GEOGRAFIA E HISTORIA DE DONOSTIA-SAN SEBASTIAN

 

Geografía e

Historia de Donostia

S. Sebastián

Edición octubre 2013

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5.5

LA ACTIVIDAD ECONÓMICA

© Carmen Segurola Lázaro

La actividad económica desarrollada en un espacio ha estado condicionada, en un origen, por las características intrínsecas que tiene el territorio (topografía, recursos, minas, agua, bosques, suelo, etc.) y por la existencia de una fuerza de trabajo e iniciativa humana que canaliza y transforma estos elementos naturales. Con el paso del tiempo, la actividad económica se ha visto menos determinada por estos factores naturales y la dinámica de los espacios en cuestión ha estado más ligada a la localización de estas áreas respecto a los grandes ejes económicos (regionales, nacionales, internacionales), infraestructuras (red viaria y ferroviaria, aeropuertos, puertos, etc.), proximidad al mercado, suelo disponible ... que, a su vez, se apoyarán en las políticas económicas, situaciones coyunturales, planeamiento, etc. De esta manera, la valoración de un ámbito territorial concreto que se está transformando responde no sólo a las características naturales e intrínsecas sino también a las adquiridas con el paso del tiempo.

5.5.1 ACTIVIDAD AGROPECUARIA-FORESTAL Y PESQUERA

La actividad ligada al sector primario ha tenido una escasa importancia en el conjunto de la económica donostiarra, al igual que en el del T.H. de Guipúzcoa, ya que los factores naturales (topografía, el suelo, el clima, etc) no han sido elementos favorables para tal desarrollo, lo que ha motivado la necesidad continuada desde hace siglos de importar productos alimenticios de otros lugares con el fin de tener abastecida a la población.

A tal respecto pueden mencionarse algunas referencias medievales-modernas que así lo atestiguan como la de C. López de Zandategui y L. Cruzat (1583) que, en relación a Guipúzcoa, indicaban que "... para recompensa de la esterilidad y aspereza de la tierra de esta provincia puso en ella la Providencia Divina montes, aguas y metales de hierro y acero..., con lo que los moradores de ella hicieron herrerías".

En otras crónicas se hace también mención "a la capturas de ballenas y abadejo en Terranova... y a la construcción de grandes naos". En la Memoria del Proyecto de Ensanche de San Sebastián de 1862 el arquitecto A. Cortázar señalaba que "San Sebastián ha de ser un pueblo esencialmente mercantil, y no ha de serlo porque así lo haya acordado el Ayuntamiento, sino porque así lo exige su situación topográfica, porque así lo reclaman su historia, su situación presente y ... porque así lo quiere la naturaleza de las cosas que es superior a la voluntad del hombre".

5.5.1.1 Actividad agropecuaria-forestal

Tal y como se ha indicado, San Sebastián no ha tenido unas características naturales que favoreciesen el desarrollo del este sector ya que a la escasa productividad de los terrenos se unía la dificultad por disponer de suelo pues parte del mismo estaba en manos de la Villa, parientes mayores, mayorazgos, iglesias y establecimientos de beneficencia que, por lo regular, tenían poco interés por roturar, plantar y cultivar sus fincas. En este sentido hay que subrayar que en el Fuero de la villa de San Sebastián fue también favorecido el uso y costumbre de dejar al hijo mayor los bienes inmuebles (caserío, tierras, etc.) y al resto la legítima en dinero, lo que se conoce con el nombre de mayorazgo.

La agricultura practicada en los caseríos donostiarras ha sido tradicionalmente incapaz de alimentar a sus habitantes, lo que explica que los reyes de Castilla concediesen permisos para que los moradores de esta villa importasen de Bretaña, Normandía y otros puntos de Francia y Países Bajos los cereales necesarios para su sustento. Este fue también el motivo por el que se les permitió hacer conservas con los de Bayona y otros pueblos fronterizos de la tierra de Labort.

Ya desde la Edad Media se sabe que la actividad agrícola estaba asentada en las vegas de los ríos Urumea y Oria; en las pequeñas vaguadas de las regatas tributarias de los principales ríos (Igara, Añorga, etc.); y en las laderas con pequeña pendiente. Ante la carencia de trigo y maíz, este último introducido tras el descubrimiento de América, el cereal por excelencia que se cultivaba era el mijo con cuya harina se hacían tortas. A partir del siglo XVI será el maíz el cereal que se cultive mayoritariamente en los valles donostiarras, caracterizados por tener unos buenos niveles de humedad. Las legumbres apenas se cultivaban (habas, habichuelas, avena, centeno) importándose la mayor parte del interior del Reino. Las hortalizas más importantes eran la patata, remolacha, berza, coliflor, lechuga, cebollas, puerros, bróculi, espinaca, etc., sin olvidar el nabo que se utilizaba básicamente para la alimentación del ganado vacuno.

Desde antiguo se utilizaba como abono la arena del mar y el guano del Perú y como aperos de labranza el arado de madera con reja de hierro, la prensa para la uva, la falce para la poda, el escardillo para entresacar las malas hierbas, la guadaña corta, el rastrillo, el rodillo, el legón , etc.

Diversas fuentes históricas hacen referencia al cultivo del manzano y la producción de sidra en esta villa. Así, en el documento de donación de Leyre en el que refiriéndose a los manzanales señala "... con aquel cubilar de Loizta hasta aquella freza de Zopite hasta el litoral del mar, con las tierras, manzanales, pesqueras, marítimas, montes ...". Están también las escrituras de Alfonso VI de 1084 que indicaban la presencia de manzanos en las inmediaciones de Alza, zona que se ha caracterizado desde antiguo por tener importantes superficies dedicadas a este cultivo al igual que Astigarraga, perteneciente por aquel entonces a San Sebastián. En el año 1620 se aduce la existencia de manzanales y viñedos en la ciudad para prohibir la entrada de los jesuitas en la misma.

Ligado a esta producción está la elaboración de la sidra, generalmente con carácter artesanal, en caseríos ubicados en Alza o en el Alto de Amara (Errota Txiki). La importancia de esta producción era tal que se conoce de la existencia del Gremio de los Cosecheros Vendedores de Sidra.Ya en los albores del siglo XX aparece Rezola y Zufiría (década de los cuarenta), empresa dedicada a la elaboración y venta de sidras, y las marcas de sidras espumosas más conocidas por su calidad como Miquelete y Añorga, la primera de ellas perteneciente a G. Brunet.

En el propio Fuero de 1180 se hace también referencias a los viñedos de San Sebastián, hecho ratificado igualmente en diferentes Ordenanzas Municipales. Ligado a esta producción se crea en mayo de 1509 el Gremio de Podadores o Podavines y según una Real Cédula de 1550 "cerca de cuatrocientos vecinos y moradores de esta villa dependían de la labranza de binos". La explotación de los viñedos y la producción de txakolí estaban protegidos, entre otros, por los Reyes Católicos que llegaron a prohibir la entrada de otras bebidas hasta su total consumición. Este cultivo entra en crisis en la segunda mitad del siglo XIX, tras haberse cosechado a mediados de este siglo una producción de unas dos mil arrobas de txakolí. La práctica desaparición de los viñedos no se debió sólo a plagas, competencia de caldos foráneos (riojanos, navarros) que demandaba el turismo de lujo, y al incremento de la superficie dedicada a huerta, por el incremento demográfico y la mayor rentabilidad que ofrecían, sino también a quedar desplazados hacia las zonas menos fértiles por la expansión urbana e industrial que estaba experimentando la ciudad.

Abundaban también frutales como perales, ciruelos, cerezos, guindos, melocotoneros, higueras, nogales, avellanos ... entre las que sobresalían los castaños cuyos frutos eran utilizados por la población del caserío como parte importante de su alimentación. Por otra parte, las bellotas de los robles y, en menor medida, de las hayas servían para alimentar al ganado porcino.

Al igual que en el conjunto de Guipúzcoa, el caserío era la unidad de explotación que, con carácter familiar, desempeñaba las actividades asociadas al mundo agrario y se localizaba, de forma dispersa, por todo el término municipal. Con el paso del tiempo y el desarrollo de otros sectores económicos se inicia un proceso de abandono de estas explotaciones, proceso que es especialmente significativo a partir de mediados del siglo XX con el despegue de la actividad industrial en la comarca de Donostialdea.

Según fuentes consultadas, en la década de 1960 desaparecieron el 60% de los caseríos existentes, ya que de los 1.137 censados en 1962 se pasó a 468 en 1972. Esta evolución negativa del caserío continúa en las últimas décadas por la escasa capacidad que presenta, tanto para retener a la población rural existente como de atraer nuevos efectivos a este entorno. En el Censo Agrario del año 1999 escasamente se superan las tres centenas de explotaciones (328). Las personas que de ella viven comparten la actividad agraria con el trabajo en la industria o en los servicios, por lo que su dedicación es a tiempo parcial (atp). Esta dedicación parcial, iniciada también con el proceso de industrialización, ha dado a la mujer un gran protagonismo en el campo.

Los datos censales también indican que en 1989 la superficie total de las explotaciones donostiarras ascendía 2.769 Ha, un 13% menos que en 1972 (3.178 Ha), de las que la práctica totalidad son tierras no Labradas (2.600 Ha). Esto refleja que en el período 1972-89 no solamente ha descendido la superficie asociada a las explotaciones agropecuarias-forestales sino que también se ha registrado una reorientación de las mismas al disminuir numérica y porcentualmente las hectáreas de tierra Labrada (de casi un 15% de la superficie de 1972 a un 6% en 1989). No obstante, el censo agrario de 1999 eleva la superficie incorporada a explotaciones agraria (a pesar de la disminución de su número) hasta las 5.896 Ha. (?). Se observan entre 1989 y 1999  ligeros aumentos de la superficie labrada (de 169 a 284 Ha) y de pastos permanentes ( de 1.224 Ha a 1418).

 La mayor parte de los caseríos existentes se localizan principalmente en los barrios de Alza, Igueldo, Ibaeta, Lugaritz, Alto de Amara y Zubieta.

El tamaño de las explotaciones fluctúa, aunque puede decirse que en 1999 predominaban claramente las que tienen menos de 5 Ha., con el 65,2 % de las explotaciones, seguidas por las que oscilan entre 5 y  10 Ha. (20,4%), entre 10 y 20 (7,2%). Tan solo el 7,3% de las explotaciones (en número de 23) superan las  20 Ha. (7,2%)% .Respecto al tamaño que tenían las explotaciones a principios de la década de 1960 se detecta que las de mayor extensión han incrementado su presencia cuantitativa y cualitativa y que, por el contrario, han desaparecido las que tenían menos superficie. Como dato orientativo es preciso indicar que en 1962 más de la mitad de las explotaciones tenía menos de 2 Ha (52,1%), porcentaje que ascendía al 75,2% para las que detentaban una superficie total inferior a las 5 Ha.

El régimen de tenencia dominante de las tierras de los caseríos es el de la propiedad (78,7% de las hectáreas de las explotaciones) seguido del arrendamiento y respecto a décadas pasadas se tiene constancia de un incremento de la propiedad de las mismas aunque sin llegar a alcanzar la situación de Donostialdea (89,5%) ni la de Guipúzcoa (92,4%).

Por otro lado, el análisis de la edad de los titulares de explotación, denota una situación crítica ya que en 1999 sólo un 4,4% tienen menos de 34 años y el 37% tiene más de 65 años, a la para un tercio de ellos la agricultura no es sino una actividad económica secundaria.

A comienzos del siglo XX, e íntimamente ligado a la consolidación de la ciudad turística, se tiene conocimiento del desarrollo de la floricultura en las zonas de Loiola y Aiete, principalmente como actividad complementaria a la tradicional del caserío. No obstante, hubo casos de granjas localizadas en las afueras de la ciudad como La Orquidea o Villa María Luisa que se dedicaban a este cultivo como actividad exclusiva con viveros de árboles, arbustos y flores que destinaban a la creación y conservación de parques y paseos municipales así como a jardines públicos y privados. A finales del siglo XX la horticultura adquiere escasa presencia por la competencia de flor y planta del Levante español y de países europeos.

En la actualidad la superficie labrada, muy disminuida por el crecimiento urbano de la ciudad y que ha afectado especialmente a las zonas de menor pendiente y con mayor capacidad agrológica (Loiola, Igara, Aiete, etc.), se orienta hacia todo tipo de hortalizas (patata, tomate, vaina, lechuga, puerro, acelga, etc.) y de cultivos forrajeros destinados al ganado. A partir de los años setenta han aparecido en el paisaje donostiarra los invernaderos, permitiendo la obtención de hortalizas a lo largo de todo el año.

Las parcelas cultivadas se ubican principalmente en las vegas del Urumea (Loiola, Martutene) y Oria (Zubieta) y en las lomas de Añorga. Los cultivos hortícolas-forrajeros y las praderas se localizan, las primeras, en las parcelas cercanas a la edificación del caserío y, las segundas, en zonas también próximas pero más alejadas y accidentadas (Igeldo, Alza, Zubieta, Añorga, etc.).

En lo que respecta a la superficie No Labrada cabe decir que, según el Censo Agrario de 1989, de las 2.600 Ha., casi la mitad (47,1%) se dedica a pastos permanentes; una cuarta parte a usos improductivos (erial-espartizal-matorral) y un 24,9% a especies arbóreas forestales.

A finales del siglo XX los caseríos están más modernizados con la presencia de tractores, motocultores, segadoras, instalaciones de ordeño, tanques refrigeradores de leche, arados de vertedero o de disco, etc. aunque el pequeño tamaño de las explotaciones y la topografía del terreno impiden hablar de niveles altos de mecanización.

La ganadería ha sido también otra actividad asociada al caserío e implantada en este territorio tanto por las características topográficas como por cubrir las necesidades de la población. De la existencia de ganado en San Sebastián se tiene constancia por las distintas Ordenanzas Municipales como la de 1489 en la que en la número 150 indicaba que "el buey, vaca y becerro no podían entrar en los montes en tiempo de bellota sin licencia de su propietario, so pena de 50 mrs. por cabeza y vez". La 152 regulaba lo mismo para el ganado caprino y la 153 para el porcino. La 156 "fijaba una multa de 100 mrs. por cabeza de rocín, asno, vaca, buey o becerro que entrase en monte o jaral contra la voluntad de su dueño".

Durante mucho tiempo la alimentación del mismo se basaba en los pastizales y cultivos forrajeros hasta que la escasez de los mismos (sequías ...) llevó, a comienzo del siglo XX, a incorporar los piensos en la alimentación. A tal respecto puede mencionarse la creación del Economato de la Sociedad Agrícola Guipuzcoana que se creó en 1904 para la compra y venta de piensos.

En la medida que la ciudad iba creciendo, el abastecimiento de productos lácteos y cárnicos procedentes de los caseríos donostiarras (Amara, Loiola, Igara-Ibaeta, Aiete, Zubieta, etc) solía ser escaso, razón por la que era frecuente recurrir a las explotaciones del entorno más próximo de la ciudad (Astigarraga, Hernani, Urnieta, Rentería, Lasarte-Oria, etc.) o incluso de otras regiones (como Galicia para el caso de la carne). A comienzos del siglo XX destacaban como explotaciones de bovino la Granja Zabalegi, finca de 50 Ha propiedad de J. Lecumberri, la Granja de Zelai Aundi, entre otras.

Siguiendo a S. Múgica, en el año 1915 había en San Sebastián "390 expendedores de leche que tenían 1404 vacas productoras. Tenían a la venta el líquido en 839 vasijas de a 10 litros por término medio, así que la leche total que la jurisdicción municipal de San Sebastián proporcionaba a su mismo mercado era de 8.390 litros diarios. Ello no bastaba, ni con mucho, a satisfacer las necesidades de la ciudad, así era que de casi todos los pueblos, desde Irún hasta Orio, venían a San Sebastián expendedoras de leche en número de 1.250 que traían 25.000 litros de leche y llevaban a sus casas diariamente un total de mil duros".

A mediados del siglo XX, y según M. Gárate y J. Martín, había cerca de una centena de personas que distribuían la leche por la ciudad con un promedio diario de 200 a 500 litros de leche, además de un importante número de lecheros que vendían menos de 50 litros/día. Durante muchos años la forma habitual de acercar los productos hortícolas, lecheros, cárnicos, etc. a la capital era el transporte propio o la utilización de autobús o de ferrocarril, para todas aquellas personas que solían desplazarse desde unos 30 Kms de la capital. La leche se distribuía por las viviendas o se compraba en el correspondiente puesto del mercado.

Hasta la década de 1960 era frecuente ver por las calles de San Sebastián, especialmente en el entorno del los mercados, pequeños carros provistos de ruedas de caucho tirados por un caballo. Por lo general eran conducidos por una mujer, que era la encargada de transportar y vender los productos de los caseríos próximos en los mercados de la ciudad.

Con el fin de solucionar los problemas de abastecimiento de leche así como de higiene (se decía que el elevado índice de mortandad por tuberculosis en San Sebastián era superior al resto de Guipúzcoa) se planteó la necesidad de crear una Central Lechera, amparándose en el decreto del Ministerio de Agricultura de 28 de Marzo de 1944 por el que se capacitaba a los ayuntamientos para establecer la obligatoriedad de higienización de la leche.

En el año 1958, se funda en el barrio de Igara la empresa Centrales Lecheras Reunidas de Guipúzcoa (Gurelesa) y en 1962 se fusiona con la Cooperativa Guipuzcoana de Ganaderos, rompiéndose de esta forma con la tradicional forma de recogida, compra y tratamiento de la leche. Además de los ganaderos cooperativistas participaba como socio la Caja de Ahorros Provincial de Guipúzcoa. En la actualidad esta central, tras fusionarse con otras empresas, se conoce con el nombre de Iparlat y se ubica en el término municipal de Urnieta.

En el caso de la producción cárnica, y con el fin de cubrir las demandas de este producto con la importación de carne de otras provincias y evitar la intermediación de tratantes, se creó en 1910 el Gremio de Cortadores de San Sebastián. Las sucesivas guerras (mundiales y civil) junto a las frecuentes sequías afectaron negativamente en el abastecimiento de productos cárnicos llegándose a calificar Guipúzcoa como deficitaria en 1946, por lo que se le adjudicó 3.664 cabezas procedentes de Oviedo. Hoy en día la práctica totalidad de la carne que consumen los donostiarras procede de fuera de su municipio. La ciudad tiene un matadero en Martutene.

A pesar de lo señalado, a finales del siglo XX la orientación de un importante número de explotaciones donostiarras es hacia la ganadería, principalmente de bovino y, en menor medida, de ovino y porcino. Estas explotaciones se localizan principalmene en Igeldo, Zubieta, Martutene, Añorga, Igara-Ibaeta y Alza.

Según la Campaña de Saneamiento de vacuno del año en San Sebastián había 122 explotaciones con un total de 1.467 reses (2/3 son de orientación lechera) que dan una media aproximada de 12 cabezas/explotación, tamaño pequeño para entender que sean explotaciones que se dedican únicamente a esta actividad. Las explotaciones de mayor entidad corresponden a Ondazarte Elkartea (Igeldo), Zabalegi (Amara-Aiete), Basozabal (Alto de Amara) Bidarte, Txarrabategi (Añorga), Otaño (Ibaeta), Lehorpe (Rekalde), Aundi (Zubieta), Zapatari Enea (Martutene), etc. Predominan la raza frisona para el vacuno de leche y la limousin, pirenáica y mestiza para el de carne.

Respecto a las Campañas de Saneamiento de años anteriores se detecta que ha disminuido el número de explotaciones ganaderas de vacuno, lo que ha supuesto un descenso de la carga ganadera de bovino en este término municipal, al tiempo que se produce una caída del número de cabezas de bovino de leche y un incremento de las de carne. Este descenso del vacuno de leche hay que atribuirlo, principalmente, a que las explotaciones dedicadas a esta orientación tienen que ser muy especializadas y hacer importantes inversiones para lograr ser competitivas. Por otra parte, no cabe duda que también han influido las medidas aprobadas en 1992 por el Departamento de Agricultura y Pesca del Gobierno Vasco en las que se primaba el abandono del ganado de leche con el fin de crear una reserva de cuotas, tanto para cumplir las exigencias de reducción de cuota que llegaba desde la U.E. como para distribuir la cuota rescatada entre los ganaderos que querían aumentar su producción.

Aún y todo, la caída y reorientación de las explotaciones de leche hacia carne no es tan significativa como la que se está produciendo en el conjunto de Guipúzcoa y la C.A.V. Este cambio se localiza preferentemente en las explotaciones de menor tamaño, ya que las de mayor entidad, referidas anteriormente, son preferentemente de leche. La dedicación de las explotaciones ganaderas donostiarras hacia el vacuno de leche tiene una gran tradición que ha estado ligada a una cuota de mercado muy alta que se localizaba en la capital y área periurbana.

Respecto a la cabaña de ovino cabe indicar que en 1997 la Campaña de Saneamiento aportaba unas cifras de 2.554 cabezas en 40 explotaciones lo que ofrece una media de 64 cabezas/explotación. A diferencia del vacuno la evolución es muy positiva a lo largo de la última década del siglo XX (en 1991 había 1.591 cabezas en 33 explotaciones), incremento debido tanto a las subvenciones que reciben estas explotaciones como al mercado que tienen los productos de ovino en el conjunto de la Comunidad Autónoma; el menor apoyo que recibe el bovino de leche; y la competencia del exterior que experimenta el vacuno de carne. Las mayores cabañas de ganado lanar corresponden a las explotaciones de Pillotegi, Politana, Irigoyen, Bengoetxe, Eraunceta y Astabiscar. La raza de ovino que predomina es la latxa, fundamentalmente de raza negra.

Tanto en el caso del bovino como en el del ovino las explotaciones donostiarras se enfrentan con el problema de inexistencia de suelo para pasto lo que dificulta la viabilidad de las mismas y la necesidad de recurrir al arrendamiento y terrenos de utilidad pública.

En cuanto al resto de la ganadería cabe decir que no hay grandes explotaciones dedicadas a porcino, aves, equino, etc. y que, en general, la presencia de este tipo de ganado en las explotaciones donostiarras han ido perdiendo importancia. El ganado porcino era habitual en los caseríos donostiarras con uno o varios cerdos de recría que engordaban después de haberlos adquirido en los mercados o granjas. A principios del siglo XX existían explotaciones dedicadas exclusivamente a la cría del cerdo como la finca Los Luises o Santa Bárbara, esta última perteneciente a Casla, Dominguez y Rubio. La Campaña de Saneamiento de porcino de 1997 refleja, por un lado, que hay cuatro explotaciones con un total de 18 cabezas hembras (media de 4,5 cabezas/explotación), lo que no quiere decir que en muchos de los restantes caseríos no tengan algún cerdo de engorde para autoconsumo y, por otro, que respecto a años anteriores ha caído la presencia del porcino.

La cría de aves también ha tenido un carácter marginal en los caseríos al destinarse tradicionalmente al autoconsumo. No obstante, y ante la demanda creciente de la población donostiarra, se conoce en el primer cuarto del siglo XX la existencia de algunas explotaciones que se dedicaban con exclusividad a la producción y/o comercialización de productos avícolas, como la Cooperativa Huevera o la explotación del "señor Camio" en Loiola. En 1919 se sabe que el Ayuntamiento de San Sebastián llegó a crear una exposición avícola en los patios de la escuela de Amara y a fomentar la cría de aves con una "subvención de mil pesetas a crédito" con el fin de estimular esta producción y atender así a la demanda de productos avícolas de la población donostiarra. A finales del siglo XIX la mayoría de los caseríos de San Sebastián tienden a tener en torno a la docena de gallinas para autoabastecimiento aunque hay también alguna explotación como la Granja Avícola Zurutuza que se dedica en exclusividad a esta actividad.

Finalmente está el ganado equino, con escasa presencia, con 248 caballos censados en 1997 en 25 explotaciones, destacando la Yeguada Militar Lore Toki -actualmente en proceso de liquidación- la Hípica, Oiola, etc. vinculadas principalmente con la cría de puras sangres, la actividad deportiva o recreativa.

En lo referente a los montes cabe indicar que en un pasado este término municipal, como el conjunto de Guipúzcoa, tenía amplias superficies cubiertas con masas arbóreas de gran porte y entidad de robles, castaños, fresnos, álamos, alisos, abedules, hayas, nogales, chopos, .etc.

Las ordenanzas de muchos municipios, por las que se regían los concejos de las villas y lugares de Guipúzcoa y de las que muchas de ellas se han perdido, intentaban, entre otros aspectos, ordenar y regular la explotación, tala y repoblación del bosque, del cual se obtenía la madera para hacer carbón (ferrerías), buques mercantes y de guerra, etc.

En el caso de San Sebastián, ya desde las Ordenanzas Municipales confirmadas en Baeza el 7 de julio de 1489, en la que se recogían también gran parte de las incluidas en las redactadas desde la de 1397, se acompañan distintas disposiciones sobre montes, en relación claramente a que San Sebastián era copropietaria del Valle del Urumea con Hernani y, más tarde, con Urnieta. A tal respecto pueden referenciarse la ordenanza 119 que "disponía el nombramiento de guardamontes anuales para montes, dehesas y prados que vigilarían e impedirían las talas, descortezamientos, quemas o carboneos prohibidos; se les promete favor y ayuda y el salario acostumbrado, que perderían de ser negligentes". La número 148 "prohibía el corte de robles, castaños, nogales, fresnos u otro árbol sin permiso de su dueño, so pena del daño y 200 mrs. por cada vez" y la 149 "señalaba una pena de 60 mrs. más la devolución de lo cortado al que desbrancare, trasmochase o desollase la corteza de un árbol de los anteriores". Finalmente, la 150 "exigía a los bateleros, aleros y mulateros la declaración de en qué monte cortaban las leñas y maderas que aportasen a San Sebastián: si se hizo sin licencia de su dueño, pagarían a éste el daño y una multa de 100 mrs. cada vez" y la 155 "imponía un pago de 1.000 mrs. al que quemase monte ajeno sin licencia de su propietario".

Las talas abusivas continuaron practicándose a lo largo de muchos siglos ya que a la necesidad de obtener madera se unió la de roturar nuevas tierras para labrar y, sobre todo desde finales del siglo XIX, de acoger el crecimiento urbano e industrial. Como consecuencia de todas estas actuaciones muchos de los montes y colinas donostiarras como Igeldo, Urgull, Ulia, Aiete, Ategorrieta, Intxaurrondo, Alza ... han perdido gran parte de su cubierta vegetal.

Por otro lado, a lo largo del siglo XX y ligado al proceso de industrialización se han introducido en los bosques especies de crecimiento rápido, sobre todo pino, alterando de esta forma el paisaje autóctono caracterizado en un pasado por los robledales y bosques mixtos.

En los últimos años los esfuerzos registrados en el campo de la repoblación con especies autóctonas se está notando en la distribución de la masa forestal donostiarra ya que a mediados de los noventa la superficie de frondosas suponía el 60%del total, porcentaje superior al del Censo Forestal  de 1986 y a lo que estas especies ocupan en Donostialdea y Guipúzcoa (49% y 37% respectivamente).

Dentro de las frondosas destaca la extensión del bosque atlántico (501 Ha que representan algo más de la mitad de las frondosas) seguido de los robledales, Quercus robur, (314 Ha que suponen cerca de 1/3 de las mismas). Las coníferas, con una extensión aproximada de 655 Ha, tienen un gran protagonismo con la especie claramente dominante del Pinus insignis, Pinus radiata, que ocupa el 87% de éstas. Resulta significativo que el pino insignis es la especie arbórea que, a nivel municipal, ocupa más superficie (572 Ha). El resto de las especies, tanto de frondosas como de coníferas, apenas ocupan extensión (pino marítimo, roble americano, haya, eucalyptus, abedul, fresno, ...).

La titularidad pública de los bosques alcanza escasamente al 8% de la superficie arbórea, siendo de reseñar que están ocupados en su práctica totalidad con frondosas, hecho muy contrastado con lo que sucede en la comarca y territorio histórico donde las especies de crecimiento lento ocupan el 48,6% y el 19,8% de la superficie arbórea de los montes públicos. El único Monte de Utilidad Pública (M.U.P.) se encuentra en la mitad septentrional de Urdaburu, lo que corresponde a los Montes de Oberán que ocupan una extensión de 118 Ha (número 18 bis del Inventario de M.U.P. de la Diputación Foral de Guipúzcoa).

El III Inventario Forestal del País Vasco (1996) refleja que la distribución de los usos ha variado respecto a los ochenta en el sentido que ha aumentado la superficie forestal (1.635 Ha de arbolado denso y ralo) al igual que los prados y pastizales (1.749 Ha) y que, por el contrario, los usos improductivos asociados a los matorrales han descendido (558 Ha) igual que la superficie de los cultivos (tierras labradas).

Concluyendo, puede afirmarse que el crecimiento urbano y la presión de usos asociados a la ciudad junto a los ingresos modestos que los caseríos donostiarras obtienen (más de las dos terceras partes de los mismos tienen un margen bruto inferior al millón de pesetas anuales); la edad de los jefes de explotación; las medidas de la U.E.; y las plusvalías que puedan generarse en torno al territorio sobre el que en la actualidad se apoyan lleva a contemplar con incertidumbre el futuro del caserío donostiarra. La desaparación de los caseríos lleva implícito paralelamente la transformación del medio y del actual paisaje y, en consecuencia, la calidad medio-ambiental de este municipio ya que cada día continúan menos personas ligadas al caserío y al cuidado del medio rural (bosques, praderas, etc.).

 

5.5.1.2 Actividad pesquera

San Sebastián, emplazada en la costa cantábrica, ha estado vinculada desde tiempo inmemorial, al igual que otras villas costeras de Guipúzcoa, al comercio y a la pesca como medio de vida de sus gentes. Por tradición se conoce que la villa de San Sebastián entregaba todos los años al monasterio de Leire algunos salmones y que en la puerta del convento se representaba un jurado de esta población ofreciendo pescado.

A partir del Fuero de Sancho el Sabio de Navarra (siglo XII), el puerto de esta ciudad tendrá mayor interés como centro de tráfico mercantil que como actividad pesquera, quedando este hecho atestiguado con los diferentes privilegios que para estos fines les concedieron los monarcas castellanos como la Real Cédula de los Reyes Católicos de 3 de septiembre de 1500 en la que se indicaba que "los barcos de esta provincia fuesen preferidos para la carga de bastimientos y mercaderías en los puertos de ella a los de naciones extranjeros"; o la de de 6 julio de 1513 en la que "se determinó que en Guipúzcoa no se fabricasen navíos para extranjeros, ya fuese por estos mismos ya por los naturales"; o la del 18 de enero de 1582 en la que "se permitió que los buques de esta provincia pudiesen tripularse con la cuarta parte de marineros extranjeros, habiendo falta de naturales del país"; o la del 19 de septiembre de 1647 en la que "se mandó que los barcos de mayor porte, de fábrica de la provincia, fuesen preferidos para la carga a los menores y éstos a los extranjeros de más porte".

En lo que respecta a la pesca marítima se indica que ésta se podía practicar con total libertad en toda la costa de la provincia por lo que no se necesitaba el permiso de autoridad alguna. No obstante cabe referenciar, para el caso de esta villa, que la Cofradía de Mareantes de San Sebastián tenía un privilegio concedido por la reina Doña Juana de "pescar y echar redes desde la punta de Jaizquibel hasta la barra de Orio, con exclusión de los pescadores de otras partes". Este privilegio fue a menudo puesto en duda por la provincia, señalando que "no se respetaba la libertad e igualdad de derechos de sus hijos".

Los pescadores donostiarras de la Edad Media solían dedicarse a la pesca de ballenas y bacalao. De los cetáceos utilizaban la grasa y las barbas para hacer diferentes objetos. Prueba de estas capturas que duraron hasta el siglo XVII es la existencia del topónimo Peña del ballenero en el monte Ulia

El descubrimiento de las islas de Terranova permitió a los donostiarras dedicarse a la pesca del bacalao al igual que a la trinchería y sequería del bacalao, en cuya posesión estuvieron hasta el año 1697 cuando el rey de Francia se negó a darles los pasaportes conforme a los tratados de conversa ya que alegaban que estas islas era colonias francesas.

A mediados del siglo XIX se pescaba principalmente merluza, congrio, besugo y anchoa con una flota de 62 lanchas y botes. A finales del siglo XIX, tras unas pruebas realizadas en 1877, se empiezan a utilizar vapores para la pesca. Es de destacar que el primer barco de pesca (de todo España) que utilizó la tracción a vapor fue el Mamelena n. 1, matriculado en San Sebastián en 1880, primero de una flota de una docena de embarcaciones (las últimas matriculadas en el año 1909) con cascos primero de madera y más tarde metálicos, pertenecientes a la Sociedad Mamelena (1909), vinculada a la familia Mercader.

A principios del siglo XX estaban censados 16 vapores grandes de pesca a la rastra y más de 40 pequeños para la pesca de besugo y sardina, al tiempo que se introducen novedades en las técnicas y artes de pesca a utilizar. De estas fechas hasta comienzos del siglo XX el puerto y las industrias pesqueras asentadas tuvieron cierta importancia hasta que a partir de la década de los veinte los capitales donostiarras invertidos en este subsector se trasladaron al puerto de Pasajes.

Parte de la población pescadora ha vivido tradicionalmente en el barrio de La Jarana emplazado a orilla del mar y del mismo puerto. Las mujeres han sido tradicionalmente las que han vendido el pescado de forma ambulante por las calles y en los mercados.

A finales del siglo XX el puerto de San Sebastián, consolidado como puerto de bajura, desempeña fundamentalmente una actividad pesquera ya que la comercial, tan importante en siglos pasados, ha desaparecido y la dársena comercial ha sido ocupado por embarcaciones de recreo. El futuro del mismo se contempla con incertidumbre dadas las dificultades que presenta para su expansión: el crecimiento de la ciudad hasta el mismo puerto y la bahía de la Concha como elemento singular y emblemático de la ciudad.

La flota de bajura está formada por una treintena de embarcaciones, la mayor parte de muy pequeño tamaño (salvo algunos buques de cierto porte), especializadas en la pesca artesanal con palangre de superficie y en donde la figura del armador coincide con la de patrón. Tal flota experimentó un importante desarrollo durante los años sesenta, se vio afectada por las medidas de ampliación de la zona económica por parte de la U.E., que unido a las características intrínsecas de este subsector (con rasgos estructurales arcaicos en líneas generales) ha repercutido en el notable descenso del número de embarcaciones del conjunto de la flota donostiarra y guipuzcoana.

La flota desembarcaba a mediados de la década de 1990 en torno a 2.500 Tm de pescado, principalmente de bonito (una tercera parte), verdel (20,7%) y anchoa (12,1%) seguidos de atún, chicharro y merluza, con un valor de unas 538.499.100 pesetas, situándose por detrás de los puertos guipuzcoanos de Fuenterrabía, Guetaria y Pasajes. En 2004 el número de embarcaciones pesqueras adscritas al puerto de San Sebastián era de 19, siendo sus capturas del orden de 1.000 Tm anuales. En el año 2012 desaparece la Cofradía de pescadores razón por la que deja de desembarcarse pescado en el puerto.

5.5.2 ACTIVIDAD INDUSTRIAL

El municipio de San Sebastián no se ha caracterizado tradicionalmente por una implantación significativa de la actividad industrial, todo lo contrario de lo que ha acontecido en los municipios de su área metropolitana cuya industria se ha apoyado, entre otros aspectos, en los diversos cursos fluviales y en la cercanía del Puerto de Pasajes. La ciudad de San Sebastián potenció especialmente su función terciaria, apoyada en la actividad turística, ya desde el siglo XIX, mientras las distintas localidades guipuzcoanas y de su entorno más próximo estaban comenzando el proceso de industrialización que les definiría posteriormente como espacios netamente industriales y que, a finales del siglo XX, están teniendo comportamientos, algunos de ellos, similares a los de otras zonas del mundo que reciben el calificativo de antiguos espacios industrializados.

Sin embargo, si en el término municipal de San Sebastián no se asentaron gran número de establecimientos industriales, si que muchas familias asentadas en la ciudad invirtieron en el proceso de industrialización guipuzcoano. Tal es el caso de la familia Brunet, oriunda de Cataluña, que tras llegar a San Sebastián a mediados del siglo XVIII y crear una casa de banca, que financió gran parte del comercio del azúcar y del cacao en un momento de gran auge de la Compañía Guipuzcoana de Caracas, acumuló un importante capital que invirtió en la incipiente industria guipuzcoana, jugando un papel decisivo en la capitalización de los sectores textil y papelero de este territorio histórico.

Aún y todo, el asentamiento, desarrollo y despegue de la actividad industrial en San Sebastián no puede disociarse del proceso de industrialización del conjunto de Guipúzcoa, iniciado a partir de 1840, y que en esta ciudad estuvo unido a la implantación de diferentes establecimientos asociados a las ramas de los bienes de consumo.

5.5.2.1. Actividad preindustrial

El molino, elemento emplazado tradicionalmente en el mundo rural y localizado junto a las riberas de los ríos y arroyos con el fin de aprovechar la energía del agua y aire para triturar principalmente los cereales y semillas farináceas, es uno de los elementos asociados a la actividad preindustrial desarrollada en San Sebastián y que entró en crisis con la aparición de las harineras industriales.

Las referencias a este tipo de establecimientos se encuentran ya en el Fuero de San Sebastián (artículo I-6) cuando el monarca señala que "... quiero y doy como fuero a los pobladores de San Sebastián, que hagan hornos, baños y molinos, y que los posean ellos y todos sus descendientes libres y exentos, y que el Rey no demande en ellos censo alguno". En opinión de M. de Lekuona, la referencia más antigua de la existencia de molinos en esta ciudad es de 1270 cuando en un documento de permuta entre el Monasterio de Iranzu y el Obispado de Pamplona se concede "... el Monasterium Sancti Sebastiani veteris superius nominatum, cum molendinis pomariis, bustalicio cum eius decimis ...".

Sobre molinos de viento cabe decir que en un documento de Alfonso XI de Castilla se autorizaba en 1370 la construcción de ingenios de estas características dentro del palenque y cercas de San Sebastián y también en la Atalaya. Según el Dr. Camino hubo uno en Urgull y otro en Aiete, éste ultimo conocido por Aize Errota y reaprovechado posteriormente como almacén de granos, de ahí que también haya sido conocido por Almazene. Pero, en opinión de A. Aguirre el único existente fue el de Aize Errota en el barrio de Lugaritz y cuya referencia más antigua data de una descripción de E. F. de Arruti del año 1860 en el que se dice "varios molineros a orillas del Urumea, oria y riachuelos del Antiguo; y uno de viento construido recientemente a 1.500 varas al sur de la Ciudad", concretamente en la subida a Aldapeta, junto al edificio de La Cumbre.

Siguiendo el Tratado de Molinología de A. Aguirre, los molinos existentes en Donostia-San Sebastián eran

* Juanindegi Errota que estaba emplazado al pie de Juanistegui, actualmente junto a la Clínica de San Juan de Dios;

* Errota Txiki en el barrio de Egia (aproximadamente delante de la actual factoría de Koipe), uno de los siete molinos de marea (aquellos que aprovechan el flujo y reflujo de las aguas marinas) existentes en la capital en el siglo XVI.

* Santiago Errota, construido a principios del siglo XVI por E. de Santiago, dueño a su vez del también molino de mareas de Malvernet en Pasaia, y situado en el cruce de las calles Catalina de Erauso con Paseo de Errondo en el barrio de Amara y desaparecido en 1975 ante el crecimiento urbano de este barrio;

* Anoeta Errota y Errotaxo, citados en 1775, estaban localizados en la zona de Anoeta, el primero derruido en la década de los setenta con la realización de la variante de la capital;

* Agirre Errota o Errota Berri, citado por primera vez en 1566, estaba ubicado en la zona alta de Amara (detrás del Hospital Ntra. Sra. de Aránzazu);

* Errota Berri, Naza Errota o Santander Errota, molino de mareas construido en 1536 por Lope de Arpide, que se hallaba en la orilla izquierda del río Urumea, en frente del Centro Hospitalario Quirón;

* Errota Aundieta, situado en el Barrio del Antiguo (actual calle Matia);

* Errotazar, localizado en la margen izquierda de la regata de Igara (Ibaeta), se nombra por primera vez en 1693, es utilizado por la fábrica La Providencia en 1912 para desviar agua hacia la misma (15 litros por segundo de agua);

* Ekogortxiki o Errotatxo construido en 1737 en la zona de Ibaeta (detrás del antiguo edificio de Iparlat-Gurelesa y desaparecido con la mencionada construcción);

* Igara Errota, Yguera o Ygara, ubicado en la margen derecha de la regata de Igara y del que se tiene conocimiento desde 1775;

* Errotaberri, situado en la margen izquierda de la regata de Igara, en el barrio del mismo nombre y del que se tiene noticias desde 1717;

* Konporta Errota, molino de mareas construido en 1574 en el Barrio del Antiguo, y afectado también por los procesos de desecación que se llevaron a cabo en muchas de las marismas de los cursos de agua de la capital;

* Errotazar o Añorga Errota y Sustraiarte Errota, en el barrio de Lugaritz, desapareció con la construcción de la variante de la ciudad;

* Mateako Errota, situado en el barrio de Martutene (cerca del actual polígono 27) y para el que existe la hipótesis de ser anteriormente Molino de Sarranta (finales del S. XV);

* Juanetxe Errota, en el barrio de Alza, junto al caserío Gomistegi y al arroyo conocido por Erreka, de finales del siglo XVI;

* Errotazar, emplazado en el barrio de Herrera, junto a la regata de Larratxo, y sobre el que se estableció en 1965 la Harinera de Chinguri;

* Lesson Errotas o Landarbaso Errota, ubicado en Landarbaso, junto a la regata y las cuevas del mismo nombre y que dejó de funcionar hacia el año 1900;

* Aizpurua Errota o Antton Errota, eregido en el siglo XVI en la margen izquierda del Oria, en el barrio de Zubieta y transformado en serrería tras la ultima molienda realizada hacia el año 1920;

* y Artikutza Errota y Gozarin Errota en la finca navarra de Artikutza, propiedad del Ayuntamiento de San Sebastián y para servicio básicamente del ferrón, familia y laborantes de las ferrerías respectivas.

Durante la Edad Media en el barrio de Santa Catalina y en varios lugares de las márgenes del río Urumea, en plenos arenales, había importantes astilleros que dieron gran fama en la construcción de navíos entre los años 1200 y 1700 con encargos que venían de toda España y Europa. En este sentido cabe señalar que de los once navíos que participaron en la Armada Invencible ocho eran de esta ciudad y un navío de 1.522 toneladas construido en 1.657 tuvo el honor de ser elegido como Real Capitana de la Armada por Felipe IV.

Otra actividad preindustrial desarrollada es la asociada a la actividad ferrona. En este sentido hay que mencionar el acuerdo de 2 de agosto de 1379 entre los morados de la villa de San Sebastián y los de Hernani, después de que esta última se hubiera constituida en villa (año 1377), sobre la regulación de la siderurgia en la zona del Valle del Urumea y sin hacer mención al Fuero de Ferrerías que se utilizaba en muchos de los valles guipuzcoanos. Entre otros acuerdos destacaban que:

* "En el Urumea pudieran hacerse la más ferrerías posibles por los vecinos de las partes, pero no por no vecinos (salvo licencia de las villas y jurando hacer buena vecindad).

* Las ferrerías así levantadas por los vecinos no podrían ser vendidas fuera de la vecindad.

* El hierro labrado en ellas debería ser descargado en San Sebastián o Hernani, so pena de perderlo y de 1.000 mrs. por cada vez.

* Los pleitos entre los ferrones y los mercaderes y abastadores de las ferrerías podrían hacerse indistintamente ante los alcaldes de cualquiera de las dos villas".

La actividad ferrona desarrollada en la jurisdicción de San Sebastián estuvo más asociada a la comercialización de los productos de las ferrerías que a la producción del hierro, siendo prueba de esto la existencia de datos sobre la fiscalización del hierro a través de aranceles, el comercio del mismo, la lonja, etc. A tal respecto hay que referenciar la creación de un tipo arancelario, el 15 de abril de 1463, que recaía sobre los productos siderúrgicos con el fin de reparar los muelles del puerto de esta ciudad. También pueden mencionarse los acuerdos del regimiento de 1571-73, especialmente el del 26 de enero de 1571 en el que "se ordenó al braceador del peso de la lonja, Martín de Arano, no comprar ni vender hierro de la misma para sí o para otro, so pena de 2.000 mrs". Este mismo día se acordó hacer dos lonjas: una para el hierro hecho con vena de Músquiz y otro para el hierro navarro o guipuzcoano labrado con vena de la tierra. El 30 de junio de este mismo año se denuncia el intento de meter hierros hechos con vena de la tierra en la lonja mayor. Por otro lado, y a lo largo de los años 1572 y 1573, se asiste a un largo proceso con los ferrones del Leizarán por el pago de alcabalas que terminó con el reconocimiento por parte de la villa de un único pago global de 10.000 mrs. anuales entre todos los ferrones.

La Villa de San Sebastián adoptó diferentes medidas para separar y distinguir en sus almacenes los hierros navarros (o los que se hacían con vena de la tierra) de los vizcaínos (mineral). La falta de control de la calidad del mineral y del hierro comercial originaba graves daños a la siderurgia al venderse por hierros hechos con mineral vizcaíno los elaborados con vena de la tierra. Esto llevó a las Juntas Generales de Mondragón a fijar, el 24 de noviembre de 1559, un sistema para la limpieza del trato del hierro, fijándose una serie de marcas para la ferrerías de las distintas zonas o valles y que en el caso de las del Valle del Urumea (jurisdicción de San Sebastián y Hernani), Lasarte, Acelain, Agaraiz, Urriolondo, Lizaur, Amasaola e Inturia), que labraban con vena de Músquiz y llevaban el hierro a San Sebastián, era la letra S.

Según Gorosábel, la lonja de San Sebastián estaba situada en la parte alta de la ciudad, con vistas a los muelles, y para Pedro de Medina (año 1526) estuvo en el puerto-puente de Santa Catalina. También se tiene conocimiento de la existencia de una lonja en el puerto de Pasaia, en la ribera perteneciente a San Sebastián.

A pesar de todo lo indicado, y siguiendo a L.M. Diez de Salazar, entre los siglos XIV-XVI no había en San Sebastián ninguna de las 201 ferrerías inventariadas en Guipúzcoa por aquellos años, siendo las más cercanas las ubicadas en la jurisdicción de Hernani (Valle del Urumea).

A finales del siglo XVIII-principios del XIX se asiste a la decadencia y desaparición de la actividad ferrona como consecuencia, entre otros factores, de la subida del precio del carbón, de la competencia sueca, de la entrada de hierro inglés y de la situación arancelaria que supuso la fácil entrada de productos extranjeros que competían con los autóctonos. Ante esta situación se adoptaron medidas proteccionistas como el traslado a las aduanas del Ebro a la costa a mediados del siglo XIX significando, paralelamente para Guipúzcoa y Donostia-San Sebastián, el comienzo de una nueva etapa económica.

5.5.2.2. El proceso de industrialización

El proceso de industrialización iniciado en la capital guipuzcoana, al igual que en el conjunto del T.H. de Guipúzcoa, está unido tanto al traslado de la aduana a la costa en 1841 como a la Abolición de los Fueros (Ley de 21 de julio de 1876) y la fijación de un régimen excepcional que sería el de los Conciertos Económicos y regulados, por primera vez, mediante el Real Decreto de 28 de febrero de 1878 hasta que el Decreto-Ley de 23 de junio de 1937 suprime el régimen de Concierto Económico en Guipúzcoa y Bizkaia. Este sistema permitió que la Diputación de Guipúzcoa desarrollase su propia política fiscal que favoreció la inversión al presentar este territorio con unas claras ventajas fiscales frente a otras áreas del resto del estado. Todo esto junto a la política económica general claramente proteccionista, beneficiaron el desarrollo de la industrialización al quedar eliminado la posible competencia exterior. La supresión de los Conciertos en 1937 alteraría parte de estas condiciones favorables aunque a partir de 1950 y hasta mediados de los setenta, y ligado al momento coyuntural de crecimiento económico, aparece un cierto dinamismo en la creación de nuevas empresas. La crisis de los setenta afectará a la estructura industrial de esta ciudad, con el cierre, traslado o compra por parte de multinacionales de algunas de las grandes empresas asentadas en San Sebastián durante años.

En este recorrer histórico por la capital guipuzcoana hay que partir del gran dinamismo económico de finales del siglo XIX y primer tercio del siglo XX que se materializa en la constitución de muchas sociedades y entidades con capitales de muy diverso origen (español y europeo) al amparo de esas ventajas fiscales descritas aunque, en opinión de M. Gárate y J. Martín, carentes de efectividad en ocasiones ya que los centros productivos estaban alejados de los límites de esta ciudad. A partir de 1925, con la renovación del sistema fiscal, y de 1937, con la supresión de los Conciertos Económicos, cae de forma importante el número de sociedades que se registran en San Sebastián.

De los primeros establecimientos industriales que se tiene constancia es el de una fábrica de armas de fuego y blancas; una cordelería en el barrio de San Martín; la industria de Manuel Mercader (1845), implantada cerca del Palacio de Aiete y de la antigua carretera que llevaba a Hernani, dedicada al blanqueo de ceras con técnicas muy artesanales que utilizaba la fuerza de los rayos solares para decolorar las finas capas de cera de abeja que se extendían sobre 120 plataformas; una fábrica de papel pintado creada en 1846 por Rousson Mayor y Cía que daba empleo a 40 personas y con gran fama que llegaba a Madrid; otra de curtidos y velas de sebo en el barrio de San Martín y propiedad de R. Marticorena; otra de remos en Santa Catalina y propiedd de los Iriberri; y hacia 1854 el primer centro productivo dedicado a la producción de fósforos. En 1877 la familia Brunet instala una fábrica de botellas de vídrio en Ondarreta y en la que, según la Gaceta Industrial de 1881, trabajaban 80 obreros y producían 4.000 botellas diarias.

Tras el derribo de las murallas y el comienzo de los Ensanches, el crecimiento y la expansión de la ciudad de San Sebastián supuso la instalación y creación de establecimientos dedicados a la transformación de la madera, destacando el taller de Manuel Urcola, implantado en 1865 (en 1825 estaba en Tolosa), y el de Ramón Múgica Echeverría3 (creado en 1874),y los talleres metálicos de Javier Luzuriaga de Ategorrieta.

Las inversiones en actividad industrial en la capital guipuzcoana se concretaron principalmente en el período que va del último cuarto del siglo XIX al primero del siglo XX, con unas características generales que se acercan a las del proceso de industrialización guipuzcoano al ser una industrialización no dirigida por un grupo burgués fuertemente concentrado sino por una pequeña y mediana burguesía que, en muchas ocasiones, tenían un marcado carácter familiar; con una relativa diversidad sectorial y con escasa representatividad de las ramas del textil, papel y siderometalúrgico, muy importantes en el conjunto guipuzcoano, y con predominio claro de la pequeña y mediana empresa.

El capital protagonista del incipiente desarrollo industrial en Donostia-San Sebastián fue principalmente donostiarra, en menor medida guipuzcoano, aunque también hubo participación de capital foráneo de origen bilbaíno, madrileño, francés, suizo, alemán, etc.

Haciendo un análisis de las distintas ramas de actividad, no cabe duda que la de Alimentación, Bebidas y Tabaco es una de las que ha adquirido en un pasado un mayor protagonismo en esta ciudad. A partir de reducidos capitales y promovidas tanto por comerciantes donostiarras como por capitales foráneos se crean importantes sociedades, algunas de las cuales continúan hasta nuestros días, y atraidas desde finales del siglo XIX por la concentración urbana que existía en la capital y su entorno.

Ligados a la fabricación de cervezas, Donostia-San Sebastián conoce la implantación de diferentes establecimientos: la Cervecera de la Viuda de Pozzy que hacia 1837 elaboraba cerveza, gaseosa y sifón con unas materias primas que importaba de Estrasburgo (lúpulo) y de Castilla (cebada); la de Benito Kutz que ubicada en Ategorrieta fabricaba cerveza y hielo con una capacidad productiva de 6 toneladas diarias; la de Pedro Escala, emplazada en el barrio de El Antiguo; y La Deliciosa, fundada por F. Abons en 1878. Hacia 1881, según J. Catalán, la Viuda de Pozzy producía cerca de 80.000 litros anuales y exportaba su producto a la Habana y Puerto Rico; la de Abons unos 4.000 litros semanales. Estaba también Aristeguieta y Cía (1901) dedicada únicamente a la venta de hielo. El entorno de estas primeras fábricas se adornaba con jardines y arbolado, constituyendo unas áreas gratas para el recreo y esparcimiento. Las fábricas cerveceras se caracterizaban por una tipología edificatoria de desarrollo vertical, de acuerdo a la organización del proceso productivo en la elaboración del producto.

A principios del siglo XX se implanta la fábrica cervecera de Juan y Teodoro Kutz, hijos de Benito Kutz, empresa de carácter familiar que en 1965 se transformó en sociedad anónima y una de las empresas más significativas del tejido industrial guipuzcoano, emplazada en Venta Berri (El Antiguo), en la zona de San Sebastián con mayor concentración industrial del tipo de gran empresa, hasta que en 1978 se trasladó a Navarra. Esta empresa contrasta con la escasa vigencia que tuvo la empresa cervecera creada en 1914 por Ramón Kutz y Hermanos que se disolvió en 1925. La familia Kutz destaca como un clan que ha extendido su inversión más allá del ámbito geográfico de la capital guipuzcoana al estar también detrás de las firmas cerveceras Knorr, La Estrella, el Frío Industrial Burgalés, Carbónica Guipuzcoana, etc. La antigua cervecera donostiarra de Kutz, ubicada actualmente en el municipio navarro de Arano, se conoce, entre otras, con la marca comercial de Cervezas El León. De estas empresas Carbónica Guipuzcoana S.A., creada en 1958 y dedicada a la fabricación de bebidas refrescantes con las marcas comerciales de La Casera y Trinaranjus, continúa ubicada en barrio donostiarra de Loiola.

Los establecimientos chocolateros han tenido también una gran tradición, al igual que en el T.H. de Guipúzcoa, con una tipología edificatoria característica que respondía a la ubicación del obrador y zona de venta al público en planta baja, siendo el resto de la edificación destinado a vivienda. La implantación de centros fabriles de estas características se debe a la popularidad que adquirió este producto en los actos sociales a lo largo del siglo XIX, y ya conocido desde el monopolio detentado por la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas durante el siglo XVIII. Destacaban el establecimiento de José Erquicia implantado en 1880 o la empresa de Louit Hermanos y Cía que trasladó la sucursal que tenía en Pasajes al barrio de Gros de la capital en el año 1893, como filial de la casa central que tenían en Burdeos desde 1825. En 1927 esta sucursal se separa de la central, pasando a denominarse Productos Alimenticios Louit. En el año 1909 sobresale la inversión de capital suizo con la implantación de la fábrica de chocolate de Russ, Suchard y Cía. en Venta Berri (El Antiguo), sociedad que se transforma en Chocolates Suchard S.A. Española en el año 1928, momento a partir del cual registra un crecimiento constante hasta que se cierra en la década de los ochenta.

La elaboración de tabaco en Guipúzcoa fue tardía respecto al resto del territorio español ya que hasta la abolición foral (1876) el territorio foral podía dedicarse libremente a la venta y tráfico de tabaco dentro de sus límites territoriales. Ligado a este hecho se entiende la instalación de una fábrica de tabaco, en octubre de 1878, en la calle Garibay de San Sebastián, que llegó a emplear en 1897 a 663 empleadas, todas ellas mujeres, cifra muy por encima de los 152 varones y 3 mujeres que empleaba el otro gran establecimiento de la ciudad, La Esperanza, emplazado en el barrio de Añorga. El incremento del consumo del tabaco alcanzó cotas muy altas a finales del siglo XIX por lo que hubo de plantearse la realización de un nuevo edificio que acogiese una cifra de trabajadores cercana a los 2.500, numerosas máquinas e instalaciones mecánicas y que permitiese almacenar materia prima suficiente para trabajar durante seis meses. De esta forma se levantó el edificio de la actual Tabacalera de San Sebastián, junto a la estación del Ferrocarril del Norte. Este gran conjunto fabril, inaugurado el 18 de julio de 1913 y que recuerda por sus dimensiones-diseño a un gran conjunto palacial, adopta más la morfología de las antiguas fábricas reales que modelos tipológicos fabriles típicos de principio de siglo XX. Es uno de los elementos más valiosos y singulares del patrimonio industrial donostiarra y guipuzcoano y el único establecimiento en la capital existente a mediados de los noventa dedicado a esta actividad, aunque con un empleo que se aleja bastante del que generaba a principios de siglo al no superar las 400 personas.

El primer precedente en la elaboración de aceites está en la Vasco Toledana creada por la sociedad Lizarriturry y Rezola en el año 1928 aunque la continuidad de este sector en la ciudad se encuentra en la empresa Compañía Oleícola y Productos Especiales S.A. (1954), actualmente Koipe, a partir de la iniciativa de un grupo de almacenistas y distribuidores de aceite guipuzcoanos. Esta empresa emblemática pertenece en la actualidad a una multinacional desde que en 1981 participó la empresa francesa Lesieur, Cotelle et Associés S.A. y, posteriormente, el grupo Eridania Beghin Say (Montedison). En el paseo del Urumea continúa la sede social de Koipe S.A., ocupando una superficie de 6.209 m2 entre oficinas, almacén, sala de fabricación y servicios con un empleo que no alcanza la centena de personas a finales del siglo XX ya que los centros de producción, refinado, envasado, distribución y cultivos del grupo están repartidos por diferentes zonas oleícolas de España.

Al lado del anterior establecimiento, en el Paseo del Urumea, se encuentra la actual Bodegas y Bebidas S.A., empresa dedicada a la elaboración y compra-venta de vino, y fundada en 1959 por J. Alcorta, J.J. Areízaga y L. Imaz (también participes en la sociedad Koipe) con el nombre de Savin, y un número de trabajadores en los años finales del siglo XX cercano al centenar. Han existido también otros establecimientos dedicados a la elaboración de vino como Loidi y Zulaíca (1921) y que trasladó su sede a Madrid a finales de los setenta.

Para finalizar con la rama de Alimentación hay que subrayar la empresa Odriozola y Berridi que se creó en 1923 tras la fusión de Manuel Odriozola e Hijos con Hijos de Berridi que continua dedicándose en la actualidad a la elaboración de pan y bollería bajo la marca comercial de Rich. También se creó Caldos Rápidos S.A., posteriormente Starlux S.A., en 1958 por los hermanos J.B. y J.M. Orlando Olasagasti, con participación de capital italiano, y Salvador Orlando S.A. en 1961, centro dedicado a las conservas y salazones y actualmente Heinz Ibérica tras haber sido absorbido por el grupo multinacional Heinz; etc.

A finales del siglo XX sigue siendo importante el número de empresas, mayoritariamente de pequeño tamaño, que pertenecen a la rama de la Alimentación, Bebidas y Tabaco. A las ya mencionadas se incluyen, dentro de las dedicadas a la fabricación de pan, bollería ..., Norpan S.A., Ogi Berri, Panificadora Marcos, Aurrera Bide S.A.L. (Dover), Donostiarra La Alimentación S.A. (Labeak), J.R. Echave, Galparsoro Okindegia S.A., La Golosina, JOMUGA, Ogizaleak, Panadería Gloria, Pastelerías Otaegui S.L.; a la elaboración de productos alimenticios Aperitivos del Norte S.L., Cocina Industrial José Arratibel S.L., Casa Armendariz S.A.; a la torrefacción de café Cafés Gao S.L.; a conservas de pescado Secaderos Unidos para la Explotación Recursos Marinos S.A.(Supermar), Secaderos Cofruit S.A., Pesquera Echalar S.A., Pescados y Mariscos Easo S.A., Pescafría S.A.; envasado de verduras y hortalizas Frutas Goxua S.A.; entre otras. Es de destacar el traslado a Urnieta del establecimiento de Iparlat (Gurelesa), anteriormente ubicado en el barrio de Igara.

La capital guipuzcoana también conoce la implantación de centros fabriles químicos que no necesitan situarse cerca de los cursos fluviales, ya que la mayor parte incorporan las máquinas de vapor como fuerza motriz y energética, primando la cercanía al Puerto de Pasajes y a la frontera por su facilidad en el aprovisionamiento de materias primas. Durante la segunda mitad del siglo XIX, en concreto en el año 1864 aunque la primera inscripción en el Registro de Sociedad es de 1883, destaca la implantación de Lizarriturry y Rezola en la zona de Venta Berri (El Antiguo), establecimiento conocido con el nombre de La Providencia, fundado por los comerciantes Manuel Lizarriturry y Echave y José Antonio Rezola Gaztañaga con el fin de fabricar, vender y expedir jabones, bujías y estearinas. En 1877 producía una media anual de 125.000 Kg. de estearina y daba empleo a 21 trabajadores. Las materias primas se importaban de Buenos Aires (el sebo) y de Francia e Inglaterra (sal de sosa caústica), hecho este último que denotaba un avance tecnológico para su tiempo al elaborar sosa sintética a partir de la sal.

Según M. Ibáñez et al. este establecimiento industrial registró dos incendios, en los años 1875 y 1885, reedificándose por completo tras el último de los mismos con un pabellón aparejado en mampuesto y de una sola altura. A partir de este pabellón se fueron creando otros a lo largo de la década de los diez del siglo XX de tal manera que en 1915 el conjunto edificado alcanzaba una superficie de 60.000 m2. y los pabellones se comunicaban con una red interna de más de 1 Km de vía férrea que enlazaba, a su vez, con la línea general de tranvías de San Sebastián que llevaba las mercancías directamente hasta el Puerto de Pasajes. Las sucesivas ampliaciones respondían a la diversificación de su gama productiva, perfumería y lejías, al tiempo que cubría también una demanda industrial con la elaboración de colas para las fábricas de papel al tiempo que continuaba con la producción de aceites de semillas y tortas de coco para alimentación del ganado. En esta época este establecimiento industrial daba empleo a más de 200 trabajadores.

Esta empresa, con un marcado carácter familiar a lo largo de su existencia, llega a explotar en 1973 actividades relacionadas con la industria química, siderometalúrgica, construcción, alimentación, transporte, etc. En 1979 inició un proceso de disolución, tras haber adquirido un año antes Lipoquímicas Reunidas S.A. En la actualidad, no queda nada de este ejemplo de arquitectura fabril de finales del XIX-principios del XX tras derribarse a finales del siglo XX doce pabellones para dejar espacio para la construcción de viviendas.

Dentro del sector químico hay que destacar también la instalación de un centro fabril de refinados de azúcares y destilación de aguardientes en 1882 por parte de la sociedad Osacar Hermanos, desaparecida poco después; Domingo Bentem en 1889 instalaba otra de aguardientes y licores; Henri Gernier y Cía. abría una destilería en Herrera en 1892; de similares características (aguardientes, licores y jarabes) eran los establecimientos promovidos por la firma Destilería Modelo y por J. B. Amiel, este último ubicado en el barrio de Gros en el año 1895. A finales del siglo XX la actividad química tiene escasa presencia en esta ciudad, pequeños establecimientos destacando Vitafarma S.L. en Loiola, Colas Otaduy S.A. en el barrio de Martutene, Industrias Plásticas Castro S.A. en el barrio de Molinao-Alza y Upsamédica S.A., principalmente.

La actividad textil no ha tenido apenas presencia en la capital, todo lo contrario de en su territorio histórico, siendo de destacar la fábrica de lienzos pintados de Domingo Gaste, fundada en 1777, y el taller de telares de Francisco Alen, incendiado por soldados ingleses en 1813. Posteriormente sobresale el déposito que La Sociedad Tejidos de Lino de Rentería tenía en esta ciudad, inaugurada en 1845 por C. Seches y varios hermanos Londaiz, lugar en el que se vendían estos tejidos. A finales del siglo XX los establecimientos existentes en la ciudad que destacan en la rama textil, confección y cuero son de reducida entidad.

La actividad ligada a la Transformación de la Piedra, Fabricación y Venta de Cal Hidraúlica, Cementos, etc. ha estado también implantada en esta localidad, siendo de reseñar la fábrica La Fe que en 1859 fundó José María Beitia y Cía. en el paseo de Miraconcha para la elaboración de cemento natural y ladrillos y que desapareció a principios del siglo XX por la expansión residencial de este barrio céntrico. La sociedad Cortázar y Cía. que regentaba la misma, utilizaba el lignito de la mina La Luz de Hernani y tenía sus propias canteras. Su cercanía al ferrocarril y al puerto de San Sebastián le facilitaba la comercialización de sus productos.

La gran empresa de La Esperanza, con origen muy modesto y cerca del pequeño molino de Añorga Txiki, fue fundada en 1856 por José María Rezola y Gastañaga. Contaba con cinco hornos continúos para la calcinación de la piedra y ocupaba en aquel entonces a unos 20 operarios. Los inicios, a partir de una rueda hidraúlica que accionaba un par de muelas verticales para triturar el material calcinado en la cantera de margas cercana, quedó atrás con la instalación en 1883 de cuatro molinos horizontales, una trituradora y varios cedazos. El material de la cantera, situada a un kilómetro del centro productivo, empezó a transportarse por vía férrea con tracción animal. En 1900 se convierte en sociedad en comandita, Hijos de J.M. de Rezola y Cía., en la que además de los hermanos Rezola Olasagasti fueron socios José Loidi, J. Ituarte, J. Irastorza, M. Larrañaga, M. Lizarriturry y J. Rezola.

La ampliación de socios y de capital permitió la creación, en 1901, de la nueva fábrica de portland en el lugar donde se encuentra en la actualidad y conocido por Añorga Aundi. Al principio toda la maquinaría se accionaba con vapor pero en 1902 se introducen motores eléctricos, pasando a ser la primera empresa abonada a Hidroeléctrica Ibérica de Leizarán e incluso a crear en 1909 un salto propio en Goizueta (Navarra) y, posteriormente, una central termoeléctrica en Ergobia que conectaría con la línea de Goizueta. La creación de nuevas infraestructuras continúa con la implantación de un estación de ferrocarril en Añorga, la modificación de las vías férreas interiores y exteriores con 1 m. de ancho, la adquisición de locomotoras y barcos propios, etc. Las dimensiones que estaba adquiriendo este centro productivo llevó a la creación, a principios del siglo XX, de una colonia industrial, que ha dado lugar al actual barrio de Añorga (barriada de casas para los obreros, chalets del grupo de Ntra. Sra. del Carmen (1920), iglesia (1905), economato, escuela de enseñanza, una caja de previsión de empleados y obreros, etc.

En 1906 esta empresa junto con Asland y Portland formaron la Unión de Fabricantes con el fin de no hacerse la competencia. En 1929 se constituye en sociedad anónima, adquiriendo la actual denominación de Cementos Rezola S.A. y la admisión de nuevos socios y las consiguientes ampliaciones de capital. En 1951, y por motivos fiscales, se traslada su domicilio social a Madrid, igual que muchas otras empresas vascas, hasta retornar nuevamente a la capital guipuzcoana en el año 1964. El crecimiento que estaba adquiriendo esta empresa se enmarca dentro de un contexto de gran demanda de cemento artificial por parte, principalmente, de las construcciones hidroeléctricas y de las obras públicas. En la década de los sesenta su potencia económica le permite absorber otras empresas como Ciurrena S.A. (1967), la Sociedad Cementos Alberdi (1976), etc. y la creación de otras como la fábrica de Arrona (Zestoa) en 1967. En la actualidad, y tras pasar por momentos de serios problemas económicos, este establecimiento continúa abierto y funcionando en el barrio de Añorga de San Sebastián, junto a la N-1.

Otras empresas que se crearon y ligadas a la actividad extractiva en su conjunto fueron Ubarrechena Hnos y Cía en 1895, con el fin de constituir una fábrica en Hernani que explotase una cantera ubicada en el término municipal de San Sebastián; la Compañía de Asfaltos de Maeztu, que se creó en 1891 con capital mayoritariamente donostiarra y que adquirió un gran crecimiento a partir de la década de los cincuenta; la fábrica de cal emplazada en el barrio de Alza, junto al molino Errotazar, y de cuya existencia ya se tiene referencia en el año 1860; La Prudencia S.A. en 1881, para explotar minas en León y Asturias; La Franco Española en 1893, con el fin de aprovechar los yacimientos mineros en Lesaka; Orbe y Hériz en 1898 para las minas de Oiartzun; Juan Sansinenea y Cía en 1899; etc. A principios del siglo XX se registra una expansión que, en opinión de M. Gárate y J. Martín, fue más aparente que real ya que las inversiones realizadas, mayoritariamente foráneas (franceses, belgas, madrileños, etc.) estaban atraídas por las ventajas fiscales del conjunto de Guipúzcoa, por lo que carecieron de continuidad. En la década de los años veinte estos capitales foráneos estaban dedicados a la búsqueda y explotación de registros petrolíferos. A finales del siglo XX son escasas las empresas ligadas a la actividad extractiva destacando, además de Cementos Rezola S.A., Perforaciones Laka S.A. que se dedica a la extracción de minerales no metálicos.

Con relación a la producción y distribución energética hay que indicar la presencia de establecimientos ligados a la producción de gas y de electricidad como la Empresa del Alumbrado del Gas de San Sebastián, creada bajo la iniciativa de Brunet y Cía y de otros socios como A. Gorostidi, F. Egaña y G. Manterola, con el fin de suministrar gas y electricidad con destino al alumbrado público y privado de la ciudad de San Sebastián

En otras iniciativas empresariales en el sector eléctrico participaron capitales donostiarras (en muchas ocasiones comerciantes que diversificaron su inversión hacia otros sectores) orientados hacia la obtención de energía eléctrica, aunque no ubicados en su totalidad en la capital, como la Compañía Eléctrica de San Sebastián (1890), Compañía Eléctrica del Urumea S.A. (1895), Electra-Vasconia S.A. (1895), Manterola y Compañía (1898), Compañía Electro Química Ibérica S.A., etc. En la década de 1920, y en opinión de M. Gárate y J. Martín, el sector eléctrico registra un importante crecimiento destacando la creación de filiales por parte de las dos primeras compañías eléctricas mencionadas siendo absorbida en 1959 una de ellas, Hidraúlica de Sumbilla, por Eléctrica del Urumea. A estas se unen otras como la Electra de Berchín, Distribuidora Eléctrica Guipuzcoana, Electra de Aritzacun, etc. A finales del del siglo XX dos empresas que se dedican a la Fabricación-Producción y Distribución de Gas y Energía Eléctrica: la delegación de Guipúzcoa de IBERDROLA (500 empleados) y (DONOSTIGAS s.a.), que dispone de medio centenar de empleados,.

El témino municipal donostiarra, a diferencia del conjunto del territorio histórico guipuzcoano, no conoce un desarrollo incipiente de la actividad Metalúrgica y Fabricación de Productos Metálicos aunque si se tiene conocimiento de la participación de donostiarras en empresas de este tipo (caso de R. Machimbarrena, R. Usabiaga, B. Jamar, etc. que se asocian a madrileños para crear La Maquinística Guipuzcoana de Beasain en el año 1892, antecedente de la actual C.A.F.). Hay que esperar hasta la década de los veinte para observar la implantación de algunos establecimientos metalúrgicos como Elgorriaga S.A. en el año 1918 y la Fábrica de Contadores de Agua Delaunet-Duñabeitia S.A. que aunque existía a finales del XIX, fundada en 1884, es en 1928 cuando se consolida realmente en la fabricación de contadores de agua, grifería, tornillería, etc. Cerca de mediados del siglo XX la sociedad Industrias Españolas S.A., que traslada su sede a Madrid, absorbe a las dos empresas anteriormente mencionadas, Elgorriaga y Contadores de Agua de Delaunet, hasta que establece de nuevo su sede en San Sebastián en 1967. A finales del siglo XX han desaparecido estos dos centros productivos, señalando que en la fábrica de la antigua firma de Contadores de Agua de Delaunet en Bidebieta se ha establecido un Centro de Empresas (1996) que acoge un total de 13 empresas de nueva creación, con un empleo en torno a las 40 personas, ligadas a actividades tan diversas que van desde el reciclaje al diseño gráfico e industrial, servicio de transporte de carga ligera y prevención de riesgos laborales.

A finales del siglo XX son diversos los talleres dedicados a la Fabricación de Productos Metálicos en distintos polígonos industriales de Martutene, Molinao, Herrera, etc. tales como como Impresión en Aluminio S.A. (Impalsa); Construcciones Metálicas Fonher S.A.; Metalúrgicas Teran S.L.; Gamma Decoletaje S.A. Construcciones Metálicas Mendia y Murua S.A.; Suguz S.L.; y muchos talleres más con menos de 12 empleados. Orientadas a la metalurgía apenas hay pequeños talleres en el polígono de Martutene como Corte de Tubo S.A. (Cortusa), Perfiles y Tubos de Aluminio S.A. (Pertusa).

En el año 1942, destaca la creación de la empresa Ramón Vizcaino S.A. para la reparación y explotación de maquinaría frigorífica. Con dos centros productivos, uno en San Sebastián (Barrio de Herrera) y otro en Oiartzun, se encuentra con serios problemas de viabilidad a principios de los años noventa. Otros establecimientos que se crearon en esta época fueron Electromecánica Otiz-Abellán S.A. (1948), Talleres Otaegui y Ruiz S.A. (1957), etc.

A finales del siglo XX las empresas orientadas a la Construcción de Maquinaría y Equipo Mecánico son también de pequeño tamaño aunque algunas de ellas adquieren un tamaño mediano como, además de Ramón Vizcaino S.A., Goimendi S.A.; Zardoya Otis S.A. (Zosa); Vizdürr S.A.; Norfrio S.A.; Aircontrol S.A.; Ulahi S.A.; Ascensores Muguerza S.A.; Centralair S.A.; Productos Asteca S.A.; etc. Dedicadas a la Maquinaría y Material eléctrico están Oasa Savoisienne Española S.A. en Rekalde; Elektra S.A. en Martutene; etc. y en Fabricación de Material Electrónico destaca Angel Iglesias S.A (Ikusi) implantada en el barrio de Martutene y con cerca de tres centenas de trabajadores; en fabricación de máquinas de oficinas y equipos informáticos está Electrónica y Técnicos Consultores S.A. en el barrio de Igara.

También es de mencionar el sector editorial, que a mediados del siglo XIX y en palabras de P. Madoz "...San Sebastián estaba a mucha altura desde época bastante remota". En este sentido cabe señalar la creación de la Editorial Saturnino Calleja S.A. en los años veinte, de la mano de E. Vega de Seoane, F. Nerecán y de R. y S. Calleja; de Documentos Transkrit, por parte de la familia Nerecan, y de la Sociedad Vascongada de Publicaciones, ambas en la década de los treinta y esta última para la publicación, administración y explotación de todo género de negocio de imprenta, edición de revistas, libros, periódicos, etc. A finales de la década de los noventa la Sociedad Vascongada de Publicaciones S.A., con sede en el barrio de Igara, es quien edita el periódico El Diario Vasco. En las siguientes décadas se crean otros establecimientos ligados a las artes gráficas-imprenta destacando el caso de Impresión de Aluminio S.A. (Impalsa) en el barrio de Herrera en el año 1962 por parte de la familia Nerecán. A las mencionadas hay que añadir, a finales del siglo XX, Eman S.A. Industrias Gráficas, Egunkaria S.A., Euskal Liburu Ta Kantuen Argitaldaria S.L. (Elkar S.L.), Fotolitos Ernio S.L., Imprenta Diputación Foral de Guipúzcoa, Gráficas Michelena, etc., todos ellos dispersos por los distintos polígonos de Rekalde, Herrera, Igara, etc. Este tipo de actividad ha estado muy implantado durante muchas décadas en las plantas bajas y sótanos de los edificios del barrio de Gros .

En el campo de los Seguros hay que destacar la creación de la Compañía Vascongada de Seguros y Reaseguros, impulsada en origen por el director de la entidad suiza La Baloise junto a varios donostiarras, S. Carrera, f. Carasa, F. Cilveti, A. Lacort, A. Peña y J.J. Prado, y un tolosarra, R. Ruiz de Arcaute, y que actualmente continúa asentada en la ciudad.

En el área de la Transferencia Tecnológica destaca la creación en 1962 en el barrio de Igara del centro Inasmet (Centro Tecnológico de Materiales) que pertenece a la Red de Centros Tecnológicos de la Comunidad Autonóma Vasca (E.I.T.E.).

Y, finalmente, el sector de la Construcción que ha estado muy ligado desde finales del siglo XIX a la función turística de esta ciudad siendo de destacar la presencia del Banco de Madrid con la promoción, en 1888, de la Sociedad Inmobiliaria de San Sebastián con el fin de explotar y vender los solares situados en esta ciudad; la Compañía de Construcciones Hidraúlicas y Civiles en 1915 dedicada a la construcción de carreteres, pantanos, muelles, etc.; Construcciones Luis Olasagasti S.A. en 1919 que se fusionó con Carpintería Metálica La Fe en 1921; entre otras. La época dorada de este sector, además de la de comienzos del siglo XX, hay que situarlo tambíén en la década de los años cincuenta a los setenta, coincidiendo con una época coyuntural de gran crecimiento económico y con la afluencia de un gran contingente de inmigrantes que demandaban vivienda y servicios. En los años ochenta la actividad constructora registró una caída importante (se construyó poco en la ciudad) para recuperar cierto dinamismo a partir de comienzos de los noventa. A finales de este siglo son numerosas las empresas de estas características implantadas en la capital como Construcciones Moyua S.A.; Construcciones Murias S.A.; Servicios de Mantenimiento Integral S.A. (Sormen); Suministros y Montajes del Norte S.A.L.; Construcciones Brues; etc.

5.5.2.3 LOCALIZACIÓN INDUSTRIAL. NUEVOS ESPACIOS PRODUCTIVOS.

A lo largo de la década de los ochenta y noventa del siglo XX la problemática de suelo ha obligado a implementar diferentes políticas de actuación pública, tanto en el campo del planeamiento urbano como en la gestión y promoción industrial. Esta problemática junto a la inadecuada ubicación de algunos establecimientos industriales y la necesidad de atraer inversiones ha llevado a San Sebastián hacia la reordenación de la actividad industrial en y hacia los espacios periféricos, el posicionamiento frente a las áreas marginales, la reutilización de antiguos pabellones industriales en desuso, la promoción de nuevas zonas para empresas de tecnología avanzada, etc.

Las zonas industriales consolidadas en San Sebastián se localizan principalmente en el barrio de Loiola, Martutene, Igara, Rekalde, Añorga, Herrera, etc, y otros antiguos espacios como Venta Berri han desaparecido ante la presión del uso residencial. Paralelamente, áreas tradicionales de talleres (venta y exposición de coches, imprenta, etc.) como el barrio de Gros se abandonan y canalizan estos talleres hacia los polígonos industriales que se localizan en la periferia de la ciudad al no consolidarse este uso en las áreas centrales. Actuaciones como la referenciada anteriormente en el antiguo edificio de Contadores se han llevado a cabo también en el anterior edificio de Jareño al rehabilitarlo en Casa de Cultura de Egia.

El Avance del Plan Territorial Sectorial para Actividades Económicas de la Comunidad Autónoma Vasca, de principios de los noventa, estableció como Zona Preferente de Actividad Logística el corredor Irún-Donostia-San Sebastián-Andoain, ámbito de influencia de los grandes ejes de comunicación de salida desde la Península hacia Francia y el Puerto de Pasajes. Asi mismo, presenta a la capital guipuzcoana, como otras tantas localidades y áreas dentro del Área Funcional de Donostia-San Sebastián, con el calificativo de Área Estratégica, zona de desarrollo económico preferente al contar con reservas de suelo en lugares estratégicos dentro de los principales corredores económicos.

Como nuevos espacios productivos, y promovidos desde el Plan General de 1995, hay que subrayar la creación del Parque Tecnológico de Miramón, emplazado en la finca del mismo nombre que tiene una extensión de 130 Ha. La Sociedad Parque Tecnológico de San Sebastián, que gestiona el Parque, fue constituida a principios de 1994 por la SPRI (51%), la Caja de Ahorros Gipuzkoa-San Sebastián (25%), la Diputación Foral de Guipúzcoa (19%) y el Ayuntamiento de San Sebastián (5%). Miramón se concibe en una idea mixta de Parque Tecnológico (116.000 m2); Parque Residencial (103.000 m2), con un desarrollo de baja densidad edificatoria; y Parque Natural (650.000 m2).

El Parque Tecnológico está destinado a acoger empresas de alta tecnología y centros y laboratorios de I+D, siendo de gran interés las áreas de electrónica, informática, telecomunicaciones, control y automática industrial, materiales avanzados, tecnologías del medio ambiente y terciario avanzado. Además de estar ubicado en un entorno privilegiado, está bien comunicado y próximo al Campus Universitario y a los Centros Tecnológicos. En el área de telecomunicaciones cuenta con redes telefónicas, telex, líneas y redes de transmisión de datos, etc.

En 1997 finalizó la construcción del primer núcleo edificatorio del Parque, un total de 10.000 m2 integrado por el Edificio Central de 4.000 m2 (oficinas y servicios centrales de la Sociedad, auditorio, diversas salas, hall de exposiciones, servicios telemáticos avanzados, cafetería, restaurante y parking subterráneo) y cinco Edificios Empresariales, de carácter modular y con servicios complementarios y telemáticos avanzados y parking subterráneo, que computan 6.000 m2. La capacidad edificatoria del Parque Tecnológico asciende a 90.000 m2 de techo, de los que 25.000 m2 se preveen sean construidos por la Sociedad Gestora del Parque para ser alquilados o vendidos, quedando los 65.000 m2 restantes distribuidos en diversas parcelas urbanizadas con destino a la venta.

Entre las primeras empresas implantadas en el Parque destacan Ibermática (implantada en la década de los años setenta), Adegui, Elkargi, el Centro de Innovación Tecnológica del Medio Ambiente (constituido por los Centros Tecnológicos de Gaiker, Inasmet, Labein y Leia), etc.

En lo que respecta al Parque Empresarial de Zuatsu, que está ubicado en Ibaeta, junto al Campus Universitario, la N-I y la autopista A-8, está participado por la SPRI al 51% y la Diputación Foral de Guipúzcoa y el Ayuntamiento de Donostia-San Sebastián al 24,5% respectivamente. La concepción de este Parque es la de promocionar, consolidar y crear pequeñas y medianas empresas innovadoras en el sector industrial y de servicios, no teniendo cabida la industria pesada. Se concibe como un espacio productivo complementario a Miramón y es un modelo intermedio entre la concepción del modelo de Industrialdea y la de Parque Tecnológico.

Este Parque Empresarial contará con 139.000 m2 de los que 58.335 m2 corresponderán a instalaciones industriales de tecnología innovadora; 10.800 m2 de Centro de Exposiciones; y 6.000 m2 de Centro de Exposiciones (lugar para organizar convenciones y ferias). El resto de la superficie corresponde a zonas verdes y aparcamientos (1.100 plazas subterráneas y 556 en superficie).

Los dos primeros edificios terminados a finales de 1997 (11.500 m2), continuandose con la construcción de diversos edificios hasta el año 2003.

5.5.2.4 ESTRUCTURA INDUSTRIAL.

San Sebastián concentra el 15,6% de los establecimientos industriales guipuzcoanos (en 1978 era el 16,9%) y el 8,2% del empleo industrial de su territorio histórico (en 1978 era del 10,9%) cuando posee el 26,6% de la población guipuzcoana. Por otro lado, estas cifras contrastan notablemente con la ocupación en el sector industrial de los donostiarras que es del 23,1% frente a la de los guipuzcoanos que es del 38,7%.

Según fuentes del EUSTAT, los establecimientos industriales de San Sebastián ascendían en el año 1995 a 859, generando un empleo de 6.041 trabajadores. Respecto al Censo Industrial de España de 1978 elaborado por el INE se ha registrado una pérdida de la mitad de los empleos (en 1978 el empleo industrial censado era de 12.137), pérdida generaliza por subsectores aunque localizados preferentemente en los dedicados a Alimentación y Química de Consumo Final. En el conjunto de Guipúzcoa los subsectores dedicados a la Fabricación de Productos Metálicos y a la Producción y Primera Transformación de Metales son los que han tenido las pérdidas más significativas de empleo frente al de Energía y Agua que ha sido uno de los pocos que ha incrementado el empleo.

La media empleo/establecimiento ha descendido al pasar de 20,2 en 1978 a 7,03 en 1995, constatándose de esta manera un empequeñecimiento del tamaño de los establecimientos industriales, similar al detectado por el T.H. de Guipúzcoa que de 31,2 de mediados de los setenta ha descendido a 13,3 dos décadas más tarde. Curiosamente se ha producido un incremento del número de establecimientos en más de dos centenas, lo que refuerza lo señalado en el sentido que ha registrado un empequeñecimiento de los establecimientos industriales (en 1978 eran 600), siendo de reseñar que en la década de los noventa no queda en el barrio de El Antiguo ninguna de las grandes empresas industriales que estaban emplazadas en esta zona desde principios de siglo.

Los establecimientos industriales asentados en el municipio, además de ser de pequeño tamaño, también se caracterizan por su gran diversidad, aspecto que tradicionalmente ha venido asociado a la industria guipuzcoana a diferencia de la vizcaina. No obstante, y si se efectúa un análisis algo más pormenorizado, se detecta que hay ramas de actividad que están más implantadas que otras como es el caso del Papel y las Artes Gráficas (una sexta parte), Textil y Confección (10%), Ingeniería Mecánica (9,2%), Muebles (9,1%), Madera (6,8%), Material de Precisión y Oficina (5,3%), Construcción Metálica (5,1%), Pan y Molinería (4,5%) y Artículos Metálicos (3,2%). La rama del Papel y Artes Gráficas junto a los dedicados a la Fabricación de Productos Metálicos, Maquinaría-Equipo Mecánico y Textil-Confección-Cuero-Calzado han registrado un incremento significativo en el período de 1978 a 1995.

En Guipúzcoa, y tal y como se observa en el gráfico adjunto, se aprecia una amplia presencia de los establecimientos dedicados a los Artículos Metálicos (21,5%), Construcción Metálica-Forja-Estampación (11,2%), Maquinaría y Equipo Mecánico (10,4%), Alimentación-Bebidas-Tabaco (8,4%), Papel-Artes Gráficas (8,3%), Madera (6,5%) y Muebles (6,3%).

Como ya se viene indicando, el tamaño de estos establecimientos es pequeño, tal y como queda reflejado en el siguiente gráfico, ya que casi un 90% de los establecimientos tienen menos de 10 empleos; un 6,3% tienen de 10 a 19 empleos y un 2,3% de 20 a 49 empleos.

En cuanto a la distribución del empleo industrial se detecta, igualmente, que está bastante diversificado en las ramas de actividad de Alimentación-Bebidas-Tabaco (16% del empleo industrial que genera San Sebastián), Papel y Artes Gráficas (12,3%), Maquinaría y Material Eléctrico (12,1%), Maquinaría No Eléctrica (9,3%), Energía y Agua (9%) y Construcción Metálica (8,8%).

En lo que respecta al sector de la construcción cabe decir que con grandes fluctuaciones a lo largo del siglo XX dependiendo de la situación coyuntural, cuenta con 1.244 establecimientos que generan 4.479 empleos lo que representa una media de 3,6 empleos/establecimiento, media que está por encima de la de Guipúzcoa que es de 2,8 en el año 1995. En esta ciudad se concentra casi el 29% del empleo guipuzcoano de la construcción y el 23% de los correspondientes establecimientos.

 

5.5.3 ACTIVIDAD TERCIARIA O SERVICIOS

Desde su fundación San Sebastián ha sido una ciudad comercial. En efecto, ventajas como la exención del pago de tributos por las mercancías, del pago de los derechos de paso e impuestos para las naves, del disfrute de pastos, bosques y aguas de las tierras reales, etc., otorgadas por dicha Carta Puebla y recogidas en el "Fuero de los Francos", junto con otra serie de prebendas, en su mayoría liberaciones de impuestos (lezda, portazgo, diezmo, rediezmo, peaje, etc.) que distintos Reyes (Sancho IV el Bravo, Alfonso XI el Justiciero, Pedro I el Cruel, etc.) otorgaron a San Sebastián favorecieron su florecimiento comercial. Así, el puerto de San Sebastián que, contaba ya con una lonja en 1477, constituyó desde antaño un importante eje comercial, favorecido por la aprobación en 1489 por parte de los Reyes Católicos de las Ordenanzas de la Cofradía de marinos Santa Catalina, las cuales fueron posteriormente revalidadas por su nieto Carlos I en 1539. Entre sus atribuciones estaban la de regir y conservar el muelle, pudiendo para ello proceder a la cobranza de impuestos.

El comercio lanero (lanas castellanas, navarras y aragonesas) constituía uno de los principales negocios. El sistema comercial giraba, como el de Bilbao, en torno a Vitoria, a donde llegaban en carretas las lanas castellanas, las cuales, posteriormente y tras pagar los derechos aduaneros, eran transportadas hacia San Sebastián a lomos de caballerías, ejecutándose los retornos de la misma forma. Sin embargo, la mejor estructura comercial de Bilbao unida al permiso obtenido en 1685 para la apertura por la Peña de Orduña de un camino para el tránsito de carros que garantizara el paso directo de lanas desde Burgos a Bilbao y de retornos hacia Castilla, junto con la competencia del puerto de Bayona (los labortanos desviaron por el Pirineo el comercio de lanas navarras y aragonesas) supusieron el inicio de la crisis comercial de San Sebastián en la segunda mitad del s. XVII.

En 1680, la preocupación de la ciudad por su decadencia comercial era tal que se pusieron en marcha una serie de estrategias para dar un giro a la situación. Por ello y además de una vía de comunicación para asegurar el tránsito de carros desde la capital alavesa hasta San Sebastián y otra serie de actuaciones concretas (disminución del contrabando en el puerto de Bilbao, etc.), se planteó la creación de una asociación de comerciantes que, con mayores atribuciones de la ya existente Cofradía de Santa Catalina y con una mayor organización y capacidad de control y menores presiones, fuera capaz de mantener y potenciar el comercio de la ciudad. Nació así el Consulado de San Sebastián, cuya creación y Ordenanzas fueron aprobadas por el Rey Carlos II el 19 de septiembre de 1682, siendo el 13 de noviembre cuando la Diputación de Guipúzcoa dio uso a la Cédula de creación del Consulado y a sus Ordenanzas, con excepción de la 24 que, según los informes realizados por varios abogados, se oponía a la libertad de comercio y podía provocar graves problemas de competencias. Tras sucesivos conflictos, esfuerzos para el establecimiento de acuerdos con Alava y Aragón e intentos de potenciar el comercio con Indias, a través de conseguir el monopolio del comercio del hierro así como de acabar con el monopolio andaluz existente, San Sebastián continuaba la lucha por recuperar su esplendor comercial y en particular por abrir una vía de comercio directo con América.

Todo ello, unido al espíritu comerciante de los donostiarras, dio lugar al nacimiento de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas. Dicha compañía inició su andadura el 17 de noviembre de 1728, siendo en junio de 1729 cuando el Rey comunicó a los guipuzcoanos su intención de participar como socio en la misma, si bien existía obligación de que sus naves pasaran por Cádiz para el control fiscal. Unos años más tarde y a la sombra de esta compañía se creó también la Compañía de Ballenas, la cual, a pesar de los armamentos, pertrechos, etc. que le proporcionaba sin interés alguno la de Caracas, no pudo subsistir, de tal forma que en los años 60 tuvo lugar su desaparición.

La Real Compañía Guipuzcoana de Caracas centraba su actividad en importaciones de productos tales como cacao, tabaco y cuero, etc., mientras las exportaciones tenían como un referente fundamental las armas. De hecho, en 1735, se asignó a la Compañía el Asiento de armas de las Reales Fábricas de Guipúzcoa (armas de fuego de Soraluze, armas blancas de Tolosa). Sin embargo, y a pesar de su esplendor, la Compañía trasladó en 1751 su sede principal a Madrid. La estampa de San Sebastián en dicha época, tal como refleja en su descripción de 1761 D. Joaquín Ordoñez, mostraba su carácter comercial: "Hay muchas tiendas de comestibles... donde por Quintales se vende el tabaco de hoja y polvo, azúcar, canela, cacao... y de todos estos géneros por menor hay una sola tienda... pues apenas hay casa donde no se vende algo". Así y durante toda su vida (1728-1785), la Compañía de Caracas fue punto de encuentro de capitales, negocios mercantiles y factores de producción, siendo la razón económica y el sustento de buena parte de la población donostiarra. Su desaparición estuvo ligada a la aparición de otra Compañía mercantil, la Compañía de Filipinas, a la cual, y desaparecido el privilegio de exclusividad que le mantuvo con ventaja en el espacio caraqueño, pasaron capital, acciones y accionistas de la de Caracas. Sin embargo, el éxito de la Compañía de Filipinas fue escaso y estuvo marcado por los avatares de la época, de tal forma que su vida fue de apenas cuatro décadas (finales del s. XVIII-comienzos del XIX).

A comienzos del S. XIX la situación del comercio donostiarra era verdaderamente crítica, y fue agravada por el incendio ocurrido en 1813 y sus graves consecuencias. San Sebastián se encontró entonces en una verdadera encrucijada que sólo fue resuelta bien entrada la segunda mitad del siglo (1860). Así, la concesión a San Sebastián de la capitalidad de Guipúzcoa (1854), los proyectos de reconstrucción y renovación de la fisonomía y estructura urbana de la ciudad, unidos al auge del turismo, a su consideración de capital veraniega del Estado y a la residencia en ella de algunos capitalistas de cierto relieve, permitieron que la ciudad se configurara como principal promotor de la industrialización guipuzcoana, fraguando un cambio definitivo en la vida económica de la ciudad, que inicia una nueva etapa en la que se afirmaban las actividades del sector terciario y, con ellas, el comercio.

De hecho y gracias al apoyo de los grandes comerciantes de la época (Brunet, Quehaille, Laffite, Serres Hnos., Lizasoain, etc.), la ciudad siguió siendo un importante eje comercial. Los grandes intercambios comerciales se centraban en tres ámbitos geográficos diferenciados. El comercio americano (azúcar, cacao, algodón, tabaco, canela, cuero, etc.) continuó, siendo Caracas, Guayaquil, La Guaira, Lima y algunos puertos del sur de los Estados Unidos los destinos más habituales de las relaciones económicas donostiarras, a las que habría que añadir el comercio con Filipinas (básicamente especias).

Asimismo, el comercio europeo (textiles, encajes de hilo, pañuelos de cachemir, terciopelo, etc.) y las relaciones mercantiles de San Sebastián con Europa fueron prolíficas en esta época, siendo Francia uno de los países que ocupó una situación privilegiada (puertos de Bayona y Burdeos), aunque la ciudad también realizaba operaciones mercantiles con otras ciudades europeas como Lisboa, Nantes, Le Havre, París, Amsterdam, Amberes, Rotterdam, Hamburgo, Plymouth, etc.

El comercio peninsular no sufrió cambios significativos en relación al siglo anterior, existiendo un importante tráfico mercantil con Navarra, Cádiz, Barcelona, Madrid, La Coruña, Santander, Aragón, etc., siendo los productos objeto de comercio granos, carnes, materiales, sal, etc. A este comercio se añaden otra serie de actividades como la construcción de edificios y compraventa y arrendamiento de terrenos, viviendas y locales comerciales.

En cuanto a los pequeños comerciantes, su actividad no difería notablemente de la de los grandes, estando dedicados masivamente al tráfico colonial, además de que muchos de ellos actuaban como apoderados de comerciantes extranjeros o peninsulares. Las mercancías eran básicamente las mismas que las del comercio a gran escala, si bien había una mayor diversificación (sardinas y grasa traídas de las costas gallegas, madera, textiles, cemento, carne, vino, legumbres, bacalao, licores, sidras, etc.) en torno a los cuales se crearon pequeños establecimientos comerciales. Fueron estos los que más afectados se vieron por el incendio de la ciudad y la conmoción del tráfico mercantil ligada al mismo, de manera que muchos de ellos, los más débiles, se endeudaron e incluso se arruinaron para poder salvar la situación. Por el contrario, otros prosperaron rápidamente en paralelo al auge turístico que, como veremos, contribuyó significativamente al desarrollo el comercio.

Así configurada y con un crecimiento demográfico muy significativo, a partir especialmente de 1841, San Sebastián centra buena parte de su actividad económica en torno al comercio. En la mayoría de los casos se trata de pequeños establecimientos comerciales, muchos de ellos negocios de tipo familiar, que abarcan todas las ramas comerciales de actividad (alimentación, bebidas y tabaco; textil, confección, calzado y cuero; droguería, perfumería y farmacia, etc.). Las grandes superficies no han ocupado, por el contrario, un lugar significativo en el comercio donostiarra hasta finales del siglo XX.

La banca donostiarra se configuró definitivamente en la segunda mitad del s. XIX, si bien sus orígenes se remontan, un siglo atrás, a la época en la que se establecieron en San Sebastián los hijos de D. Francisco Manuel Brunet y Casulleras: D. Manuel, fruto de su primer matrimonio con Dª Raimunda Tudó y D. José y D. Francisco, nacidos de su matrimonio con Dª María Teresa Segura. Procedentes de Copons (Barcelona), su ciudad natal, los tres hermanos se introdujeron en los negocios mercantiles de la ciudad, creando la sociedad de comercio-banca "Manuel Brunet y Cía". Dicha sociedad se dedicó a las actividades propias de una banca, participando en toda una serie de operaciones mercantiles y comerciales, destacando de entre ellas el comercio de ultramar. En efecto, por sus peculiaridades aduaneras y geográficas, el puerto de San Sebastián era un importante eje comercial entre Europa y América, al cual llegaban los géneros europeos para enlazar posteriormente con Venezuela (eje comercial tradicional en el s. XVIII) y con Cuba, así como con otros puertos españoles (Bilbao, Santander, La Coruña, Cádiz, etc.) y una serie de puntos del interior (Pamplona, Madrid, Valladolid, etc.).

Esta sociedad se escindió en 1800. Manuel, el hermano mayor, continuó sus actividades con la sociedad primitiva. Sus dos hermanastros constituyeron en 1801 la sociedad José y Francisco Brunet, la cual fue especialmente próspera, sufriendo posteriormente una serie de modificaciones, con cambios de denominación y de razón social (José Brunet y Cía en 1889; Brunet y Cía posteriormente) hasta su desaparición en agosto de 1951 debido a su absorción por el Banco Zaragozano.

Dicha sociedad, restringida exclusivamente al ámbito familiar, operó desde San Sebastián, si bien y como consecuencia de las dificultades comerciales del puerto de San Sebastián durante la guerra napoleónica, trasladó temporalmente sus oficinas centrales al puerto vizcaíno de Lequeitio. A su regreso a San Sebastián, la sociedad centró su actividad en torno a la industria (venta de tejidos), la banca (operaciones de banca, depósito, cuentas corrientes, etc.) y la especulación (compra y venta de bienes muebles e inmuebles).

Sin embargo y como ya se ha mencionado, la verdadera articulación del sistema bancario de San Sebastián, al igual que el del resto de Guipúzcoa y de todo el Estado español, tuvo lugar a partir de 1898. El sector bancario español inició entonces una importante reconstrucción, motivada por diversos acontecimientos con notables repercusiones para las instituciones financieras. Por una parte, la revisión económico-financiera llevada a cabo por el Ministro Fernández Villaverde (estabilización Villaverde, 1899-1901), la cual supuso la paralización de los incrementos en la circulación fiduciaria, la supresión de los "déficits" presupuestarios crónicos y el incremento de la intervención estatal sobre el Banco de España. Por otra, la pérdida de los últimos reductos coloniales españoles, ligada a los cuales y a pesar de la pérdida de mercado de sectores industriales como el textil tuvo lugar una importante afluencia de capitales repatriados y con ellos una fuerte expansión económica en determinados sectores de actividad. De hecho, fue precisamente en dicha época cuando se crearon en el País Vasco un importante número de empresas.

Estos acontecimientos motivaron por una lado, la decadencia de la banca catalana (Banco Hispano-colonial, etc.) y, por otro, el auge de la banca mixta de Madrid y del Norte, destacando especialmente Bilbao y San Sebastián, ciudad esta última en la que tal como señalan P. Martín y M. Gárate (1994) la prosperidad de las instituciones financieras estuvo apoyada por un factor adicional: el binomio Corte-turismo. Fue dentro de este marco económico general cuando se fundaron en San Sebastián las principales entidades de ahorro. Así queda reflejado en el Álbum Gráfico Descriptivo (Tomo Guipúzcoa), según el cual San Sebastián era ya en 1914 sede de numerosas entidades financieras: "Pocas ciudades pueden envanecerse de tantos establecimientos de crédito y tan admirablemente montados y dirigidos como los que tiene San Sebastián, íntimamente ligada su existencia con la vida y el progreso económico del país".

En lo que se refiere a las iniciativas públicas y siguiendo su orden cronológico de creación, la primera entidad de la ciudad fue la Caja de Ahorros Municipal de San Sebastián. Con dos intentos frustrados de creación en 1844 y 1852, su fundación obedeció a un acuerdo del Ayuntamiento (20 de febrero de 1878) en el que, siendo Alcalde D. José Mª Insausti y a propuesta del concejal Sr. Osácar, se acordó la creación de una Caja de Ahorros y Monte de Piedad, en base a dos objetivos: "facilitar la colocación a pequeños capitales (sección Caja de Ahorros)" y "salir al paso de necesidades que las familias pobres satisfacen a costa de su ruina al pagar intereses exorbitantes a los prestamistas que los exigen (sección Monte de Piedad)". La primera Junta de Gobierno fue nombrada el 27 de febrero de 1879, tomando posesión de sus cargos los miembros electos de la misma el 1 de marzo de ese mismo año. El primer Alcalde-Presidente de la Entidad fue D. Juan Mª Aguirrebengoa y la sesión inaugural de la sección Caja de Ahorros tuvo lugar el 1 de abril de 1879, iniciándose sus primeras operaciones al público cinco días después. La instauración del Monte de Piedad se pospuso hasta que la Caja de Ahorros diera sus primeros frutos. Su apertura tuvo lugar el 4 de agosto de 1879. Esta Entidad de Ahorro se fusionó con la Caja de Ahorros Provincial de Guipúzcoa por un acuerdo de 20 de julio de 1989, el cual culminó con un Acto de firma del Protocolo de Fusión, celebrado en el Palacio de Miramar, el 1 de diciembre de 1990.

Fue posteriormente y en base al éxito de la Caja de Ahorros Municipal, cuando surgió la idea de crear una nueva institución financiera que, con características similares a la anterior, diera cobertura a toda la provincia de Guipúzcoa. Así y con fecha uno de abril de 1895 D. Wenceslao Orbea, Letrado de la Excma. Diputación Foral de Guipúzcoa, presentó una moción solicitando que se accediera a la creación de la Caja de Ahorros Provincial con el objetivo de "...estimular el ahorro ofreciendo a las clases menesterosas el medio de hacer productivas sus economías..." teniendo en cuenta además que la población de la provincia estaba "...compuesta en gran parte de obreros fabriles y pescadores expuestos en sus industrias y trabajos a bruscas oscilaciones y cambios...". De esta forma y una vez la Caja tuviera sus fondos propios, "...procedentes del ahorro del país entero", "...a él deberían volver bajo la forma de beneficencia y obras de utilidad pública...". La propuesta fue enviada al día siguiente por el entonces Presidente de la Diputación, D. Ramón María Lilí, a la comisión de Hacienda, la cual emitió el dictamen favorable para su creación el 19 de abril de ese mismo año. El reglamento y los estatutos de la misma fueron aprobados el 7 de noviembre de 1895.

Una semana después quedó designada la primera Junta de Gobierno, que estuvo compuesta por D. Ignacio Echaide, en calidad de Presidente, y por 15 vocales, de los que cinco eran miembros natos por ser los Diputados de la Comisión Provincial mientras los diez restantes eran algunos de los Diputados de residencia en la capital así como hombres de negocios de la ciudad. El acto de apertura de esta entidad pública de ahorro tuvo lugar el uno de julio de 1896. La primera sede de sus oficinas centrales estaba localizada en una habitación interior de la planta baja del Palacio de la Diputación. A partir de estos primeros cimientos, la Caja de Ahorros Provincial de Guipúzcoa fue creciendo y desarrollándose, viéndose obligada al traslado de sus oficinas centrales al edificio anejo al Palacio de la Diputación, el cual se instalaron en 1922 los servicios centrales de esta Caja.

Desde entonces y siempre bajo el objetivo básico de fomentar el ahorro, las medidas y estrategias para que la población guipuzcoana adoptara dicha práctica fueron diversas: Libretas Ordinarias, Caja de Retiros para la Vejez y los Inválidos del Trabajo, Premios Extraordinarios, Sorteos, Libretas Infantiles, Ahorro Domiciliario, Ahorro Escolar, Ahorro Obrero, así como toda una serie de Obras Sociales (mejora de la condición femenina, apoyo al sector agropecuario, protección de la infancia, etc.), las cuales siguen vivas hoy en día tras su fusión el uno de diciembre de 1990 con la Caja de Ahorros Municipal de San Sebastián, dando lugar a la Caja de Guipúzcoa y San Sebastián, más conocida bajo el nombre de KUTXA. La misma continua en  permanente esfuerzo no sólo por actualizar sus productos y servicios para hacer frente a cualquier tipo de necesidad en el plano económico, sino también en el cultural, benéfico y social. Bien es cierto que tanto la sociedad como el mercado bancario han cambiado notablemente a lo largo de los último decenios, de forma que el mantenimiento de las estrategias paternalistas de las que estaban imbuidas antaño este tipo de instituciones se han hecho incompatibles con los actuales usos y costumbres de la práctica bancaria contemporánea.

En el año 2012, en el marco de la crisis económica y de la reconversión general del sistema bancario español, la Caja de Ahorros de Gipuzkoa y San Sebastián se une a la Bilbao-Bizkaia kutxa (que a su vez había absorbido previamente a Cajasur) y a la alavesa "Caja Vital", para formar un banco, denominado Kutxabank, que hereda la operatividad financiera del conjunto de las Cajas de Ahorro que, de esta manera, conservan entidad propia y mantienen sus respectivas obras sociales, nutridas con los beneficios proporcionados por el banco del que son propietarias.

En cuanto a las iniciativas privadas, es preciso citar una serie de sociedades de banca hoy día desaparecidas como la ya citada Brunet y Cía., la casa de comercio Isaac León hijo mayor y hermano (1880), la Sociedad mercantil A. Saralegui y Cía. (1881) (Saralegui y Lasquibar en 1888 y Saralegui y Cía. en 1896), la Sociedad General para Explotaciones Científico-Industriales de Piscicultura (1891) y la presencia de capitales catalanes (Banco Hispano-colonial, Banco español de Seguros y Crédito S.A., Soler y Torra Hermanos), madrileños (Banco General de Madrid, Banco Español de Crédito Exterior, Banco de Ávila) y bilbaínos (Banco de Vizcaya, Banco Vasco, Banco Bilbaíno Popular, Banco de Bilbao), la mayor parte de los cuales han desaparecido como tales en la actualidad, aunque algunos de ellos continúan su actividad tras modificaciones en su denominación o tras sufrir complejos procesos de fusión (Banco Bilbao Vizcaya Argentaria - BBVA). En algunos casos poseían sucursales en San Sebastián y participaban en los negocios donostiarras.

Además, se crearon tres entidades privadas de gran significación. La primera fue el Banco de San Sebastián. Creado al amparo de la Ley Bancaria de 1856, sus estatutos y reglamento fueron aprobados el 15 de junio de 1862. Sus operaciones se centraban en descontar, girar, prestar, llevar cuentas corrientes, ejecutar cobranzas, recibir depósitos, etc. Este primitivo Banco de Sebastián se fusionó posteriormente y tal como señalan con el Banco de España.

El Banco de España, banco central estatal y el supervisor del sistema bancario español, mantuvo una sucursal en San Sebastián hasta 2011, año en el que se cerró dentro del marco de reducción general de sucursales de dicho banco.

Ya a finales del siglo XIX, inició su actividad el Banco Guipuzcoano, entidad bancaria hoy día en activo. Su servicio al público se inició en enero de 1900 y su creación fue iniciativa del bilbaíno D. Felipe Ugalde quien, a finales del s. XIX, presentó a los comerciantes y capitalistas de la ciudad su proyecto de fundación de un banco de crédito de características y fines análogos a los del ya existente Banco de Bilbao. La primera Junta General tuvo lugar el 7 de octubre de 1899 y en ella se nombró el primer Consejo de Administración, constituido principalmente por comerciantes y propietarios, siendo su presidente el comerciante D. Faustino Eguía Elizarán. Desde su apertura al público en enero de 1900 y especialmente durante las dos primeras décadas del s. XX, el Banco Guipuzcoano experimentó un crecimiento notable, al cual siguieron una etapa de afianzamiento y posteriores períodos de expansión, aunque más ralentizados. Así, y en paralelo a sucesivas ampliaciones de capital y apertura de nuevas sucursales tanto en distintos puntos de la provincia como en otras localidades del País Vasco y en el resto del Estado español, se constató un importante giro en el accionariado del mismo, de tal forma fue pasando a ser mayoritariamente guipuzcoano, en detrimento del bilbaíno que fue descendiendo de forma progresiva. En el año 2010 el Banco de Sabadell absorbe al Guipuzcoano tras una OPA, forzada por la crisis económica y el proceso de concentración bancaria fruto de la misma.

El 25 de junio de 1909 y por iniciativa del abogado D. Enrique Arizpe y Yarza y de los comerciantes Joaquín Lizasoain Minondo y Marcelino Seminario e Izu se constituyó la compañía mercantil anónima Banco de San Sebastián que, si bien era distinto del primitivo del mismo nombre, contaba con un accionariado bastante similar. Su actividad se centró en las actividades bancarias (girar, descontar, recibir depósitos, etc.), en la especulación inmobiliaria (especialmente ligada al ramo de la construcción) y en los préstamos hipotecarios. Su primer Consejo de Administración se nombró en junio de 1909. A partir de entonces y durante las dos primeras décadas del s. XX, esta entidad fue ampliando su espacio geográfico con la apertura de sucursales en algunas localidades de la provincia. Sin embargo, los efectos de acumulación de capital derivados de la primera Guerra Mundial tuvieron una significativa influencia en su crecimiento y trayectoria, de tal forma que para asegurar su continuidad la Junta General de Accionistas acordó en 1920 llevar a cabo una reducción del capital social mediante la anulación de unas acciones sin desembolsar que aún se hallaban en cartera. Posteriormente, se realizó una ampliación del mismo, pasando el 50% a manos del Banco Hispanoamericano siguiendo unos convenios establecidos con este último de forma previa. Así, a finales del primer cuarto del s. XX el banco de San Sebastián quedaba federado al Hispanoamericano, el cual lo absorbió por completo medio siglo después.

Además de estas tres entidades de promoción donostiarra, habría que señalar otras en las que, aunque la iniciativa donostiarra no fue la única, si tuvo una influencia significativa. Se trataba de las razones sociales Crédito Central S.A., Banco de Crédito Hipotecario, Auxiliar Financiera de Obras y Parcelamiento y Banco Urquijo de Guipúzcoa. La fundación de este último tuvo lugar en junio de 1920 y en el participaban el Banco Urquijo de Madrid, el Banco Español de Crédito y el Banco Urquijo Vascongado. Cabe reseñar asimismo la presencia de capitales extranjeros, especialmente los franceses (Sociedad "Comptoir National d'Escompte de Paris", Société Générale pour le développement du commerce et de l'industrie en France, Crédit Lyonnais, Société Générale de Banque pour l'Étranger et les Colonies"), aunque también se establecieron sucursales de entidades financieras británicas (Sindicato Hispano-Inglés, más tarde Unión Hispano Americana) o sociedades bancarias de las antiguas colonias americanas (Banco español del Río de la Plata).

El Banco Industrial de Guipúzcoa (Bankoa) fue fundado en 1975, fijó su sede central en San Sebastián, formando en torno a sí un grupo económico constituido por sociedades de asesoramiento e intermediación (Garkoa, Sorkoa, etc.) y participa diversas sociedades en diverso porcentaje. En 1997 fue objeto de una OPA por el banco francés Credit Agricole, que materializó en el mismo año su control sobre la entidad, aunque ésta ha seguido conservando la marca de Bankoa junto a la francesa.

Para concluir, puede observarse en la tabla adjunta el número de oficinas bancarias existentes en la actualidad en San Sebastián así como en la comarca de Donostialdea y en el Territorio Histórico de Guipúzcoa, de ella se deduce que se concentran en la ciudad el 64,5% de las sucursales bancarias de la comarca y un tercio de las de Guipúzcoa.

NÚMERO DE OFICINAS BANCARIAS (2010)

Fuente: EUSTAT

Banca privada Cajas ahorro Cooperativas y C. Rurales Total
Donostia/S. Sebastián 82 71 33 186
Donostialdea 124 107 57 288
Gipuzkoa 241 226 121 588
C. A. País Vasco 725 825 375 1925

 

La actividad turística de San Sebastián se remonta a la segunda mitad del s. XIX y concretamente a 1854, cuando definitivamente pasó a ser la capital administrativa de Guipúzcoa. Ello supuso un hito decisivo en el renacer de la ciudad que se convirtió no sólo en el centro económico provincia, sino también en su centro administrativo, iniciando una nueva etapa que iba a suponer su renacer urbanístico y económico.

Tras el incendio de 1813 San Sebastián fundamentó su renacimiento económico en el desarrollo y consolidación de un sector servicios que, en una vertiente más moderna que la hasta entonces desarrollada, se convirtió en base de la futura vida económica de la ciudad, apoyada en el auge creciente de un turismo de calidad que, basado en la moda de la época, eligió a San Sebastián como ciudad turística por excelencia.

El nacimiento de San Sebastián como ciudad turística estuvo muy estrechamente vinculado a la introducción de la hidroterapia como sistema curativo de algunas enfermedades. De hecho, los baños terapéuticos se habían iniciado ya en la playa de La Concha con anterioridad a la primera guerra carlista (1833), siendo entonces San Sebastián un lugar muy popular al que acudían numerosas familias principalmente de Madrid. Sin embargo, el hecho de que en 1845 la reina Isabel II eligiera por primera vez la playa de San Sebastián como lugar para tomar los baños de mar aconsejados por sus médicos para la cura de su afección cutánea fue uno de los desencadenantes decisivos para la promoción y el impulso turístico de la ciudad.

A ello debemos añadir además otra serie de factores decisivos. Por una parte la notable mejora de las comunicaciones. Por otra, el hecho de que en el año 1887 la reina regente Mª Cristina eligiera la ciudad de San Sebastián como lugar para su veraneo, el cual se prolongó además prácticamente sin interrupción durante los cuarenta años posteriores. Se fue consolidando así un turismo de alto nivel que no sólo generó una intensa actividad económica, sino que también fue modificando paulatinamente las actividades económicas desarrolladas hasta entonces. Así, la implantación industrial en San Sebastián quedó relegada a un segundo plano por considerarse a la industria como una actividad molesta para una ciudad con vocación turística y terciaria. En su lugar, surgió un comercio diversificado y de lujo, capaz de dar respuesta a las exigencias de la propia burguesía donostiarra y del veraneante de elite, cuyas estancias se prolongaban durante casi tres meses en la ciudad.

Hoteles, restaurantes, balnearios, centros de diversión y espectáculos, tiendas de temporada, grandes fincas y palacetes fueron proliferando año tras año en la ciudad, obligándola a una expansión urbana no prevista inicialmente y a la introducción de toda una serie de mejoras que dieran respuesta a dicho turismo de calidad. La ciudad tuvo que cuidar celosamente no sólo los servicios públicos: pavimentación, alcantarillado, abastecimiento de aguas, alumbrado, saneamiento, etc., sino también su ordenación y configuración urbanística, manteniendo, mejorando y potenciando todos aquellos elementos que realzaran la singular belleza de la misma: parques, plazas, edificaciones públicas, tipología constructiva, etc., en aras de afianzar y sentar las bases definitivas de su calificación como ciudad turística.

Prueba de todo ello son planes urbanísticos como el correspondiente al Ensanche Cortázar, uno de los más inteligentes de la urbanística española y que imprimió además un carácter moderno a la ciudad de San Sebastián y los posteriores Ensanches del Kursaal, Gros, del Antiguo y el segundo Ensanche de Amara, todos ellos necesarios para un crecimiento ordenado y planificado de la ciudad.

Como datos significativos de la afluencia turística en dicha época, podemos hacer mención a los señalados por Rafael Aguirre (1997) para el período 1889-1915. En base a los mismos, las entradas y las estancias medias de veraneantes registradas en dicho período alcanzan cifras respectivas de 154.435 y 880.619, las cuales suponen una afluencia media diaria de 9.570 forasteros y una estancia media de 6 días para los tres meses de verano (julio, agosto y septiembre). Las máximas entradas del período corresponden al año 1917, mientras las mínimas tienen lugar en 1898, debido principalmente a los acontecimientos que motivaron la pérdida de las colonias españolas (Cuba y Filipinas) los cuales crearon una situación de cierta inquietud e inestabilidad general que afectó al turismo.

La estructura socio-profesional de dichos veraneantes donostiarras en base a los datos estimados por M. Gárate y J. Martin (1995) se caracteriza, exceptuando el elevado porcentaje perteneciente a los no clasificados (casi el 50%), por una destacada presencia de la nobleza (25,63%), seguida del grupo constituido por profesionales liberales y funcionarios de la Administración (11,60%) y de la clase política (6,04%), correspondiendo un porcentaje mucho menor a los grupos de industriales-empresarios (0,75%) y de comerciantes (0,31%).

Analizando los datos de los citados autores en relación con el lugar de procedencia de dichos veraneantes y excluyendo el 32,61% correspondiente a Otros Extranjeros y Veraneantes de procedencia desconocida, se constata que la máxima afluencia corresponde a los madrileños, que suponen casi un tercio del total de veraneantes, seguidos de los procedentes de Zaragoza (8,78%), Navarra (5,53%), Bizkaia (4,71%) y Europa (4,23%). El resto de los lugares de procedencia no alcanzan, en ningún caso, porcentajes del 2% para el período 1890-1934.

El elevado estatus social de los visitantes, unido a las fiestas que se ofrecían en los palacetes y villas y a los espectáculos y acontecimientos que tenían lugar en la ciudad (Hipódromo de Lasarte, Concursos Hípicos, regatas de traineras, automovilismo, teatro, Euskal Jaiak, toros, pelota, juego, carnavales, etc.) supuso un importante impacto económico en la ciudad.

La actividad hotelera se vio muy favorecida, surgiendo un importante número de establecimientos hoteleros, como el Hotel de Londres, rebautizado más tarde como Hotel du Palais, que ocupaba la manzana comprendida entre la Avenida de la Libertad y las calles Guetaria, San Marcial y Bergara; el Hotel Continental, en el Paseo de la Concha (1884); el France, Berdejo, Biarritz, Ezcurra, Ursula, Arana e Hispanoamericano , fueron algunas de las denominaciones que ostentaron hoteles -algunos de gran capacidad- ya desaparecidos. Otros, como el María Cristina o el de Londres y de Inglaterra han perdurado hasta nuestros días.

Además, es preciso tener en cuenta todo tipo de alojamientos de menor categoría (fondas, pensiones, hostales, etc.) localizados mayoritariamente en la Parte Vieja, entre ellos: el Parador de Isabel, primer alojamiento de San Sebastián tras su reconstrucción ubicado en la actual Plaza de Sarriegui, Parador Real, Fondas de la Posta, Beraza, Laffite, Sebastopol, etc. A ella se añadía además la actividad hostelera (restaurantes Mallorquina, La Urbana, Bourdette, etc. en la primera época, y Tiburcio, Nicolasa, Bartolo, José Mari, etc. posteriormente, algunos de los cuales existen en la actualidad

Por otro lado, el incremento de establecimientos comerciales, muchos de ellos de lujo y bien permanentes o bien de temporada, dedicados tanto a artículos de consumo (ultramarinos, etc.) como a artículos de vestir (tiendas de ropa, peleterías, sastrerías, corseterías, etc.) y complementos (sombrererías, joyerías, floristerías, etc.). Muchos de dichos negocios eran tan sólo sucursales de verano de empresas madrileñas o parisinas. De hecho la participación extranjera en los negocios estivales de San Sebastián era muy significativa ("Maison Dublanc", "Pierre Foliot", etc.). Frente a ellos, se encontraban otros negocios comerciales, más o menos lujosos, propiciados por hombres de negocios de la ciudad easonense. De dicha época son conocidos establecimientos existentes hoy en día como "Ponsol", "el Andorrano", etc.

Asimismo, la afluencia turística tuvo también un impacto muy significativo en los sectores económicos inmobiliarios, ya que además de las plazas en hoteles, hostales, fondas, pensiones, etc., todas ellas de gran tradición y arraigo en San Sebastián, existía una importante demanda de viviendas de alquiler, muchas de las cuales eran incluso alquiladas durante todo el año, de tal forma que los arrendatarios podían disponer de ellas en cualquier época del año. La gestión inmobiliaria se convirtió así en un negocio tan lucrativo y seguro que generó en torno a ella alzas especulativas (subida continuada de los alquileres en la temporada estival tanto en las viviendas como en los locales, subida de los precios de compra de las viviendas, etc.), de tal forma que la clase media y la clase obrera donostiarra tenían cada vez mayores dificultades para poder adquirir o arrendar viviendas. De hecho, es interesante señalar que fue en esta época cuando surgió la conocida como "Liga de Inquilinos", cuya principal misión era proteger a los arrendatarios y a los compradores de viviendas de los abusos de los arrendadores y de los constructores.

Todas estas actividades contribuyeron a la creación de un importante número de empleos, de tal forma que la población ocupada en el sector terciario en San Sebastián en dicha época en San Sebastián superaba ampliamente la media provincial. A todo lo mencionado debemos la significación que supuso para San Sebastián el juego. En efecto, el Gran Casino, promovido por iniciativa del Ayuntamiento de San Sebastián en virtud de un acuerdo plenario del 27 de octubre de 1875, se convirtió una de las instalaciones turísticas de mayor importancia de la ciudad a partir de 1887. El desarrollo de esta actividad generó no sólo una importante afluencia turística, sino que además favoreció y potenció intensamente la calidad urbana de la ciudad, ya que parte de los beneficios generados con el juego eran destinados a la realización de obras urbanas y de mejora y renovación.

Este apogeo turístico de San Sebastián (La Belle Époque) se mantuvo hasta aproximadamente finales del primer cuarto del s. XX, conociendo su máximo esplendor entre los años 1919 y 1921. De hecho, en el año 1920, San Sebastián fue elegida como sede para la celebración del Consejo de las Naciones. No obstante, aún en esta primera época hubo acontecimientos que afectaron de forma puntual al turismo como fueron las crisis políticas que tuvieron lugar tanto a escala nacional (Segunda Guerra Carlista) como internacional (acontecimientos en Cuba y Filipinas que impidieron que en 1898 la reina Mª Cristina acudiera a su cita habitual con San Sebastián, estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914).

Sin embargo, la supresión del juego en 1924 y la crisis económica mundial de 1929 fueron algunos de los desencadenantes principales de un cierto declive turístico de esta ciudad. En efecto, como consecuencia de dicha crisis económica, la economía española y vasca experimentaron un significativo retroceso entre 1931 y 1936 que afectó de forma importante al turismo. De esta manera, San Sebastián perdió una buena parte de su clientela turística, preferentemente la clase media que, muy afectada por la crisis, prescindió de sus vacaciones. Por otra parte, la alta sociedad, que acudía de forma mayoritaria a la Ciudad atraída, entre otros motivos, por el juego, se fue desplazando de forma paulatina hacia otros lugares en los que poder disfrutar de dicho entretenimiento. El lugar elegido para ello fue preferentemente la costa francesa, aunque buena parte también se desplazaba a Portugal (Cascais y Estoril). No obstante, y a pesar de dichos cambios, San Sebastián acogió en dicha época a nuevos veraneantes de alto nivel económico que, en épocas pasadas, se desplazaban hacia lugares como Asturias, Levante, Andalucía, Cataluña, etc., y que, a puertas de la Guerra Civil eran lugares en los que la conflictividad era más importante que en el País Vasco.

Así, aún a comienzos del verano de 1936 y a pesar de las preocupantes noticias que llegaban de Madrid, podríamos decir que tras la ocupación en septiembre de 1936 por parte de las tropas del general Mola, en San Sebastián existió una cierta normalidad y fue considerada como uno de los lugares de veraneo más seguros y tranquilos, convirtiéndose en refugio de ciudadanos de todas las regiones españolas y acogiendo durante toda la Guerra Civil a una importante población flotante.

Fue el 10 de julio de 1939 cuando por vez primera el General Franco acudió a San Sebastián, tomando a la ciudad como lugar habitual para su veraneo, complementado con estancias en el Pazo de Meirás, en La Coruña, hasta el año 1974. Así, durante toda la dictadura, San Sebastián continuó siendo una de las principales capitales turísticas del Estado.

A ello contribuyó también la Guerra Fría, que supuso que España viera levantado su bloqueo económico por parte de E.E.U.U., hecho que tuvo importantes repercusiones positivas para la economía española. Así, San Sebastián como otras muchas localidades del litoral guipuzcoano y de forma general España experimentó un importante crecimiento turístico, con una intensa afluencia de visitantes extranjeros, atraídos, entre otras razones, por los bajos precios de su hostelería y de su comercio. Como referencia, y en base a los datos de Rafael Aguirre (1997), la clientela turística en los hoteles de San Sebastián suponía en el período 1956-1960 entre un 68 y un 84% de la total de Guipúzcoa, siendo predominante el porcentaje de turistas extranjeros (casi los dos tercios), preferentemente británicos y franceses, frente al turismo nacional que apenas representaba un tercio del total correspondiente a la capital guipuzcoana.

Esta situación se mantuvo a pesar de las circunstancias políticas ya existentes hasta el año 1975, fecha a partir de la cual comenzó un periodo de fuerte recesión del sector, vinculada a la problemática político-social.

San Sebastián entró así en una encrucijada, y aún con gran sorpresa, es preciso reseñar que tal como señala Aguirre (1997) durante dicho período no sólo no se cerró ninguno de los hoteles existentes, sino que se inauguró uno nuevo de 4 estrellas: el hotel Costa Vasca. A ello contribuyó, sin duda alguna, el propio turismo provincial y del País Vasco en general.

La despenalización del juego no tendrá lugar hasta el año 1977. Con objeto de gestionar un nuevo casino en San Sebastián se fundó la Sociedad Nuevo Gran Casino del Kursaal, cuyo capital pertenecía en su totalidad a la Sociedad Inmobiliaria del Gran Kursaal Marítimo de San Sebastián que obtuvo la correspondiente concesión. La apertura al público del nuevo casino tuvo lugar el 10 de junio de 1978 en los salones del Hotel de Londres y de Inglaterra, si bien los cambios sociales, económicos y sociológicos han influido para que la reapertura del casino no supusiera para la Ciudad la repercusión que antaño tuvo. Con posterioridad el casino fue trasladado a un pequeño teatro, reconvertido en multicines, que curiosamente había mantenido siempre la denominación de Pequeño Casino.

En el año 1989 comenzó una lenta recuperación turística. La ciudad continuó apostando a través de múltiples iniciativas e inversiones tanto públicas como privadas por su consolidación como ciudad de arraigo y carisma eminentemente turístico. Así, a partir de la década de 1990 se construyen nuevos hoteles: Aránzazu (****, 1992), Europa (***), Amara Plaza (****, 1993) y otros de menor capacidad como: Anoeta (***, 1992), Eceiza (**), La Galería (***) , Nichol`s (**) (1994), Monte Ulía (*)Palacio de Aiete (****) Zaragoza Plaza (*), etc. También se produce a partir de este momento la integración de los principales hoteles en diversas cadenas hoteleras: Westin y más tarde Starwood Hotels (Hotel María Cristina), Abba (Hotel de Londres),Tryp (Hotel Orly), Mercure (Hotel Monte Igueldo), NH (Hotel Aranzazu), Silken (Hotel Amara Plaza), Barceló (Hotel Costa Vasca), Sercotel (Codina), HUSA (Europa), Occidental (Hotel San Sebastián), Hesperia, etc.

Las cifras de 1994 y 1995 indican cierto resurgimiento del turismo en la ciudad. De hecho, y tras la pequeña crisis de los años 1990-1993, en 1994, se vuelve a constatar un incremento sensible del mismo, el cual, si bien sigue siendo mayoritario en la época veraniega, está presente a lo largo de todo el año. San Sebastián posee en la actualidad el 40% de los alojamientos hoteleros de Guipúzcoa, siendo, por el contrario, muy escaso el porcentaje de alojamientos no hoteleros respecto al total provincial (apenas el 2%): 1 caserío de agroturismo y el camping de Igueldo), si bien éstos suponen casi el 30% de las plazas totales de la ciudad.

En la década de los años 2000 la tendencia continua gracias a la apertura de nuevos establecimientos hoteleros: Palacio de Ayete**** (2002)Hesperia Donostia**** (2005), Villa Soro**** (2004), Punta de Mompas ** (2008), Arrizul* (2008), Astoria 7 **** (2009), Las Habitaciones de Akelarre***** (proximamente), etc.

 

ALOJAMIENTOS HOTELEROS (2009)

 

 SAN SEBASTIÁN

 GUIPÚZCOA

 

 Establecimientos

 Plazas

 Establecimientos

 Plazas

HOTELES

5 estrellas

 2

 302

 1

 260

4 estrellas

 12

 2.368

 16

 2.527

3 estrellas

 5

 333

 21

 2.116

2 estrellas

 6

 507

 13

 1006

1 estrella

 4

 146

 14

 1311

PARADORES

 0

 0

 1

 68

HOSTALES

3 estrellas

 1

 28

 1

 28

2 estrellas

 4

 177

 10

 311

1 estrella

 1

 8

 9

 141

PENSIONES

2 estrellas

 28

 622

 56

 1170

1 estrella

 43

 520

 79

 1192

Sin estrella

 2

 14

 8

 75

FONDAS

 7

 73

 15

 177

CASAS HUÉSPEDES

 11

 90

 37

 364

TOTAL

 124

 5.274

 219

 10.788

HOTELES (2009)

H***** Maria Cristina

H***** Las Habitaciones de Akelarre (próximamente)

H**** Abba Londres Y De Inglaterra

H**** Barcelo-Costa Vasca

H**** Gudamendi

H**** Mercure Monte Igueldo

H**** N.H.-Aranzazu

H**** Palacio De Aiete

H**** Occidental San Sebastian

H**** Silken Amara Plaza

H**** Tryp Orly

H**** Villa Soro

H**** Hesperia Donosti

H**** Astoria 7

H*** Anoeta

H*** Avenida

H*** Codina (Sercotel)

H*** HUSA-Europa

H*** Niza

H** Ezeiza

H** La Galeria

H** Leku-Eder

H** Nicol's

H** Parma

H** Terminus

H** Punta de Mompás

H* Monte Ulía

H* Record

H* Zaragoza Plaza

H* Arrizul

Fuente: Donostiako Udala

ALOJAMIENTOS NO HOTELEROS (2005)

 

 

 SAN SEBASTIÁN

 GUIPÚZCOA

 

 Establecimientos

 Plazas

 Establecimientos

 Plazas

AGROTURISMO

 6

 68

 131

 1307

APARTAMENTOS

 0

 0

 6

 701

CAMPINGS

de 1ª

 1

 748

 2

 2.548

de 2ª

 0

 0

 6

 2.323

de 3ª

 0

 0

 7

 1.626

TOTAL

 7

 816

 152

 8.505

FUENTE: Gobierno Vasco

La mayor afluencia de visitantes corresponde al turismo nacional que representa cerca del 75% del total, siendo predominantes, al igual que épocas pasadas los turistas de Madrid, aunque seguidos de cerca por los de Comunidades Autónomas como Cataluña y el propio País Vasco y, en menor proporción, por Castilla-León, Aragón, Andalucía, etc. El turismo extranjero, presente en menor proporción que en otros tiempos, se centra preferentemente en torno a visitantes de Francia, Gran Bretaña, Alemania, Italia, USA-Canadá, Iberoamérica y en menor proporción Portugal, Benelux y otros países.

Entre los agentes que han colaborado a potenciar el turismo en San Sebastián junto a  las diversas organizaciones (Quincena Musical, Festival de Jazz, etc.), cabe citar, al Convention Bureau (1989) y  al Centro de Atracción y Turismo y a la Sociedad San Sebastián Turismo.

La historia del Centro de Atracción y Turismo (CAT) se inicia con la constitución en 1909 del Sindicato de Iniciativas y Propaganda de San Sebastián. En 1926 fue sustituido por el denominado Centro Municipal de Propaganda e Información, que a los dos años dejaría paso al Centro de Atracción y Turismo. Su reglamento preveía la existencia de un Comité de 28 miembros (9 concejales, 9 vecinos nombrados a propuesta del Alcalde y nueve representantes de diversas entidades, además del Alcalde que ejercería de presidente), también existiría un Comité Ejecutivo formado por un director y seis vocales. Posteriormente se realizaron múltiples cambios en su estructura y funciones. En 1941 el CAT quedó integrado en las Juntas Provinciales de Turismo. Con la llegada de la democracia se organizó paulatinamente hasta tomar forma de organismo autónomo municipal. En el año 2006 cede sus actividades vinculadas con la promoción turística a la Sociedad San Sebastián Turismo, ocupándose a partir de ese momento de las organizaciones de carácter festivo

El Convention Bureau (1988-2006) fue una entidad creada por iniciativa del Ayuntamiento de San Sebastián, la Diputación Foral de Gipuzkoa y la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Gipuzkoa. Llegaron a colaborar con el Convention Bureau 150 empresas privadas del sector servicios. Su finalidad fue la de difundir la imagen de la ciudad y Territorio, y promoverla como lugar de congresos.

En el año 2006 nace San Sebastián Turismo - Donostia Turismoa SA, sociedad privada de capital municipal. En ella se integró el Convention Bureau (comenzando a funcionar como un departamento de la nueva sociedad) y recogió también las acciones de promoción turística llevadas a cabo por el CAT. En la citada sociedad está también representado el sector privado relacionado con el turismo.

La Sociedad de Fomento de San Sebastián

Nace en 1902 de la iniciativa privada con el objeto de construir un hotel de lujo (el María Cristina) y un Teatro (el Victoria Eugenia), que gestionarían hasta su reversión al Ayuntamiento donostiarra en la década de 1980. La Sociedad pasará en ese momento a ser municipal y con el tiempo añadirá a sus actividades la organización del Festival de Jazz y la gestión del Hipódromo de Zubieta. A partir del año 2004 se incorpora a la Sociedad la Dirección Municipal de Desarrollo Económico, Empleo, Comercio y Nuevas Tecnologías, quedando integrada en la Sociedad la mayor parte de la actividad municipal vinculada con la promoción económica.

 


Geografía e Historia de Donostia-San Sebastián / Juan Antonio Sáez García, Javier Gómez Piñeiro... et al

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