se sitúan en la base del fracaso republicano. A pesar de que los milicianos tuvieron una actuación destacada toda su actividad fue estrictamente defensiva. Tras la batalla de San Sebastián se limitan a mantener sus posiciones sin plantear ninguna acción ofensiva. La heterogeneidad de la composición de las columnas milicianas y el distinto grado de compromiso de éstos con la República hicieron que su actuación se pueda calificar de desigual.

4.6.15.3 LAS OPERACIONES MILITARES EN TORNO A SAN SEBASTIÁN

Tras la derrota de los sublevados en las calles de la capital los frentes de guerra se alejan de la ciudad. La rendición de los cuarteles frustra el objetivo de las tropas situadas en Oyarzun, que por otra parte están en una situación comprometida. Las tropas provenientes de Navarra avanzan por el eje de la carretera nacional y a mediados de agosto ya han alcanzado Tolosa. A mediados del mismo mes da comienzo la operación más importante de la Guerra Civil en territorio guipuzcoano, la ofensiva sobre Irún y la zona del Bidasoa. Solo tras duros combates, el día 3 de septiembre, la resistencia republicana se quiebra y al día siguiente es ocupada la ciudad fronteriza. Esto supone que el frente se derrumbe y San Sebastián quede a merced de las tropas provenientes de Navarra.

El dispositivo planificado por Mola se basa en un triple avance proveniente de Navarra. El primero -y más importante- es el protagonizado por Beorlegui y su objetivo final era el auxilio de los sublevados en la capital. La voladura del puente de Endarlaza, que obliga a las tropas a dirigirse a la zona de Oyarzun por el Alto de Arichulegi y la resistencia de los milicianos complican esta opción. El segundo grupo en importancia -al mando de Cayuela- parte desde Alsasua con el propósito de avanzar por la carretera Madrid-Irún. Esta columna progresa sin excesivas dificultades y tras unos días de vacilación se lanza sobre Guipúzcoa protagonizando la sangrienta ocupación de Beasain.

Una tercera fuerza, menor en entidad, es desplegada en la zona de la Sierra de Aralar. Inicialmente el propósito de ésta es impedir las posibles infiltraciones de milicianos en Navarra desde territorio guipuzcoano. Tras permanecer unos días en la zona comenzará a avanzar por el valle de Berástegui para confluir con las tropas de Cayuela en las inmediaciones de Tolosa.

Este triple dispositivo tiene como objetivo ejercer presión sobre la capital a la vez que trata de aislarla del resto de las zonas controladas por los republicanos. Al no profundizar el avance, y mantenerse los atacantes en el valle del Oria, San Sebastián mantendrá abiertas sus comunicaciones con Bilbao y gran parte del territorio guipuzcoano. A pesar de ello la situación se hace complicada en la ciudad, a la que se corta el suministro de agua potable desde los primeros días del conflicto al quedar las tomas de agua en manos de los sublevados. De igual manera el aislamiento de Navarra hace que los alimentos frescos comiencen a escasear y las reservas de bacalao, almacenado en Pasajes se convierta en el plato fuerte de la dieta de los donostiarras durante la guerra.

La etapa más dura del conflicto en San Sebastián se produce a lo largo del mes de agosto, durante el cual la ciudad es sometida a varios bombardeos navales por parte de los buques "España" y "Cervera". Pese que sus ataques no causan excesivo número de víctimas -el más sangriento se produce el día 18 de agosto en que es alcanzada la maternidad y varios chalets de La Concha- sus efectos psicológicos son devastadores sobre la población civil.

En lo que se refiere al desarrollo de las operaciones militares, por el sur el avance de los sublevados se sitúa a mediados del mes de agosto en Andoain, ocupado el día 17 de agosto. A partir de este momento da comienzo la fase más dura de la campaña de Gipuzkoa. Las posiciones republicanas en el Buruntza y en las alturas circundantes de Hernani solo son ocupadas tras sangrientos ataques. El derrumbamiento del frente tras la caída de Irún supone que San Sebastián quede a merced de los sublevados. De esta manera la Junta de Defensa decide la evacuación de la capital guipuzcoana, el día 12 de septiembre de 1936.

El 13 de septiembre de 1936 las tropas de la Columna Beorlegui, que previamente habían ocupado Rentería y Pasajes, entran en San Sebastián. La ocupación de la ciudad da lugar a uno de los episodios de carácter popular de la Guerra Civil, el protagonizado por los llamados "Cuarenta de Artajona". En el momento actual de nuestros conocimientos las primeras tropas que de hicieron su entrada en la capital guipuzcoana estaban al mando del capitán Ureta y provenían de diversas localidades navarras. Por otra parte, el avance hasta San Sebastián supuso una sanción para Ureta, quien no atendió las órdenes de Beorlegui de detenerse en las inmediaciones de la capital.

La ciudad que se encontraron los ocupantes se puede calificar de ciudad fantasma. Un altísimo porcentaje de su población evacuó la misma en dirección a Bilbao por barco o hacia los pueblos de la costa todavía sin ocupar. La ciudad pudo caer intacta en manos de los sublevados al mantener los milicianos nacionalistas sus posiciones hasta el último momento, procediendo a retirarse por la carretera en dirección a Orio. Esto, posiblemente evitó que San Sebastián hubiera sufrido serias destrucciones a semejanza de lo ocurrido en Irún.

Fue la primera capital de provincia ocupada por los sublevados. El frente se situará para finales de septiembre en los límites entre Guipúzcoa y Vizcaya y la capital recobrará su ambiente cosmopolita que le caracterizaba. A partir de este momento se convertirá en una ciudad de retaguardia y descanso de las tropas y oficiales del bando nacional. Pero un proceso de gran complejidad política -por las diferencias entre los carlistas y los falangistas- de represión de los vencidos y de recuperación de la vida donostiarra caracterizará a la ciudad en el período que se conocerá como el Franquismo.

 

4.6.15.4 EL AYUNTAMIENTO DE SAN SEBASTIÁN ENTRE 1936 Y 1975

La Guerra Civil termina en San Sebastián el 13 de septiembre de 1936, dando comienzo un período de excepcionalidad en la forma de proceder al nombramiento de los componentes del Consistorio. Inmediatamente de la ocupación de la ciudad las nuevas autoridades nombran alcalde al monárquico José Múgica. Perteneciente a Renovación Española había formado parte de la candidatura derechista en 1936 y era letrado municipal. De todos modos su mandato será breve y en septiembre de 1937 será substituido José María Angulo, que solo permanecerá seis meses en el puesto. Miembro igualmente de Renovación Española había sido concejal durante la Dictadura de Primo de Rivera.

En septiembre de 1937 llega al ayuntamiento Antonio Paguaga. De filiación tradicionalista había formado parte de la dirección del carlismo guipuzcoano durante la II República y formó parte de la candidatura contrarrevolucionaria de 1936. El período de mandato de Paguaga -que se extenderá hasta 1942- supone un período de control tradicionalista del Ayuntamiento que hasta el momento había sido presidido por políticos de filiación monárquica.

ALCALDES DE SAN SEBASTIAN (1936-1978)

Alcalde

Mandato

José Múgica

 15-9-1936 a 4-3-1937

José María Angulo

 4-3-1937 a 19-9-1937

Antonio Paguaga

 20-9-1937 a 5-8-1942

Rafael Lataillade

 28-5-1942 a 15-12-1947

Féliz Azpilicueta

 14-1-1948 a 6-2-1949

Javier Saldaña

 9-2-1949 a 20-4-1952

Juan Pagola

 21-4-1952 a 1-2-1958

Antonio Vega de Seoane

 2-2-1958 a 27-6-1961

Nicolás Lasarte

 28-6-1961 a 3-6-1964

José Manuel Elósegui

 4-6-1964 a 13-11-1968

Miguel Muñoa

 13-11-1968 a 16-6-1969

Felipe de Ugarte

 16-6-1969 a 13-12-1974

Francisco Lasa

 30-3-1974 a 18-3-1977

Fernando de Otazu

 18-3-1977 a 24-9-1978

Fuente: Ayuntamiento de San Sebastián

El año 1942 supone una de las primeras crisis de importancia del Régimen Franquista. A raíz del atentado de Begoña -en agosto de 1942- y la orientación que iba tomando la Segunda Guerra Mundial el régimen va modificando sus posiciones. Muestra de este tímido cambio puede ser la designación de Rafael Lataillade, un ingeniero y delegado del Ministerio de Industria- para ocupar el cargo de Alcalde de San Sebastián. Durante su mandato se proyectan las viviendas de los funcionarios municipales en San Roque y Eguía.

El final del conflicto europeo y la promulgación del Fuero de los Españoles, el año 1945, marcan el comienzo de una nueva etapa del régimen. Aislado internacionalmente y optando por desarrollar un modelo político propio, se avanza en la creación de un sistema corporativista que se conocerá como "democracia orgánica". En la misma la representación se organizará por estamentos, que son los llamados a elegir a sus representantes.

En el ámbito municipal la representación se organiza en función al tercio familiar -en la que se procede a la elección popular directa, eso sí, de los candidatos previamente aprobados -, el tercio sindical (en el caso de San Sebastián son 40 compromisarios representantes del Sindicato Vertical) y el tercio económico, que está formado por 39 sociedades e instituciones donostiarras.

Fruto de esta nueva orientación son las elecciones municipales que se celebran 1948 y suponen un cambio sustancial en la vida municipal. Hasta el momento la formación del consistorio había dependido exclusivamente de las decisiones de la cúpula provincial del partido único. Tras las mismas es nombrado alcalde de San Sebastián el ingeniero de caminos Félix Azpilicueta, que permanecerá en el cargo hasta 1949 en que le sustituye Javier Saldaña que permanecerá en el cargo hasta 1952. Del mismo modo en la década de los cincuenta ocupará el máximo cargo municipal Antonio Pagola.

En 1958 llega a la alcaldía Antonio Vega de Seoane, en la que permanecerá hasta 1961. Durante su mandato se terminarán las obras de abastecimiento de agua desde Artikutza y se iniciará el colector de Ondarreta. Igualmente, en este periodo, los terrenos de Mompás pasan al municipio y el hospital de Manteo es traspasado a la Diputación.

1961 verá la llegada a la alcaldía de Nicolás Lasarte Arana. Nacido en Villabona es concejal desde 1943 y desde 1950 era subdirector letrado de la Caja de Ahorros Municipal. Aires de modernidad llegan al Ayuntamiento en 1964 con José Manuel Elósegui y durante se mandato se compró un "ordenador electrónico" para las labores municipales que costó la cantidad de siete millones de aquellos tiempos. Siendo Elósegui alcalde se realizaron gestiones para restablecer el juego y crear facultades universitarias en San Sebastián. Igualmente se pusieron en marcha los grupos escolares de Eguía, Recalde e Ibaeta, se comenzó la variante de San Sebastián se construyó el aparcamiento subterráneo de Oquendo y se proyectó el paso subterráneo por debajo de la estación de Renfe.

A José Manuel Elósegui le sucedió en el cargo Miguel Muñoa. Industrial y presidente de la Cámara de Comercio y del Sindicato Provincial del Papel y Artes Gráficas, a la vez que Consejero Provincial del Movimiento, ocuparía el cargo hasta 1969.

Quizá uno de los alcaldes más recordados del pasado reciente de San Sebastián será Felipe de Ugarte. Natural de San Sebastián, y delegado del Ministerio de Información y Turismo desde 1953, llega al cargo de Alcalde en junio de 1969. De su gestión, que se extendería hasta febrero de 1974, se puede destacar la venta de la telefónica municipal -que supuso una notable mejora del servicio telefónico en la ciudad- y el derribo del Kursaal y de la plaza de toros de El Chofre.

El sucesor de Ugarte, Francisco Lasa, ya abordó el tema de la construcción de una nueva plaza de toros. En unas declaraciones publicadas en la prensa manifiesta su intención de estudiar su "ubicación y construcción. Popularmente es un tema de enorme importancia. San Sebastián se llena de veraneantes de la zona centro y sur de España, grandes aficionados a los toros, y no podemos estar sin plaza"15. Sin embargo los problemas políticos que se produjeron durante el mandato de Lasa fueron posponiendo la solución a este problema.

La muerte de General Franco, ocurrida en noviembre de 1975, no tiene una excesiva repercusión sobre la composición municipal. Será a partir de 1977, tras la celebración de las elecciones legislativas del 15 de junio cuando de comienzo un camino que desembocará en el nombramiento de la Gestora Municipal de San Sebastián.

4.6.15.5 LA GESTORA MUNICIPAL (1978-1979)

El período que transcurre desde la muerte de General Franco hasta la celebración de las elecciones municipales provoca una situación compleja en el Ayuntamiento de San Sebastián. Tras la celebración de las elecciones legislativas de junio de 1977 los ayuntamientos se mantienen en su estructura anterior, al no convocarse elecciones municipales y centrar el debate político la discusión de la Constitución, en la que se determinaría -ya de manera concreta- la forma de proveer todos los cargos públicos del país.

En este período -que se extiende de junio de 1977 a mayo de 1979- los partidos políticos tratan de que los antiguos ayuntamientos sean sustituidos por comisiones gestoras. Tras la dimisión del alcalde Francisco Lasa, en marzo de 1977, la corporación donostiarra es presidida por el primer teniente de Alcalde y procurador de las Cortes Fernando de Otazu. Tras la celebración de las elecciones del junio de 1977 la presión de los partidos políticos aumenta y la situación de los concejales donostiarras se hace cada vez más compleja.

La recta final de esta corporación da comienzo a finales del verano de 1978. Ante la intención de los concejales de dimitir el Gobernador Civil opta por cesarlos el día 20 de septiembre de 1978. Días antes, el 18, el domicilio del alcalde Otazu había sufrido un atentado al hacer explosión un pequeño artefacto en el portal del edificio. La marcha de los concejales es algo que la corporación -en palabras de su alcalde- "está deseando desde hace tiempo"16 .

Las negociaciones entre los partidos políticos siguen su curso y el día 20 de septiembre de 1978 se logra el acuerdo para designar al candidato socialista, Ramón Jaúregui, presidente de la Gestora Municipal, puesto al que también optaba el nacionalista Ramón Labayen. La composición de la Gestora se decide en función a los resultados electorales del 15 de junio, si bien los principales partidos -PSOE y PNV- ostentan menor representación para dar cabida a otros grupos políticos en el Ayuntamiento de San Sebastián. De esta manera el 23 de septiembre se hace pública la composición de la gestora integrada por representantes del PSOE (6), PNV (6), EIA (1), EMK (1), EE (1) Guipúzcoa Unida (3), ESB (1), Partido Comunista (1), Democracia Cristiana Vasca (1) y Demócratas Independientes Vascos (1).

FORMACION DE LA GESTORA MUNICIPAL EN 1978

PARTIDO

 INTEGRANTES

PSOE

 Ramón Jaúregui, Carlos García Cañibano, Ramón Agote, Fernando Múgica, Ana Nazábal, José María Basarte

PNV

 Ramón Labayen, Iñaki Alkiza, Markel Eizaguirre, Antonio Areizaga, Begoña Amunarriz, María Pilar Larreina

EIA

 Txema García

EMK

 Manuel González

Euskadiko Ezkerra

 Joseba Etxabe

Guipúzcoa Unida

 Juan M. Alvarez Emparanza, Ana Zulueta, José Luis Carasa

Partido Comunista

 Dolores Arrieta

Eusko Sozialista Biltzarra

 Juan Alcorta

Democracia Cristiana Vasca

 Francisco Soroeta

Demócratas Independientes Vascos

 Jesús Ferro

Fuente: El Diario Vasco

El 24 de septiembre de 1978, dimite el Ayuntamiento presidido desde septiembre de 1977 por Fernando Otazu y toma posesión la comisión gestora presidida por el socialista Ramón Jáuregui con el respaldo del Ministerio de Interior. En el discurso de toma de posesión Jáuregui resalta la necesidad de la Gestora ante "el retraso unilateral e indefinido de la convocatoria de las elecciones municipales"17

La situación de interinidad se prolongará hasta la celebración de las elecciones municipales de 1979. Su mandato se extenderá hasta marzo de 1979, estando presidida desde febrero de ese mismo año por Iñaki Alkiza.

Las elecciones municipales de 1979, en la que la ciudadanía vuelve a elegir libremente a sus representantes municipales, supone cerrar un largo ciclo que había dado comienzo en un lejano 18 de julio de 1936.

 

4.6.16 SAN SEBASTIÁN EN LA DEMOCRACIA

La Diputación Foral de Gipuzkoa

La principal institución que tiene su sede en la capital donostiarra es la Diputación Foral, órgano colegiado que ostenta la representación legal del Territorio Histórico de Gipuzkoa. La Diputación asume la responsabilidad de gobierno y administración en los ámbitos de sus competencia.

La institución de Gobierno del territorio se situó, ya de manera definitiva en San Sebastián el año 1854. A partir de ese momento ha residido en la capital guipuzcoana en las distintas vicisitudes por las que ha atravesado. Perdido su carácter de Foral tras la aprobación de la Ley de 21 de julio de 1876 -que acababa con el régimen Foral- dando paso al sistema de los Conciertos Económicos que se prolongaría hasta mediados de los años 20. Tras la caída de la Dictadura de Primo de Rivera -en enero de 1930- la Diputación fue dirigida por una comisión gestora, situación que se prolongó durante la II República. Las Comisiones Gestoras republicanas - nombradas por el Gobierno- reproducían en su composición la relación de fuerzas gobernantes en el Estado. Durante el período Franquista la Diputación siguió ejerciendo funciones administrativas de carácter provincial, aunque desde 1937 se habría suprimido el régimen de Conciertos Económicos.

 

Las Juntas Generales de Gipuzkoa

Las Juntas Generales de Guipúzcoa son la institución política más antigua del territorio. Su actividad puede documentarse ya en la Edad Media. De todas maneras las funciones, el funcionamiento, el sistema de elección de los junteros y los componentes de las mismas han evolucionado mucho con el paso del tiempo. A pesar de ello, y de sus seis siglos de historia documentada, su representatividad sigue siendo de carácter territorial. Si antaño eran los municipios los que tenían asiento en los plenos que realizaban las Juntas, en el presente la representación se elige por las distintas circunscripciones en las que se divide Gipuzkoa.

Las Juntas Generales que conocemos en la actualidad, y que tienen su sede en San Sebastián, comenzaron su andadura el 22 de abril de 1979 reuniéndose en Mondragón, lugar en el que hubieran de haberlo hecho cien años antes de no mediar la ley de 1876 que derogó los fueros vascongados. Para que se llegase a ese momento fue necesario un proceso legislativo que dio comienzo con el Real Decreto-ley 18/1977 se derogó la legislación de 1937 que supuso el fin del régimen concertado de Gipuzkoa. De la misma manera, tras la aprobación de la Constitución, tres reales decretos de fecha 26 de enero de 1979, regularon la forma concreta de la elección de las Juntas Generales de Guipúzcoa y de las competencias que éstas asumirían.

En la actualidad constituyen el órgano máximo de representación y participación en el gobierno del Territorio Histórico, a la vez que ejercen la función normativa así como la de control e impulsó de la Diputación Foral, a la que corresponde el gobierno y administración del Territorio. Entre sus funciones se encuentra la elección del Diputado General y aprobar las "Normas Forales". De igual modo están capacitadas para ejercer la iniciativa legislativa ante el Parlamento Vasco, única institución del País Vasco con capacidad de aprobar leyes formales.

Presidencia de las Juntas Generales y Diputados Generales (1979-2011)

Presidencia de las JJ.GG.

 Diputado General

 Legislatura

Xabier Aizarna (PNV)

 Xabier Aizarna (PNV)

 1979-1983

Xabier Aizarna (PNV)

 José A. Ardanza (PNV)

 1983-1987

Gurutz Larrañaga (EA)

 Imanol Murua (EA)

 1987-1991

Jon Esnal (PNV)

 Elías Galdos (PNV)

 1991-1995

Esther Larrañaga (PNV)

 Román Sudupe (PNV)

 1995-1999

Iñaki Alkiza (PNV)

Román Sudupe (PNV)

1999-2003

Leire Ereño (PNV)

Joxe Joan González de Txabarri (PNV)

2003-2007

Rafaela Romero (PSE)

Markel Olano (PNV)

2007-2011

Lohitzune Txarola Gurrutxaga (Bildu)

Martín Garitano (Bildu)

2011-

Las Juntas Generales también asentadas en San Sebastián, pese a que mantienen el carácter medieval de las sedes itinerantes, se situaron entre 1983 y 2007 en la Casa Blanca (Etxe Txuri) en el barrio donostiarra de Ayete. Este edificio, que fue la sede del Ministerio de Jornada durante el Régimen del General Franco, data de principios de siglo. Estuvo incorporado en la finca denominada Aldama Enea, propiedad de Francisco Ussia, que en 1925 la transmitió a Francisco Arocena, cambiando su denominación por Eva Enea. El edificio que nos ocupa pasó a propiedad del Ayuntamiento en 1960 y en 1972 decidió habilitarlo para Ministerio de Jornada, al constituir el cercano Palacio de la Cumbre, la residencia veraniega del Ministro de Asuntos Exteriores. En 1975 es cedido a la Diputación y en 1983 es dedicado a la función de sede de la Juntas. Era un edificio que carecía de espacio adecuado para la celebración de los plenos, de ahí que tuvieran que ser celebrados en la Diputación Foral, Palacio de Miramar y Auditorio del Parque Tecnológico de Miramón.

En el año 2007 fue inaugurado en Miramón el primer edificio construido expresamente para albergar, entre otras dependencias, la sede de Juntas Generales, disponiendo de instalaciones adecuadas a su función, incluyendo un hemiciclo para la celebración de los plenos.

 

Las elecciones municipales en San Sebastián

La aprobación, en diciembre de 1978, de la actual Constitución, dio paso a la celebración de nuevos comicios tanto legislativos como municipales, con lo que se cerraba en gran manera el largo ciclo de la Reforma Política que había comenzado con la aprobación, mediante referéndum, el 15 de diciembre de 1977 se la Ley para la Reforma Política.

Las primeras elecciones municipales que se celebraron en España, después de las del 12 de abril de 1931, tuvieron lugar el día 3 de abril de 1979. En líneas generales se puede decir que supusieron una victoria de la oposición, que lograría la alcaldía de las ciudades más importantes. Mediante el pacto municipal establecido entre el PSOE y el PCE las principales ciudades contaron con un alcalde socialista.

En el País Vasco la victoria en las tres capitales vascas correspondió al PNV que lograba, por vez primera, las alcaldías de Bilbao, San Sebastián y Vitoria. En la capital guipuzcoana el PNV -con el 29% de los votos- lograba ser la fuerza más votada (9 concejalías). Como segunda fuerza municipal se situó la recién creada Herri Batasuna que logra 6 concejales. A continuación se sitúan el PSE-PSOE con 4 concejales y el 15% de los votos y Euskadiko Ezkerra con 3 (11%). De esta manera Jesús M. Alkain se convirtió en el primer alcalde elegido directamente por los donostiarras, presidiendo una tormentosa legislatura en la que gran parte de los problemas que se vivían en las calles del País Vasco se trasladaron a los salones de la Casa Consistorial.

La segunda consulta electoral, en el ámbito municipal, tuvo lugar en 1983 y supuso una nueva victoria del PNV, que lograba un concejal más y aumentaba su porcentaje de voto casi en seis puntos. Como segunda fuerza política se situó el PSE-PSOE que pasa de tener 4 concejalías a lograr 7, resultado de un sustancial aumento de su porcentaje de votos, que pasa del 15,8% al 23,8% de unos comicios a otros. En el capítulo de aumento de votos citar el de la coalición Alianza Popular, Partido Demócrata Popular y la Unión Liberal que logran y tres puestos en el Ayuntamiento. Por el contrario el retroceso corresponde a Herri Batasuna y Euskadiko Ezkerra, perdiendo cada una de ellas un concejal.

 

Alcaldes de Donostia-San Sebastián 1979-

Alcalde

 Legislatura

Jesús M. Alkain (PNV)

 1979-1983

Ramón Labayen (PNV)

 1983-1987

Xabier Albistur (EA)

 1987-1991

Odón Elorza (PSE-EE)

 1991-1995

Odón Elorza (PSE-EE)

 1995-1999

Odón Elorza (PSE-EE)

1999-2003

Odón Elorza (PSE-EE)

2003-2007

Odón Elorza (PSE-EE)

2007-2011

Juan Carlos Izagirre (Bildu)

2011-

Las elecciones municipales de 1987 suponen la primera alteración brusca del mapa municipal. La escisión del PNV -que tuvo una especial incidencia en Gipuzkoa- se deja sentir en la composición del Ayuntamiento de San Sebastián. El PNV pasa de ser la principal fuerza política a ser la minoritaria, en beneficio de Eusko Alkartasuna (EA). El nuevo partido liderado por Carlos Garaikoetxea logra ser el más votado en la ciudad y obtiene 7 concejales. Debido a los buenos resultados de Euskadiko Ezkerra -que logra 5 puestos en el consistorio- el y al apoyo de esta formación, Xabier Albistur (EA) accede a la alcaldía de la ciudad. En lo que se refiere al resto de las fuerzas políticas Herri Batasuna recupera un puesto y el PSE-PSOE pierde dos concejales a la vez que el Partido Popular, pese a experimentar un aumento de votos, repite los tres escaños.

En 1991 se produce una nueva situación en la política vasca. Los resultados electorales arrojan un gran equilibrio entre las fuerzas municipales. Esta situación hacen obligatorio el alcanzar acuerdos políticos para llegar a lograr un gobierno municipal estable. La distribución de los concejales (6 para EA y 5 para el PSE-PSOE y el PP) hace difícil, a priori, aventurar cual podría ser la composición del gobierno municipal. Finalmente el acuerdo entre PSE-EE, PP y PNV permitió alcanzar un acuerdo para formar el equipo de gobierno. Esta situación propicia la llegada a la alcaldía del socialista Odón Elorza, en razón de ser el candidato de la opción más votada incluida en el pacto, desbancando a Eusko Alkartasuna que había sido la fuerza más votada.

La legislatura 1991-1995 estuvo impactada por el atentado perpetrado en enero de 1995  contra el concejal del Partido Popular Gregorio Ordóñez, a escasos meses de unas nuevas elecciones municipales. Pero la legislatura 1991-1995 supuso también una radical transformación de la ciudad. El acuerdo para desbloquear el solar del Kursaal, la construcción e inauguración del nuevo estadio de Anoeta y otras intervenciones en infraestructuras -que continuaron desarrollándose- han sentado las bases de lo que será el San Sebastián del siglo XXI.

Jesus Maria Alkain

Jesús María Alkain

Ramon Labaien

Ramón Labayen

Xabier Albistur

Xabier Albistur

Odon Elorza

Odón Elorza

Juan Carlos Izagirre

J. C. Izagirre

Las elecciones municipales de 1995, supusieron una nueva alteración de la vida política municipal. El Partido Popular confirmó sus buenas expectativas y se confirmó como la fuerza más votada en San Sebastián -logrando siete concejales-, a escasa distancia se situó el PSE-EE igualmente con siete ediles. La decisión de las fuerzas políticas integradas en pacto tripartito que integraban en aquella legislatura el Gobierno Vasco (PNV, PSE-EE y EA) de extender el mismo a ayuntamientos y diputaciones, permitió un segundo mandato del socialista Odón Elorza, quedando el equipo de gobierno municipal conformado por las tres fuerzas políticas mencionadas anteriormente. Es reseñable igualmente que por primera vez desde la restauración del sistema democrático Izquierda Unida-Los Verdes logra representación municipal con un concejal.

Las elecciones de 1999 y de 2003 se caracterizaron por la concurrencia conjunta del Partido Nacionalista Vasco y de Eusko Alkartasuna, obteniendo respectivamente 7 concejales en 1999 y 10 en 2003. Otro hecho relevante en las citadas consultas electorales es el relacionado con Herri Batasuna. Obligado a cambiar de denominación (Euskal Herritarrok) en la convocatoria de 1999 como consecuencia de actuaciones judiciales, obtuvo 5 concejalías. Tras haber sido ilegalizada la citada formación política, gran parte de sus votantes optaron en la convocatoria electoral de 2003 por la emisión de voto nulo, que llegó a 10.000 votos (frente al voto nulo técnico que puede evaluarse en unos 500) . Odón Elorza (PSE-EE) logró en ambas convocatorias la alcaldía, siendo el candidato más votado.

Las elecciones del año 2007 se caracterizaron por la concurrencia por separado del PNV y de EA, así como por la imposibilidad de concurrencia de la izquierda abertzale a las elecciones, al ser ilegalizada la lista electoral de ANV (Acción nacionalista Vasca). Odón Elorza vuelve a ser el candidato más votado, consiguiendo, incluso, una concejalía más que en la convocatoria electoral de 2003.

En el año 2011 Bildu (en la que está integrada EA) consigue 8 concejales/as, consiguiendo la alcaldía su cabeza de lista, Juan Carlos Izagirre.

 

RESULTADOS DE LAS ELECCIONES MUNICIPALES

DONOSTIA- SAN SEBASTIAN 1979-2003

 

 1979

 1983

 1987

 1991

 1995

1999

2003

Candidatura

 %

 C

 %

 C

 %

 C

 %

 C

 %

 C

%

C.

%

C.

PNV

 29,88

 9

 35,05

 10

 9,27

 2

 15,3

 4

 11,8

 3

-

-

-

-

PSE

 15,84

 4

 23,89

 7

 16,1

 5

 16,4

 5

 22,8

 7

30,45

9

36,14

10

EA

 -

 -

 -

 -

 24,5

 7

 22,5

 6

 17,2

 5

-

-

-

-

HB

 20,92

 6

 17,81

 5

 20,8

 6

 17,4

 5

 14,3

 4

19,87

5***

-

-

PP*

 -

 -

 12,52

 3

 12,1

 3

 16,4

 5

 23,8

 7

21,27

6

24,12

7

IU**

 2,31

 0

 1,13

 0

 -

 0

 1

 0

 5,3

 1

3,17

-

5,30

1

EE

 11,65

 3

 8,53

 2

 13,1

 5

 

 2

 -

 -

-

-

-

-

PNV+EA

-

-

-

-

-

-

-

-

-

.

23,81

7

30,19

9

C = Número de concejalías.

* En 1979 comparece como Coalición Independiente, en 1983 como coalición AP-PDP-UL

** En 1979, 83 y 87 el porcentaje corresponde a la candidatura del PCE-EPK

*** Bajo la  denominación Euskal Herritarrok

 

Resultados Electorales 2007-2011

 

 2007

 2011

%

C

%

C

PNV

17,14

5

18,43

6

PSE

37,43

11

23,25

7

EA

8,40

2

-

-

Bildu

-

-

24,96

8

PP

21,38

6

19,51

6

IU-EB-Aralar

11,35

3

-

-

Aralar

-

-

4,41

0

IU-EB

-

-

2,70

0

UPyD

-

-

1,52

0

H1

1,66

0

 

 

 

Composición del Pleno del Ayuntamiento donostiarra (2003-2015)

 

 

 

LÍNEAS GENERALES DE LA GESTIÓN MUNICIPAL

Con objeto de optimizar la gestión de los intereses municipales, el Ayuntamiento de San Sebastián optó en la década de 1980 por crear una serie de Patronatos Municipales que se encargarían de gestionar directamente determinados temas de competencia municipal. Estos patronatos son:

  • Patronato Municipal de la Vivienda (que desaparece en 2004, sustituido por la Entidad Pública Municipal de la Vivienda - Donostiako Etxegintza incorporando a Parvisa)

  • Patronato Municipal de Deportes.

  • Patronato Municipal de Albergues y Campings

  • Patronato Municipal de Euskara.

  • Patronato Municipal de Cultura

  • Escuela Municipal de Música y Danza.

  • Centro de Atracción y Turismo.

  • Centro Informático Municipal

Igualmente participa de forma mayoritaria o minoritaria en empresas que prestan diversos servicios a la ciudad, tales como la Compañía del Tranvía de San Sebastián, Donostigas (51%, después privatizada), Sociedad de Fomento, Quincena Musical, Festival de Cine de San Sebastián, Parque Tecnológico de San Sebastián, Parvisa (encargada de la rehabilitación primero de la Parte Vieja y más tarde de Sagüés), Convention Bureau, etc.

Año

 Miles de pesetas

 Euros

1988

 20.101.937

 

1989

 23.956.465

 

1990

 20.245.740

 

1991

 24.782.739

 

1992

 27.692.930

 

1993

 27.250.293

 

1994

 26.734.333

 

1995

 28.325.987

 

1996*

 26.251.896

 

1997

 

138.682.509

1998

 

168.102.491

1999

 

210.692.275

2000

 

172.925.312

2001

 

170.405.982

2002

 

200.206.145

2003

 

222.122.225

     
     
     
     

Ayuntamiento de Donostia-San Sebastián

Gastos Liquidados. Fuente: EUSTAT

* Presupuesto consolidado: Fuente BOG

 

 

 


Geografía e Historia de Donostia-San Sebastián / Juan Antonio Sáez García, Javier Gómez Piñeiro... et al

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